En la calle trasera paralela a la céntrica estación de tren berlinesa de
Zoologischer Garten, junto al Museo de la Fotografía, que alberga las glamurosas instantáneas de moda y lujo tomadas por
Helmut Newton, dos grupos de personas con ropas raídas hacen cola. La mayoría son hombres. Unos esperan para el reparto de comida caliente de la
Berliner Stadtmission (Misión Ciudad de
Berlín), organización benéfica de la
Iglesia evangélica. Los otros aguardan para ser atendidos en el ambulatorio médico de
Cáritas, el brazo caritativo de la
Iglesia Católica. Ni unos ni otros tienen ganas de hablar.Lee tambiénEste lugar es uno de los epicentros de atención a la pobreza derivada de carecer de hogar en
Berlín, ciudad de 3,9 millones de habitantes que, como otras grandes urbes europeas, observa con inquietud cómo el fenómeno crece de modo drástico. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) empezó en el 2022 a recopilar regularmente datos sobre personas sin hogar en
Alemania. En
Berlín, el panorama es sombrío: el número de personas sin hogar alojadas en albergues se ha más que duplicado en los últimos años, pasando de 26.000 en el 2022 a 53.600 en el 2025.No todas las personas sin casa viven y duermen al raso. Las estadísticas reparten a este colectivo en tres categorías, que según el desglose berlinés del 2024, el último disponible, son: personas sin hogar que viven en albergues (47.300); personas sin hogar que se hospedan temporalmente en domicilios de familiares, amigos o conocidos (2.300); y personas sin techo que acampan en calles, parques o bajo puentes (6.000), lo cual sumaba 55.600 individuos. Los números de la calle son los más aproximativos y cambiantes, pero la triste tendencia al alza se confirma.Lee también“Hemos observado que, efectivamente, hay cada vez más personas sin hogar en las calles de
Berlín –explica
Barbara Breuer, portavoz de la
Berliner Stadtmission–. Las razones son muy diversas. Hay personas que pierden sus viviendas por deudas en el alquiler. Hay personas con problemas de abuso de sustancias, drogas y alcohol, otras con problemas de salud mental, pero también acontecimientos que cambian la vida, como las separaciones de parejas”. El elevado coste de la vida y la escasez de vivienda afectan a gente de orígenes diversos.Se prevé que en el año 2029 unas 85.000 personas necesitarán ser alojadas en alberguesEl
Departamento de Servicios Sociales de Berlín, que supervisa y financia gran parte de la asistencia, prevé que en el 2029 el número de personas sin hogar habrá aumentado en un 60% y unas 85.000 necesitarán ser alojadas en albergues. Pero si se incluye también a los peticionarios de asilo cuyas solicitudes siguen pendientes, y que también necesitan donde vivir, la cifra ascenderá a finales de esta década a 114.000 personas. Todo esto, alertan los expertos, equivale a tener un “decimotercer distrito” en
Berlín (la ciudad está dividida en doce distritos), por lo que urge crear más pisos asequibles específicamente para personas sin hogar.La mala salud física y mental es quizá la peor consecuencia. “Nuestros pacientes están estructuralmente desfavorecidos, pero conocen el sistema de apoyo y acuden por sí mismos; intentamos que se sientan como en una consulta médica normal”, dice Olaf Schüssler, director del ambulatorio de
Cáritas, en el que un turno de 25 médicos voluntarios atiende a personas sin papeles ni seguro. Trabajan también, con sueldo público, dos enfermeras a tiempo completo, trabajadores sociales y personal administrativo.Muchos de los 2.000 pacientes anuales de este ambulatorio acuden para que les curen heridas, algo crucial pues abundan las heridas gravemente infectadas y, sin la cura adecuada, la amputación es una posibilidad real. “Nuestros médicos han salvado piernas”, asegura Schüssler. Entre el 60% y el 70% de los pacientes padecen enfermedades mentales. El 15% de quienes acuden a esta clínica de
Cáritas son alemanes. Las lenguas que más se oyen son el polaco, el búlgaro y el rumano. Schüssler explica que entre el 10% y el 20% son mujeres, lo que se corresponde con la distribución promedio por género en la calle, de mayoría masculina.Los sintecho figuran aparte en las estadísticas; se estima que en 2024 vivían en la calle unas 6.000 personasEn los dos primeros meses del año, la nieve y el intenso frío, con temperaturas bajo cero, castigaron sobremanera a las personas sin techo en
Berlín, a quienes el Ayuntamiento y diversas oenegés apoyan con instalaciones donde dormir, ducharse y recibir ropa de abrigo. La
Berliner Stadtmission sirve cada día 600 comidas en distintos puntos de la ciudad.“La gente quiere salir de la calle cuando hace frío, ir a un albergue de emergencia -prosigue
Barbara Breuer-. Aquí pueden comer, beber y dormir seguros en un lugar cálido”.Corresponsal en
Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia