Las redes sociales son un hervidero de mitos relacionados con la nutrición. Algunos son divertidos, otros absurdos y la mayoría rocambolescos, aunque, por la razón que sea, siempre encuentran en internet un público fiel. Hace solamente unos días,
Cal Newport, profesor de Informática en la
Universidad de Georgetown (EE.UU.) y autor del libro Enfócate (Paidós), escribió un artículo en The
New York Times en el que planteó “adoptar una postura tan firme con los contenidos digitales ultraprocesados de TikTok o Instagram, como la que ya adoptamos contra los alimentos ultraprocesados”.La proliferación de informaciones virales falsas, con miles de likes en X, Instagram o Facebook, que sostienen, por ejemplo, que el
Reino Unido ha prohibido los perros en los barrios de mayoría musulmana, encuentran en la nutrición un terreno abonado. Para contrarrestarlo, han surgido plataformas independientes de verificación de datos (ver recuadro anexo) para desmentir los bulos que lanza la propia inteligencia artificial o personas que presumen de estar en el ajo. He aquí algunos de los últimos mitos desmentidos por plataformas como
Maldita.es,
Newtral o
Verificat: no hay ninguna “nueva ley” que obligue a los europeos a comer insectos; no hay evidencia científica de que tomar café con limón sirva para perder peso; no hay ninguna prueba de que las grasas animales alarguen la vida; no hay evidencia de que algún “superalimento” pueda proporcionar una “supersalud”; es completamente falso que se pueda combatir el cáncer con alimentos concretos; las dietas détox ni curan ni previenen ningún tipo de enfermedad; las semillas de chía no tienen un efecto directo en la reducción del peso corporal y así hasta un largo etcétera.Lee tambiénBol con semillas de chíaEvgeny GostuhinAlgunos de estos mitos son nuevos, pero la mayoría tiene años de historia, pese a resucitar cada cierto tiempo. Es el caso del mito que afirma que es posible comer un alimento caído al suelo si no han trascurrido todavía cinco segundos. Este mito circula por
España, al menos, desde marzo de 2006, cuando
Gaceta Universitaria publicó un artículo sobre los Premios IG Nobel (en inglés, IG Noble se pronuncia igual que ignoble, que significa “innoble”). Aquel artículo señalaba: “Si estás comiendo y, por accidente, se te cae un trozo de pan al suelo, no te preocupes. ¡Puedes volverlo a comer! Eso sí, ¡date prisa porque no puede permanecer en el suelo más de cinco segundos! Además, está científicamente demostrado que no te va a sentar mal. Y es que toda esta teoría ha sido respaldada por un grupo de investigadores de Chicago”, señalaba este viejo bulo.Los alimentos secos, como las galletas o el pan, se contaminan menos fácilmente que los alimentos húmedos y pegajososSin embargo, como explicaba ya en el año 2013 Xavier Roig, por entonces profesor de Higiene de los Alimentos en la Universitat Autònoma de Barcelona, en el libro Comer o no Comer. Falsedades y mitos de la alimentación (Planeta), se trata de una regla sin ningún tipo de validez científica. “Cuando cae accidentalmente un alimento al suelo, lo realmente importante –argumentaba Roig hace ya más de trece años– no es el tiempo que transcurre, sino el tipo de alimento y la superficie donde cae”. Por ejemplo, “no es lo mismo que caiga al suelo una galleta que un trozo de carne. Y tampoco que aterrice en un azulejo más o menos limpio que en otro manifiestamente sucio”, añadía este experto.Comida derramada en un sueloGetty ImagesEs decir, lo que realmente importa no es que el alimento caído al suelo pueda ser recogido en menos de cinco segundos, sino la naturaleza del alimento y del suelo (su grado de limpieza). En concreto, los alimentos secos (como las galletas o el pan), se contaminan menos fácilmente que los alimentos húmedos y pegajosos (como la carne o el pescado), básicamente por la facilidad con la que los gérmenes quedan adheridos.Como apuntaba el desmentido que realizó la plataforma
Verificat en el año 2023 de este antiguo mito, citando al pediatra de la Universidad de Indiana Aaron E. Carroll, las posibilidades de caer enfermo por comerse un alimento caído al suelo son relativamente bajas desde el punto de vista estadístico.Ahora bien, en el supuesto de existir bacterias en la superficie en cuestión, el alimento se puede contaminar inmediatamente, “indistintamente de que el tiempo transcurrido sean tres, cinco o siete segundos”, según ponía de relieve la dietista-nutricionista Alma Palau en el desmentido que realizó para
Maldita.es en el año 2020. En el citado artículo, el dietista-nutricionista Daniel Ursúa citaba un estudio científico en donde los investigadores procedieron a contaminar diversas superficies con salmonela y comprobaron que cinco segundos era tiempo más que suficiente para que dos alimentos, el pan y las salchichas, se contaminasen sin remisión. Es decir, el factor determinante es la carga bacteriana de la superficie en cuestión, más que el tiempo transcurrido.En general, es posible comer un alimento caído al suelo siempre que se pueda lavar. Por ejemplo, si cae al suelo un trozo de fruta o un trozo de pescado crudo, es posible comerlo si antes se lava bien. En cambio, si lo que cae es un trozo de cordero asado, lo mejor es tirarlo a la basura, aunque sea cierto que algunas superficies como el teléfono móvil o los interruptores de la luz suelan contener mucha más carga bacteriana que el propio suelo de la cocina.La nueva frontera contra la desinformación nutricional: el fact checkingConforme las redes sociales han diluido los límites entre información, opinión y publicidad encubierta, han aparecido plataformas como
Maldita.es,
Newtral o
Verificat para poner algo de orden en el actual caos informativo. En el momento presente, la International Fact-Checking, creada en 2015, agrupa a 170 organizaciones que verifican los hechos de manera independiente en 80 países. Los expertos coinciden en que la desinformación nutricional se propaga muy bien porque simplifica problemas complejos, apela a emociones (miedo, control del cuerpo, etcétera) y cuenta con incentivos comerciales para hacer parecer como “científica” informaciones que en realidad persiguen obtener un beneficio económico. El punto de partida de esta tendencia fue EE.UU. Una de las plataformas pioneras fue Snopes, fundada en 1994 por David Mikkelson y Barbara Mikkelson con el propósito inicial de validar leyendas urbanas, rumores y otras historias de procedencia incierta de la cultura popular. Más tarde surgieron FactCheck.org (año 2003), PoliFact y The Washington Post Fact Checker (2007). Por su parte, la European Fact-Checking Standards Network, creada en el año 2023, anima a colaborar entre sí a los distintas plataformas verificadoras, como la británica Full Fact, la francesa Les Décodeurs o la alemana Correctiv. También en Sudamérica han aparecido iniciativas similares, como Chequeado (Argentina) o Colombiacheck. El objetivo común de todas estas plataformas es que las informaciones falsas no campen a sus anchas y acaben “merendándose” al conocimiento científico existente sobre las materias que abordan los bulos.