Juanjo Puigcorbé nació en
Barcelona en 1955. Su carrera empezó en el teatro y poco después le llegaron los primeros papeles en cine. L’Orgía, Ho sap el ministre?, Mi general, La vaquilla, Salsa rosa, Fassman o El retorno forman parte de su filmografía. A esos títulos debemos sumar Hay que deshacer la casa, La vida alegre, Amantes o Airbag, producciones que hicieron de Juanjo Puigcorbé uno de los actores más reconocidos de su generación.La televisión amplificó su notoriedad con series como Villarriba y Villabajo y Pepe Carvalho, que le valieron el Fotogramas de Plata a Mejor Actor de Televisión, además del premio de la Unión de Actores por su trabajo en la primera de las dos citadas producciones. Su paso por Amar en tiempos revueltos, interpretando a Domingo Vallejo, lo convirtió en un habitual de los hogares españoles y marcó una etapa intensa para él en la ficción diaria. El actor ha dedicado estos últimos años a dar vida a Pedro Carpena en Sueños de libertad, un personaje que lo mantiene en primera línea.Hoy descubrimos su vida desde una perspectiva mucho menos visible: las horas al volante, los trayectos hacia un rodaje, los regresos a casa después de un estreno y esos viajes que han marcado su vida a nivel personal.El actor Juanjo Puigcorbé, en
Grecia, en una foto de su álbum personalCedidaJuanjo, ¿recuerdas el primer coche que condujiste y la sensación física que te produjo el coger el volante?Fue un 600 de mi hermana. Justo después de sacarme el carnet, tuve que circular por las calles más estrechas del centro de
Barcelona. Pensaba que no pasaría. Recuerdo bien lo que me costaba circular por la plaza Francesc Macià, que en aquella época se llamaba Calvo Sotelo, así como las bajadas que llevaban hacia la calle Riera Alta, que eran un poco peligrosas. Hice bastantes kilómetros con el 600, incluso llegué hasta
Berga.¿Te enseñaron a conducir en casa o aprendiste por tu cuenta?Aprendí en la autoescuela de
Montjuïc. Aprobé la teórica a la segunda, pero me saqué la práctica a la primera.¿Has viajado mucho en coche?Durante una época viví en una masía a unos sesenta kilómetros de
Barcelona, por lo que utilizaba el coche muchísimo. Primero tuve un
Opel Kadett y después un
Toyota 4Runner. Con los dos hice cientos y cientos de kilómetros. Con el Kadett, o quizá era otro -no lo recuerdo exactamente-, di la vuelta a la península ibérica por las carreteras de la costa con mi pareja de entonces. Fue una ruta de unos tres mil quinientos kilómetros que completamos en aproximadamente un mes. Como anécdota, cuando llegamos a Málaga, aparcamos en el paseo marítimo, salí del coche y la primera persona que me encontré fue Pepa Flores con su hermana y sus dos hijas. Lo curioso es que dos o tres meses después estaba haciendo Mariana Pineda con ella.La conducción acaba siendo una extensión de tu carácter; si estás furioso, puedes conducir alterado, y eso es peligroso, por lo que hay que controlarseJuanjo PuigcorbéActorCuando eras más joven y empezaban a llegar los primeros papeles, ¿conducías pensando en el personaje que estabas preparando?Conducir no solo sirve para pensar, también para escuchar. Y a mí me gusta la música. El vehículo es un buen lugar para disfrutarla, porque en otros momentos del día normalmente estás trabajando y no puedes.Has interpretado a hombres con poder y hombres derrotados. ¿Tu manera de conducir cambia según el momento vital en el que estés?Sí. Cuando dominas la conducción, acaba siendo una extensión de ti mismo, de tu carácter. Si estás furioso, puedes conducir alterado, y eso es peligroso, así que hay que controlarse. La conducción es una mecánica que ya tienes dominada y, de alguna manera, sigue los parámetros