En la página 264 de la novela Todo eso que tanto nos gusta (Destino), de
Pedro Zarraluki , el narrador suelta una verdad como un templo catedralicio: “Disfrutar, pese a todo, del instante. Eso es lo más parecido que tenemos al paraíso”. Lo demás es tesón, coraje y un poco de engaño. Pues bien, convencidos de esta máxima, los bomberos estrujamos el presente concentrado en el tributo rendido al narrador barcelonés justo cuando se cumple un año de su fallecimiento, el 1 de marzo de 2025. A los 70 años. Arden las pérdidas, que diría el poeta
Antonio Gamoneda.No cabía un nanochip, el lunes, en la sala Picasso de la librería Laie. Gente de pie, compinches que no pudieron siquiera acercarse al acto por el reducido aforo. Acudieron la viuda de Zarraluki,
Concha Alonso ; sus dos hijos,
Claudia y Álvaro ; y su hermana, la poeta
Esther Zarraluki , así como un montón de amigos, escritores, editores, agentes y algún exalumno de la Escuela de Escritura del
Ateneu Barcelonès, donde el homenajeado impartió clases. Pillamos asiento de puritito milagro junto a la narradora
Mercedes Abad , quien nos susurró al oído la sana envidia que aún siente por el título que se inventó el aludido para su segundo libro de cuentos: Retrato de familia con catástrofe; en efecto, una puerta que invita a colarse dentro.Tal fue la afluencia que los organizadores andan barajando la posibilidad de proyectar de nuevo el documental que presidió el homenaje, obra de
Carlos Velilla Lon , un collage sobre la personalidad de un autor multipremiado que destacó en el retrato de caracteres y la exploración de las grietas existenciales. En la filmación se suceden imágenes entrañables y entrevistas con el escritor, sus colecciones de ranas y estilográficas, un karaoke doméstico improvisado con Concha, la casa de Camallera (en el Empordà), instantáneas en el viejo Salambó (el bar que fundó con su socio y la superagente Carmen Balcells), noches en el Falstaff y declaraciones sobre sus querencias literarias (Conrad, Nabokov, Amy Hempel), así como retazos de un viaje delirante, allá por 1992, que Zarraluki hizo, entre otros, con
Ignacio Martínez de Pisón y
Enrique Vila–Matas , también presentes en el evento.El encuentro concluyó con una copa de cava y el convencimiento de cuán balsámicos resultan los rituales y el juntarse en estos tiempos de vértigo despojados de espiritualidad. La necesidad de exprimir el limón del aquí y el ahora. Precisamente sobre este asunto conversó el jueves la periodista y ensayista Anna Maria Iglesia con Juan Gómez Bárcena en la +Bernat. Justo a la misma hora, ay, en que Sergio del Molino presentaba La hija (Alfaguara), en la librería Nollegiu del Poblenou.Vila-Matas con la poeta
Esther Zarraluki y su pareja, Salvador TióMiquel Gonzalez / Shooting¿Se puede ser feliz tras un desgarro? ¿Es posible recuperar el pulso después de haber vivido un trauma? Sobre ese dilema pivota la nueva novela de Gómez Bárcena , Abril o nunca (Seix Barral), cuyo protagonista, un cuarentón exmarido y exabogado, pierde a su hija a los 13 años (conste que no es espóiler). Estuvo muy gracioso el editor, Jesús Rocamora , al confesar que casi lo tumba un “microinfarto” cuando el novelista le comprimió los dos grandes ejes del texto: “Benidorm y los viajes en el tiempo”. Se trata de una broma reduccionista, claro. Todo depende de las manos que exploren el cañamazo del tiempo, de cuanto queda atrapado “en el momento estático del duelo”.El tono del encuentro no fue ni mucho menos doliente, pues la presentadora consiguió arrancar al protagonista de la velada dos revelaciones para deleite del respetable. Una: Bárcena tiene un amigo que “se pone en gol de Iniesta en bucle en los momentos de bajona”. Y dos: el autor de Lo demás es aire se ha matriculado en la UNED para estudiar Economía con el fin de documentarse para su próxima novela.Por lo demás, un dolor de muelas bíblico impidió a la brigada Fahrenheit 451 acompañar a Nerea Pallarés en la presentación de Punto de Araña (Libros del Asteroide), el relato sobre una rebelión femenina ambientada en la Costa da Morte. Pesarosos hasta la manguera.