La vivienda vuelve a ocupar un lugar central en las decisiones de inversión, pero no por las mismas razones en todo el mercado. En
España, el encarecimiento del precio de la vivienda, el aumento de las compraventas y la percepción de que el inmueble sigue siendo un activo tangible y comprensible han reforzado su papel como refugio patrimonial. En paralelo, la regulación del alquiler y la inseguridad jurídica denunciada por parte del sector han abierto una brecha cada vez más visible entre el atractivo general del ladrillo y el caso específico del residencial en
Catalunya.En el cuarto trimestre de
2025, el precio de la vivienda subió un 12,9% interanual en
España, según el
INE, y
Catalunya registró un alza del 10,9%. A la vez, la compraventa de viviendas aumentó un 11,5% en el conjunto de
2025, hasta 714.237 operaciones inscritas. El
Banco de España viene advirtiendo, además, de que el crecimiento de la oferta de vivienda sigue por debajo del avance de la demanda residencial y de que persisten fricciones que limitan la nueva oferta.Ese contexto ayuda a explicar por qué el ladrillo vuelve a ganar peso en muchas carteras, aunque no todos los expertos leen el fenómeno del mismo modo. Pilar Tomé, de
Vilches Abogados, resume el factor psicológico que sostiene esa vuelta: “La vivienda sigue viéndose como un activo tangible y eso da mucha tranquilidad al inversor”. A su juicio, en
España “sigue muy presente la idea de que el ladrillo es una inversión más segura y más fácil de comprender”, una percepción que se ha reforzado con la subida de precios y con “el miedo a quedarse fuera”.Un refugio que se apoya en precio, escasez y ahorro defensivoLa tesis de Tomé parte de una idea sencilla: cuando los mercados transmiten volatilidad y el inversor medio busca certidumbre, el inmueble mantiene una ventaja cultural frente a otros activos. “Hoy en día no hay un único perfil de inversor, sino varios muy diferenciados”, explica. Aún persiste, dice, “el inversor tradicional nacional, que compra una vivienda para alquilarla y obtener unos ingresos estables, o como forma de ahorro a largo plazo”, pero también están entrando ahorradores que prefieren vivienda “antes que dejar el dinero parado o asumir riesgos en otros productos financieros”.Los datos del mercado encajan con esa lectura. El fuerte encarecimiento de la vivienda durante
2025, unido a una oferta que no crece al mismo ritmo que la demanda, ha reforzado la expectativa de revalorización del activo. El
Banco de España señaló en su Informe Anual que en 2024 la oferta de vivienda nueva siguió siendo inferior al auge de la demanda residencial, y en marzo de 2026 insistió en que las viviendas terminadas en
2025 quedaron por debajo de las iniciadas dos años antes, una señal de que las restricciones de oferta persisten.Tomé añade otro elemento: la diversificación de estrategias. “Además, han aparecido perfiles más activos, que buscan oportunidades, reforman viviendas y tratan de obtener una mayor rentabilidad, casi con una mentalidad más profesional”. En su diagnóstico, la constante entre todos ellos es clara: “Una característica común de todos los perfiles es la búsqueda de rentabilidad y estabilidad”.El dinero no entra igual en todo el “ladrillo”La otra cara de esa narrativa la aporta Òscar Gorgues, gerente de la Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona, que introduce una distinción decisiva entre segmentos. “Depende del tipo de ‘ladrillo’”, advierte. “Si nos centramos en
Catalunya y hablamos del mercado de oficinas, locales o logística, sí hay inversión. Pero si hablamos del residencial, no”.Su tesis es que el atractivo del ladrillo no puede analizarse hoy como una categoría única. “La inversión que se mantiene es la del sector no residencial: centros logísticos, centros de datos, oficinas o activos industriales”, sostiene. “Fuera del ámbito residencial sí hay oportunidades”. En cambio, su balance sobre la vivienda en alquiler en
Catalunya es frontal: “La vivienda residencial ha dejado de ser una inversión segura en
Catalunya desde el momento en que empezó a regularse de forma intensa”. Y va más allá: “El mercado de la vivienda en alquiler prácticamente ha dejado de funcionar. Hoy en día ya no hay oferta suficiente”.La inversión inmobiliaria se concentra en activos como oficinas o logística, mientras el residencial pierde atractivo en algunos mercados. Àlex GarciaEse matiz es importante porque evita una lectura simplista del mercado. Que la vivienda haya recuperado peso como activo de inversión no significa que cualquier modalidad residencial resulte igualmente atractiva. En
España, el tirón del precio y la falta de oferta sostienen el interés; en
Catalunya, la regulación ha alterado de forma visible la ecuación de rentabilidad y riesgo, al menos para una parte del sector. La Ley 12/2023 por el derecho a la vivienda introdujo el mecanismo de zonas de mercado residencial tensionado y la posibilidad de limitar rentas en determinados supuestos; en marzo de 2024 el BOE publicó la relación de zonas tensionadas declaradas por
Catalunya y la aplicación del sistema estatal de índices de referencia en esos ámbitos.