de tu código de conducta en ese momento. Por eso hay que tener cuidado con no dejarse llevar, sobre todo porque antes era más permisivo el alcohol y eso resultaba muy peligroso para mucha gente que conducía bajo sus efectos o bajo el de las drogas y acababa dejándose llevar por una especie de fantasía.Juanjo Puigcorbé en una imagen de la serie 'Pepe Carvalho'CedidaComo actor, has tenido chóferes de producción y cogido cientos de taxis… ¿Qué charla con uno de ellos no olvidarás?Si es alguien que te acompaña a menudo, por ejemplo, durante una serie -me pasó en Nissaga de poder, que estuve dos años y tenía siempre al mismo conductor-, acabas hablando de todo, porque casi se convierte en alguien de la familia. En cambio, en un taxi la conversación suele ser más de presentación: “A usted lo he visto en tal sitio”, “usted es tal actor…”. Van explicando dónde te han visto, quién eres o te piden que les firmes algo. Con los chóferes habituales, en cambio, las conversaciones suelen girar alrededor del propio rodaje, de cómo está yendo o de cosas más personales. Además, a veces coincides con alguno que el día anterior ha llevado a otro actor internacional y te cuentan historias curiosas. Eso siempre es divertido.¿Ahora tienes coche, Juanjo?No, el último se lo regalé a mi hija. Vivo en el centro de la ciudad, ahora en Madrid y antes en el centro de
Barcelona, y en esta profesión, cuando estás trabajando, siempre te vienen a buscar y te llevan al rodaje. Es una medida de las productoras para evitar excusas con el tráfico: tienes que estar puntual cuando pasan a recogerte, a las cinco y media o a las seis de la mañana, y te devuelven a casa hacia las siete de la tarde. Así que el coche se queda en el garaje, que es lo que me pasaba, y tienes que arrancarlo de vez en cuando para que no se muera la batería. Al final, pagas para tener algo que no utilizas. Cuando necesitas viajar, lo haces en tren, en avión o alquilando un coche, así que viviendo en una ciudad y trabajando en esta profesión, el coche acaba siendo absolutamente superfluo.Las productoras te ponen un coche con chófer para ir y volver del rodaje porque así evitan que llegues tarde y pongas la excusa del tráficoJuanjo PuigcorbéActor¿Se te dan bien las escenas de conducción?Sí, aunque en las escenas de conducción estás mucho más pendiente de lo que tienes que hacer como actor que de conducir en sí. Si se rueda con dos o tres cámaras a la vez, que es lo que se llama un camera car, no ves nada directamente y el vehículo lo lleva otro. Pero si te dejan visibilidad para conducir, tienes que estar muy atento, porque cuando la escena sale bien, luego hay que repetirla con otras posiciones de cámara, los planos inversos, y tienes que hacer exactamente lo mismo: los mismos gestos, en el mismo momento y en el mismo lugar. Así que acabas concentrado en todo lo que haces tú y en cómo responde el otro actor, mientras la conducción queda como un telón de fondo automático, algo que ya tienes aprendido y casi dormido.Recuerdo una escena así en Bala perdida: tenías que acercar el coche hasta tocar al otro vehículo. Ahí ya no solo conduces de forma automática, también tienes que ejecutar una acción muy precisa, y entonces todo se complica un poco más. Pero cuando pones todos los sentidos en ese momento, al final sale.Ana Labordeta, Fernando Fernán Gómez, Rosa María Sardà, Fernando Rey, Penélope Cruz, Alfred Lucchetti, Lola Herrera, Joan Borràs, Marisa Paredes… Y podemos seguir durante horas… ¿Conservas buenos recuerdos viajando con ellas y ellos?Pues sí. Hace poco hicimos unas jornadas sobre La vaquilla con José Luis Berlanga, el hijo de Berlanga, en las que recordábamos lo que había sido