No hay margen para que
Barcelona planifique un gran parque más allá del que está previsto sobre las vías del tren de la
Sagrera, el parque litoral ya en marcha, la urbanización de la losa del
Fòrum o la Canòpia de
Glòries. Sin que nadie plantee mover el zoo para que la
Ciutadella tenga 32 y no 16 hectáreas abiertas a la ciudadanía, parece que ha llegado la hora de las intervenciones quirúrgicas, de llenar huecos usando todas las herramientas urbanísticas de que dispone el Ayuntamiento. No son pocos los no lugares detectados por el gobierno de
Jaume Collboni; un total de 100 hectáreas de espacio libre repartidas por toda la ciudad que requieren de tres mandatos (12 años) para que se conviertan en zonas de asueto vecinal. En el corto plazo el
PSC se compromete, antes de las elecciones de mayo del 2027, a desatascar el 20% de ese espacio disponible, ya sea porque han empezado las obras o porque se están redactando los proyectos. Esto equivale a 25 intervenciones que están a punto de empezar o en proceso de aprobación, más otras 15 que se están planificando. En total, una inversión de unos 80 millones de euros. El trabajo ya realizado dentro del programa municipal de espacios de proximidad e interiores de manzana se limita, por ahora, a cuatro proyectos finalizados que suman dos hectáreas y han costado cerca de ocho millones de euros. Es el dato que, avanzando lo que pueda argumentar la oposición, constata el ritmo de ejecución de un plan que tiene la virtud de haber sacado punta a un lápiz en el que nadie había reparado hasta la fecha; esas 100 hectáreas que el plan general metropolitano de 1976 pintaba como espacio libre pero que nunca fueron ejecutadas. “Lo que hacemos -ha compartido este viernes Collboni- es democratizar el verde para que llegue a todos los barrios aprovechando espacios en desuso, tal y como hemos hecho con la vivienda, pasando el rastrillo por toda la ciudad para encontrar solares en lo que poder construir”. Palabra de alcalde“Estamos democratizando los espacios verdes para que lleguen a todos los barrios”, sostiene el alcalde CollboniPrimero tocaba adecentar los barrios periféricos (años 80), luego vino la fiebre olímpica que obligó a construir un nuevo barrio y plazas duras por todas partes (los 90), le siguió la apertura de la Diagonal para alumbrar el
Fòrum (primeros 2.000), vinieron las primeras pacificaciones, la smart city, las supermanzanas y los ejes verdes. Descartado el proyecto estrella de los gobiernos de
Ada Colau (véase Consell de Cent) el
PSC llegó a la alcaldía con la promesa de recuperar interiores de manzana, esos espacios que Ildefons Cerdà, en su empeño por “ruralizar lo urbano”, pintó de verde pero que ya antes del siglo XX se habían privatizado. Hasta nuestros días, cuando se han convertido en un alambicado puzle de aparcamientos, oficinas, terrazas o prolongaciones de hoteles. En marzo del 2023, el entonces candidato Collboni prometió intervenir en 30 interiores de manzana. Pero hasta la fecha, solo se ha rescatado un jardín, en Sant Andreu, y hay otros dos planificados para este 2026. Collboni no ha escurrido el bulto al ser preguntado por el tema y ha blandido la dificultad de actuar en espacios en los que hay tantos intereses y actores implicados. Ha avanzado que en un par de meses podrá aportar novedades sobre el devenir de estos “espacios consolidados”. “Nunca se tendría que haber detenido su recuperación -se ha quejado-, porque poner la máquina en marcha es muy difícil”. El teniente de alcalde Jordi Valls, responsable del Eixample, dio el pasado julio alguna pista de lo que está por venir: “Tenemos definidos 21 interiores que tienen distintas actividades que permitirían el uso público a partir de expropiaciones, modificaciones de planes urbanísticos o acuerdos con los propietarios. Estamos en negociaciones con algunos que pueden ser interesantes. Pueden estar solucionados en los próximos cuatro o cinco años”. El detalle, antes de verano.La Torre de les Aigües, el primer interior de manzana recuperado en 1987Ana JiménezEntre los 25 espacios que se transformarán y que ahora están en barbecho o tienen usos ajenos al verde destaca la losa que cubre la estación de Ferrocarrils de Sarrià, donde desde hace años se espera la construcción del parque de Oriol Martorell, proyecto prometido en el 2009 que dispone de dibujo definitivo desde el 2023. Son algo más de dos hectáreas y permitirán mejorar la conexión entre este barrio y el de Tres Torres. También está en la lista el solar de la calle Castella (Sant Martí), que con 3.000 m2 incluye la actuación sobre una pared medianera, o un espacio en Nou Barris (calle Pintor Alsamora) que ahora, con 6.600 m2, está ocupado por un aparcamiento provisional. La promesa es que durante el año que viene se hayan ganado 11 hectáreas de jardines y que otras nueve estén en el proceso, en una ciudad en la que cada ciudadano dispone de siete m2 de verde, una cifra de las más bajas de las grandes ciudades de Europa. Una media que además es tramposa por el papel que juegan Collserola y Montjuïc, pues los vecinos del Eixample solo tienen a su disposición un metro cuadrado de tierra y césped.