Catalunya: regulación, rentabilidad y salida de inversoresGorgues vincula directamente esa regulación con la retirada de capital del alquiler residencial. “Invertir en vivienda en
Catalunya hoy implica hacerlo bajo una legislación que prácticamente trata al propietario como un delincuente. Es inviable”, afirma. “No hay seguridad jurídica ni económica, la fiscalidad es más alta y, en consecuencia, no existe ningún incentivo real para invertir”.Su argumento se apoya en varios cambios normativos. Por un lado, el nuevo marco estatal y autonómico permite limitar la renta en zonas tensionadas. Por otro, desde el 1 de enero de
2025 la actualización anual de los contratos de alquiler ya no se referencia al IPC, sino al nuevo Índice de Referencia de Arrendamientos de Vivienda, el IRAV, definido por el
INE como límite para evitar incrementos “desproporcionados”; el último dato publicado, correspondiente a febrero de 2026, fue del 2,16%. En
Catalunya, además, el Decreto-ley 6/2024 tipificó como infracción repercutir al arrendatario los gastos de gestión inmobiliaria y de formalización del contrato, entre otras conductas ligadas al régimen de contención.Es precisamente sobre ese punto donde Gorgues concentra su crítica. “Además, se han introducido medidas como la limitación de precios, la imposibilidad de aplicar el IPC en las revisiones o de repercutir ciertos costes al inquilino. Todo ello impide al inversor controlar su rentabilidad”. Y añade: “El precio del alquiler queda determinado por índices administrativos, lo que sitúa al inversor fuera de un mercado libre. Así, es imposible operar con normalidad”.Aquí conviene distinguir entre hecho y valoración. Es un hecho que existe un marco legal que habilita topes y referencias administrativas en zonas tensionadas. Es una valoración de Gorgues sostener que ese marco convierte la inversión residencial en “suicida” o que equipara al propietario con un “delincuente”. Pero su diagnóstico refleja con claridad el malestar de una parte del sector: “Cuando el propietario pierde la capacidad de recuperar su inmueble en caso de impago, se rompe la regla básica del mercado del alquiler. En ese momento, la inversión deja de tener sentido”.El lujo y el inversor extranjero sostienen otra parte del mercadoDonde ambos enfoques convergen parcialmente es en que no toda la demanda inversora responde al mismo patrón. Tomé subraya que, junto al pequeño ahorrador o al comprador para alquilar, “es importante destacar el segmento de vivienda de lujo, donde el perfil cambia claramente: aquí predominan los inversores extranjeros”. No buscan siempre retorno inmediato, dice, sino “ubicaciones consolidadas, estabilidad jurídica y calidad de vida”.Los registradores apuntan en esa dirección. En 2024, el 14,6% de las compras de vivienda en
España fueron realizadas por extranjeros, cerca del máximo histórico, y en
Catalunya ese porcentaje alcanzó el 16,3%. Además, el 10,8% de las compras de vivienda de extranjeros superó los 500.000 euros, también en máximos de la serie histórica.Tomé cree que ese flujo internacional refuerza la idea de
España como destino seguro para cierto capital patrimonial. “
España, y en particular determinadas ciudades y zonas costeras, se percibe como un destino seguro y atractivo para este tipo de inversión”, afirma. No obstante, evita vender una imagen idílica: “Aunque la vivienda se perciba como una inversión segura, no está exenta de riesgos”.Un activo refugio, sí; una inversión sin riesgo, noAhí aparece el punto de mayor prudencia de la pieza. La vivienda gana atractivo porque combina tangibilidad, expectativa de revalorización y una oferta escasa, pero eso no elimina el riesgo regulatorio, financiero y operativo. Tomé cita “la incertidumbre regulatoria” como uno de los principales factores a vigilar, junto con “la subida de los tipos de interés, que encarece la financiación” y cuestiones prácticas como “posibles impagos o incidencias con inquilinos”. Aunque el BCE ha rebajado claramente los tipos frente a los máximos del ciclo, en su reunión del 19 de marzo de 2026 mantuvo la facilidad de depósito en el 2%, un nivel todavía relevante para el coste de financiación de nuevas operaciones.Su conclusión es más matizada que la de Gorgues, pero no complaciente: “En definitiva, es una inversión sólida, pero que conviene analizar bien y con una visión a medio y largo plazo”.Un refugio con maticesLa vivienda vuelve a funcionar como activo refugio para una parte creciente de inversores porque el mercado sigue enviando señales de escasez, precios al alza y resistencia patrimonial. Pero el regreso al ladrillo no es uniforme ni automático. El atractivo del inmueble depende del segmento, del horizonte temporal y, cada vez más, del entorno regulatorio. En ese cruce de factores, la fotografía que emerge es doble: en
España, el residencial conserva tirón como refugio de ahorro; en
Catalunya, en cambio, buena parte del sector sostiene que el alquiler regulado ha dejado de ser una apuesta atractiva. Entre una visión y otra, lo único indiscutible es que la vivienda ha vuelto al centro de la conversación económica.