aquel rodaje. Estuvimos tres meses grabando en un mismo lugar con actores como Agustín González, Adolfo Marsillach, Alfredo Landa, José Sacristán… y cada noche cenábamos juntos. Cuando pasas tres meses así, acabas estableciendo una amistad. Algo parecido ocurre cuando haces series largas como Goya o Mariana Pineda, que duran ocho meses o más. Al final aprendes que los profesionales de este oficio somos una familia, sin duda, más allá de que a uno le vaya mejor o peor. .Juanjo Puigcorbé, en la película 'Un paraguas para tres' (1992)CedidaLo que está claro es que tu trabajo te ha llevado a viajar…La profesión me ha permitido viajar muchísimo, y no solo físicamente, también a través de los compañeros con los que trabajas. Hay rodajes que duran poco, una semana quizá, y la relación es más superficial, pero cuando pasas meses en un mismo sitio, todo cambia. Recuerdo, por ejemplo, el mes y medio que estuvimos en Bulgaria rodando Los de enfrente. Yo era el protagonista y uno de los actores era Ben Gazzara. En ese tiempo nos hicimos muy amigos; de alguna manera me apadrinó y me iba contando historias de su carrera, de lo que había hecho en América, de películas como Casablanca. Algo parecido me ha pasado en otras producciones que se han rodado en distintos países, en Francia, en Italia o en muchos otros lugares. A eso se suman los festivales de cine, a los que he ido como invitado o porque una película estaba nominada o premiada. He viajado bastante, aunque todavía me quedan zonas importantes por conocer, como parte de Asia o el centro y el sur de África.¿Cuál fue el primer viaje de infancia que recuerdas con mayor nitidez?Mallorca. Me acuerdo muy bien del fuerte viento que hacía en Portocolom. También recuerdo viajar con mi madre cuando tenía seis o siete años hacia Silos, Carrión de los Condes y Covarrubias, por esa zona de Castilla cerca de Burgos. Mi madre era secretaria general de una empresa que trabajaba con maderas y tuvo que ir allí por trabajo, así que la acompañé. Yo era muy pequeño, pero ese viaje se me quedó grabado. Después ya vinieron Francia y otros lugares de
España. Si hablamos del viaje más lejano, entonces sería Australia. Fuimos porque mi compañera estaba nominada a un premio allí tras rodar una película, y además mi hija ha vivido ocho años en Perth, así que también tenemos un vínculo con ese lugar. Otro viaje que recuerdo mucho fue a Kenia, cuando yo tenía veintiocho años y era un destino muy exótico. Con el tiempo, se ha convertido en un destino bastante habitual para los españoles.Tuve miedo en un vuelo a Tierra del Fuego (Argentina); había muchas turbulencias y lo que me preocupaba era mi hija, que iba conmigoJuanjo PuigcorbéActorDe todos tus viajes, ¿cuál te ha impactado más?Yo diría que Argentina, porque es un país con unos contrastes naturales impresionantes. Puedes estar en Tierra del Fuego, que es la zona más austral, muy cerca de la Antártida, y pasar después al Perito Moreno con esos glaciares enormes que se rompen. Luego tienes Iguazú, en el norte, en la frontera con Brasil, con unas cataratas absolutamente espectaculares. En el medio está también la península Valdés, donde ves las ballenas. Todo eso hace que Argentina, y también Brasil -aunque conozco más la parte sur-, funcionen casi como un subcontinente con una naturaleza brutal. En cuanto a ciudades, la que más me sorprendió fue Chicago. La primera vez que estuve allí me fascinó, sobre todo por la arquitectura, que es extraordinaria; es como si estuvieras en una especie de Babilonia moderna. Otra ciudad que impresiona muchísimo es Ciudad de México. Cuando llegas en avión, puedes pasar veinte minutos viendo casas a un lado y al otro, y piensas que eso no puede ser posible. Es una megalópolis absoluta y verla desde el aire impacta muchísimo.