Estábamos a punto de bajar al andén del metro de
Diagonal y un señor con pelo y barba blanca, a lo
Miguel Ángel Rodríguez en el juicio al ex fiscal general del Estado, me interpeló. Sin mediar palabra, me llamó “capullo”. Un insulto tan vintage denotaba que el señor tenía nostalgia de tiempos pasados. Era un sábado, a las diez de la mañana. No nos conocemos tanto y es muy temprano, ¿es a mí? Sí. ¿Pero por qué? Porque sí, porque tienes cara de capullo. La verdad es que hay que agradecerle al señor la sinceridad. O no. Casi que prefiero a gente más cuca, igual más cobarde, que por ejemplo utiliza su columna, tantas veces sublime, para calificar a alguien de izquierda narcisista sin nombrarlo, y luego va saludando con sonrisa estreñida si alguien se lo encuentra en una radio o en una televisión. Siempre mejor recurrir a eso, algo tan nuestro como el abrazo con puñalada trapera, a que te llamen capullo a la cara. Se agradece la contribución al oasis catalán, tantas veces criticado pero en el que todos nos movemos como peces en el agua. Martín TognolaPor suerte, bajaba al metro acompañado de Marc Giró, que se sintió ofendido, como buena izquierda narcisista, porque a él el señor del pelo blanco no le había insultado. Y a mí, ¿qué?, ¿no me dice nada? Pausa dramática. Y ya bajando las escaleras hacia el andén se gira Giró, buscando al señor con la mirada. Oiga, que yo además soy maricón. Se baja el telón. Ovación.He pasado tres días con Giró que han sido un regalo de los que de vez en cuando te hace esta profesión. Este año me estoy pasando.
Lola Herrera,
Millás,
Loles León,
Alba Flores,
Manu Sánchez,
Manuel Carrasco… hasta
Iñaki Urdangarin, con el que no compartí tanto tiempo pero le agradezco su entrega. ¡Ah! Y los que faltan, que no puedo desvelar no se vayan a gafar. No querías narcisismo, pues toma dos tazas.Lo de Marc Giró ha sido un derroche de creatividad, de originalidad, de valentía, de estar de vuelta, de no cortarse, de ser políticamente incorrecto, de hacerte pensar, de ponerte ante tus contradicciones. Con un discurso que se desparrama, como si no le quedase tiempo en la vida para decir todo lo que quiere decir. Y enarbolando la bandera del antifascismo, tan necesaria en estos tiempos. A los que conocimos a Marc Giró haciendo secciones de moda o de buenos modales, nos lo cuentan y no nos lo creemos.Ese es él: el exceso, el no callarse, la inteligencia; si no existiese, habría que inventarloEl fichaje por
La Sexta de Giró ha sido la gran noticia mediática de este curso. Empezó no hace tanto con programa propio en La 2 de TVE, en catalán. De ahí a La 2 para toda España. El salto a La 1. Y ahora su llegada a
La Sexta. Su presencia en El hormiguero levantó muchísima expectación y no dejó a nadie indiferente. Nosotros lo tenemos este domingo, creo que mucho más relajado que con Trancas y Barrancas, y haciendo una exhibición de como cultura y televisión pueden ir de la mano.Cuenta Marc muchas cosas. Habla de todas las terapias a las que fue de pequeño, porque se ve que él no encajaba en aquel mundo. Uno de sus psicólogos pensó que era superdotado, hasta que la madre de Marc le dijo que era la décima vez que hacía el mismo test de inteligencia, y el niño, que tonto no era, se lo sabía de memoria. Cuenta con ironía que él ahora monetiza todos esos traumas, con unas ganas de reírse de sí mismo que desactivan cualquier crítica. Su padre le avisó que no le hablaría hasta que no leyese algo de Josep Pla. Lo hizo pasados los 20. Papa, ya lo he hecho. Pero su padre no le reconoció la voz. Ese es Marc Giró: el exceso, el no callarse, la inteligencia. Si no existiese habría que inventarlo. Viva la izquierda narcisista.