Luis Ernesto BlancoCaracas. Servicio especial 21/03/2026 06:00 Tras la extracción de Nicolás Maduro, la presidenta encargada de
Venezuela,
Delcy Rodríguez, ha llevado a cabo una reestructuración de poder que, por su profundidad y velocidad, representa la demolición controlada del andamiaje que sostuvo al chavismo durante la última década. No es solo un cambio de nombres; es el acta de defunción del 'madurismo' y el nacimiento de una tecnocracia autoritaria tutelada por los intereses de
Washington.Sin señales claras de un avance hacia la transición democrática, el “Rodrigato” —como comienza a ser denominado en el país caribeño— sigue un proceso de colonización sobre los espacios de la revolución que dejó desamparados el depuesto Maduro, a la espera de juicio en una cárcel de Nueva York.Padrino López salió del grupoEl relevo del general en jefe es la ruptura con el pasado inmediato Rodríguez ha ejecutado cambios en la cabeza de 14 ministerios, cuatro viceministerios, una vicepresidencia sectorial y el Centro Internacional de Inversiones, lo que equivale a más del 40% del gabinete ministerial. Sin embargo, la señal más sísmica de este nuevo orden ocurrió el pasado 18 de marzo con el relevo del general en jefe,
Vladimir Padrino López.Durante once años, Padrino fue el eje de gravedad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y el garante último de la permanencia de Maduro. Su salida del Ministerio de la Defensa no puede interpretarse como una jubilación ordinaria; es la ruptura con el pasado inmediato y una señal de que su control sobre el estamento militar quedó debilitado tras la inoperancia demostrada el pasado 3 de enero, durante la intervención estadounidense en suelo venezolano.Nombramiento de Gustavo González LópezLa estructura represiva permanece intactaNo obstante, el nombramiento del general
Gustavo González López no es percibido como una buena señal. Para organizaciones como
Provea, es el recordatorio de que la estructura represiva permanece intacta. González López fue director del
SEBIN durante los años más oscuros de la represión (2014-2018 y 2019-2024); bajo su mando se ejecutaron torturas y ocurrió la muerte del concejal
Fernando Albán.Para las víctimas, la llegada del conocido como arquitecto de la inteligencia al Ministerio de la Defensa no representa una transición hacia la democracia, sino un reciclaje de impunidad. Resulta claro que, con este movimiento, Rodríguez envía a la
Casa Blanca la idea de que el estamento militar que sostuvo a Maduro ha sido descabezado y domesticado bajo una nueva jerarquía que entiende que el negocio petrolero es, ahora, la única garantía de supervivencia.Lee tambiénLa 'pax' petroleraSi el relevo militar busca estabilidad interna, los cambios en el área económica persiguen la validación externa. La ingeniera Paula Henao, ahora al frente del Ministerio de Petróleo, tiene la difícil tarea de volver a tecnocratizar PDVSA, una empresa que, tras el paro petrolero del 2003, cayó en una deriva ideológica y se convirtió en una caja negra de corrupción.Henao no es una figura de mitin ni de barricada, sino una técnica con trayectoria en empresas mixtas y proyectos de gas costa afuera. Se trata de un perfil que los ejecutivos de Chevron reciben con alivio en un momento en que lo único que importa a la
Casa Blanca es que el crudo venezolano siga fluyendo bajo reglas que
Washington pueda auditar.El silencio estadounidense ante la falta de un cronograma electoral es el precio que se paga por la estabilidad energéticaPor otra parte, Rodríguez sabe que la luna de miel con Estados Unidos depende de que el país no colapse socialmente. Tiene la responsabilidad de contener las demandas sociales y tratar de que la infraestructura nacional, especialmente la eléctrica, soporte las nuevas exigencias del despertar económico. Estas incorporaciones al gabinete, además de demostrar lealtad, necesitan enviar señales de eficiencia mientras el país sigue sufriendo fallas sistémicas en los servicios públicos y las exigencias de la sociedad son cada vez más difíciles de contener.Sin embargo, los cambios de gabinete plantean una pregunta incómoda para los sectores democráticos: ¿estamos ante una transición hacia la democracia o ante la consolidación de un nuevo modelo de autoritarismo corporativo?Los movimientos de piezas sugieren lo segundo.
Delcy Rodríguez sigue “limpiando la casa” y parece quedar claro que
Washington ha aceptado este nuevo tablero. La presidenta venezolana ha demostrado ser una arquitecta del poder mucho más sofisticada que su antecesor; ha jubilado al madurismo sin disparar un solo tiro. Para la administración Trump, la salida de Maduro y Padrino López representa una victoria simbólica suficiente para mantener la interlocución con el Palacio de Miraflores.El silencio estadounidense ante la falta de un cronograma electoral es el precio que se paga por la estabilidad energética. Pero para los millones de venezolanos que esperan el retorno a la democracia plena, este baile de sillas ministeriales sigue siendo un cambio de fachada en un edificio que, por ahora, no tiene intenciones de abrir sus puertas a la soberanía popular.