¿Recuerdas un viaje en avión en el que sintieras que tu vida estaba cambiando?Precisamente el que hice con mi hija cuando era muy pequeña a Tierra del Fuego. Era septiembre u octubre y todo estaba helado, completamente blanco. Para llegar hay que pasar por el estrecho de Magallanes, donde las corrientes de aire y de agua son muy fuertes, y el avión se movía muchísimo. Además, la pista era muy pequeña y veía a todo el mundo mirándose con una cara de auténtico terror. Fue la primera vez que sentí un poco de miedo en un avión. Normalmente no me pasa, porque siempre he pensado, como decía Juan Diego, que comentaba que no entiende cómo un autobús puede levantarse del suelo. A mí volar nunca me ha dado miedo, pero en aquel momento sí pensé que, si ocurría algo, lo que me preocupaba era mi hija, que iba conmigo. Lo pasé más por ella que por mí. De todos modos, duró apenas un instante, hasta que aterrizamos. Después ampliaron esa pista, porque en aquel momento era realmente muy pequeña.El actor Juanjo Puigcorbé, en la Patagonia con su hijaCedida¿Qué anécdotas has vivido en un tren?Recuerdo sobre todo los trenes de mi infancia, cuando viajaba con mis abuelos. Tenían parientes muy lejanos que habían nacido en Valderrobres, en Aragón, y querían ir a visitarlos. Eran aquellos trenes de carbón, con muchísimos túneles. La carbonilla era toda una experiencia. Curiosamente, lo explica muy bien también Terenci Moix en su autobiografía, en el primer libro que se llamaba El peso de la paja. Cuenta precisamente ese trayecto por la zona de Valderrobres, Cañete o Alcorisa, con aquellos trenes de carbonilla. Yo lo recuerdo igual, como si fuera el siglo XIX, aunque en realidad era pleno siglo XX. Había que bajar las ventanas porque hacía mucho calor y volver a subirlas cuando entrábamos en los túneles, porque si no, todo el humo del carbón se metía dentro del vagón. Así todo el rato: bajarlas, subirlas, bajarlas otra vez. Incluso hubo gente que acabó teniendo problemas respiratorios por aquello.Durante los años de mayor exposición mediática, ¿viajar es más o menos agradecido?Yo creo que viajar siempre es un placer. ¿Qué puede haber más interesante que conocer un sitio nuevo? No creo que haya nada que lo supere. Cuando haces bolos y te quedas dos o tres días en una ciudad, puedes pasear, ver una catedral, recorrer el pueblo, descubrir dónde comer bien... Y al final piensas: ¿quién te quita todo eso? Incluso cuando no puedes viajar lejos, siempre puedes hacerlo dentro de tu propia ciudad. Basta con cambiar el recorrido, caminar por calles distintas, explorar barrios nuevos. Puedes viajar dentro de tu barrio, dentro de tu ciudad o hasta Australia, que está en la otra punta del mundo. Todo depende de la curiosidad. Muchas veces la gente dice que no se mueve, pero ni siquiera conoce todos los parques de su ciudad. Vete a un parque, llévate un libro, siéntate un rato, descubre un sitio nuevo, toma un café en otro lugar. La vida hay que aprovecharla.He tenido la suerte de rodar en lugares muy distintos, pero creo que el viaje de mi vida todavía está por hacerJuanjo PuigcorbéActor¿Eres más de viajes improvisados o de planificarlo todo al detalle?Si el viaje es lejos, prefiero planificarlo, porque si no acaba saliendo muy caro. El último que hicimos, por ejemplo, fue a Dubrovnik, pasando también por Herzegovina y Montenegro, y lo fui mirando con calma: un día aquí, otro allí. Hoy es muy fácil hacerlo con un ordenador, con Google Maps y todo eso, para decidir dónde quieres parar o cuánto tiempo quedarte en cada sitio. En cambio, en los recorridos por una ciudad, prefiero improvisar. Tener un destino final, sí, pero ir por caminos distintos. Eso me pasaba mucho en
Barcelona cuando vivíamos allí: caminabas por calles diferentes y descubrías que una tienda había desaparecido, que habían abierto otra nueva o que había un bar que no conocías. Siempre vas encontrando cosas nuevas, tiendas, lugares. En realidad, es algo inagotable. La gente que se aburre es porque quiere aburrirse.Hasta hoy, ¿cuál ha sido el viaje de tu vida?Yo creo que el viaje de mi vida todavía está por hacer. Siempre que he ido a algún sitio he intentado aprovechar mucho la estancia. Si ruedas en un país extranjero y tienes la posibilidad de quedarte unos días más, no volver al día siguiente, lo ideal es hacerlo. Poder quedarte quince o veinte días para recorrer el país que acabas de descubrir cambia completamente la experiencia. Si te lo puedes permitir, hazlo. He tenido la suerte de rodar en lugares muy distintos y después quedarme un tiempo para completar ese viaje, pero aun así todavía me quedan destinos importantes por conocer.El actor en una imagen tomada en Mostar, en Bosnia-Herzegovina CedidaJuanjo, ¿qué ciudad ha sido más dura para ti?Ciudad de México es dura. Es una megalópolis absoluta. Nosotros rodábamos sobre todo por el centro y, si tenía un par de horas entre escena y escena, a veces me iba a dar una vuelta por la zona. El equipo, que era francés y mexicano, me decía: “¿Pero estás loco?, ¿cómo vas por ahí solo?”. En aquel momento el centro podía ser peligroso. También impresionaban mucho las distancias dentro de la propia ciudad: moverte entre la Zona Rosa, Polanco o Coyoacán podía significar recorrer cincuenta o sesenta kilómetros sin salir de Ciudad de México. Incluso nos recomendaban no detenernos en ciertos semáforos por seguridad. De hecho, durante aquel rodaje algunos miembros del equipo tuvieron problemas: hubo operarios que sufrieron navajazos y otros que acabaron intoxicados. Rodamos también en el estado de Guerrero, en Tabasco, en Chiapas, en Oaxaca… y en determinados momentos México imponía bastante respeto.¿Con qué personaje, esté vivo o no, te irías de viaje?Con mi compañera, por supuesto, porque un viaje así hay que hacerlo con la persona que quieres. Pero si hablamos de ese tipo de viaje más de conversación, como el Viaje a la Alcarria, caminando y hablando mientras recorres un lugar, entonces me gustaría hacerlo con alguien como Fernando Fernán Gómez. Sería maravilloso pasear por cualquier sitio, por Malasaña o por donde fuera; no tiene por qué ser un viaje fuera de la ciudad, puede ser perfectamente dentro de ella. Lo importante es caminar y conversar. Algo parecido a lo que hacía Josep Pla cuando recorría sus paisajes o a esas rutas por Mallorca que describía Baltasar Porcel. En ese sentido, alguien así sería un compañero ideal para pasear por el Rastro o por cualquier rincón de Madrid y dejar que la conversación vaya saliendo.Lee tambiénMe despido de Juanjo con la sensación de que lo importante no son las películas que ha hecho, sino todo lo que ha atravesado para llegar hasta ahí. Habla de coches, de trenes, de madrugadas en carretera sin convertirlo en literatura, como quien recuerda etapas concretas de su vida. En esos desplazamientos están los años de aprendizaje, los rodajes de La vaquilla o Amantes, la intensidad de Domingo Vallejo en Amar en tiempos revueltos y la constancia diaria que exige Pedro Carpena en Sueños de libertad. Nada suena épico en su historia, pero todo pesa. Quizá su biografía no esté en los premios ni en los titulares, sino en la suma de kilómetros que lo han llevado de un personaje a otro sin perder jamás quién es cuando se apaga el motor.