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SAT · 2026-03-21 · 05:00 GMTBRIEF NSR-2026-0321-27207
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NSR-2026-0321-27207News Report·ES·Human Interest

Yaya Bushcraft, influencer de 71 años, contra los haters: “Son psicópatas digitales, el bullying en las escuelas empieza en las redes sociales”

Yaya Bushcraft, una influencer de 71 años, se ha convertido en un fenómeno digital al construir cabañas con sus propias manos y compartir el proceso en redes sociales como Instagram y YouTube. Esta ex periodista científica, originaria de Barcelona, dejó la vida urbana a los 68 años para dedicarse al "bushcraft", el arte de construir refugios con elementos naturales.

Adrián MonterrubioLa VanguardiaFiled 2026-03-21 · 05:00 GMTLean · CenterRead · 6 min

                                                                                                         Yaya Bushcraft, influencer de 71 años, contra los haters: “Son psicópatas digitales, el bullying en las escuelas empieza en las redes sociales”
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Yaya Bushcraft, una influencer de 71 años, se ha convertido en un fenómeno digital al construir cabañas con sus propias manos y compartir el proceso en redes sociales como Instagram y YouTube. Esta ex periodista científica, originaria de Barcelona, dejó la vida urbana a los 68 años para dedicarse al "bushcraft", el arte de construir refugios con elementos naturales. A pesar de su edad, Yaya desafía los prejuicios y el edadismo, inspirando a otros a vivir una vida activa y libre después de la jubilación. Recientemente, ha publicado un libro titulado "Vivir sin pedir permiso", donde comparte su filosofía de vida. Yaya vive en una cabaña que ella misma construyó en un terreno cedido por cinco años, a cambio de cuidar el entorno.

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She lives on land through a five-year cession contract in exchange for taking care of the environment.

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Yaya worked as a scientific journalist in the past.

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Yaya Bushcraft published her first book, Vivir sin pedir permiso.

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Yaya Bushcraft has over 150,000 followers on Instagram.

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Yaya Bushcraft, a 71-year-old influencer, builds cabins with her own hands.

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La revolución tecnológica nos ha arrasado a todos. En el peor, pero también en el mejor de los sentidos. Todo avance tiene más de una y de dos lecturas, y en el caso de Yaya Bushcraft, la influencer sénior que levanta cabañas con sus propias manos, la digitalización no ha sido un muro, sino un megáfono. A sus 71 años, esta mujer que prefiere mantener el anonimato de su ubicación y de su nombre civil, se ha convertido en un fenómeno que desafía las leyes de la algoritmia y los prejuicios del edadismo. Con más de 150.000 seguidores en Instagram y una comunidad que devora sus procesos constructivos en YouTube, su historia ha saltado de los píxeles al papel con la publicación de su primer libro, Vivir sin pedir permiso (Roca Editorial).Si ya sorprendía su capacidad física para acarrear troncos y mezclar cal a los 70, hoy el foco se desplaza hacia su calado como referente de una ancianidad insurgente. “La noticia está en que es una señora de 71 años, en cómo se hace una cabaña a los 71 con mínimos recursos, sin luz, sin agua, sin conocimientos, partiendo de cero”, explica con franqueza. Su libro no es un manual de carpintería, sino un manifiesto de “instinto, rebeldía y libertad” para quienes creen que después de la jubilación solo queda el banquillo.De la ‘city’ al bosque: un salto retransmitido en la redYaya no es una mujer de campo reconvertida; es una urbanita que decidió, a los 68 años, que ya había tenido suficiente de asfalto. Nacida en el barrio de Gràcia de Barcelona, trabajó como periodista científica, una etapa que le otorgó la base técnica para no temerle a la modernidad. “Con la tecnología no tengo mucho problema porque yo vengo del periodismo científico; ya de muy joven hablaba de domótica, de robótica y de todo lo que se hacía en investigación en la UPC”, recuerda. Sin embargo, tras vivir en ciudades como Londres, París y Berlín, la llamada de lo silvestre fue más fuerte.Como ya confesaba el pasado verano a La Vanguardia, su motor es una curiosidad casi patológica: “Yo soy una mujer muy hiperactiva, muy curiosa, con una mente que nunca está quieta y nunca lo ha estado”. Aquella chispa que se encendió navegando por Internet y viendo vídeos de ‘bushcraft’ —el arte de construir refugios con elementos naturales— se ha materializado hoy en cuatro cabañas construidas por ella misma. No es propietaria de la tierra —la habita mediante un contrato de cesión por cinco años a cambio de cuidar el entorno—, pero es dueña absoluta de su tiempo.Llevo gafas Prada y trabajo con ellas llenas de cal, y feliz; para mí eso es ser descaradaYaya Bushcraft71 añosLee tambiénEn su nuevo libro, profundiza en esa identidad que ella denomina “bohemia”, una etiqueta que hoy parece en peligro de extinción. “Los bohemios ya no existen porque la clase media ya no existe. Pero quienes hemos sido los ‘bichos raros’ en familias acomodadas, sabemos lo que significa”, relata. Esa imagen de las gafas de lujo cubiertas de polvo de construcción es la metáfora perfecta de su vida actual: “Llevo gafas Prada y trabajo con ellas llenas de cal, y feliz. Para mí eso es ser descarada, en el buen sentido”. Es una mezcla de alta cultura, pragmatismo de supervivencia y una absoluta indiferencia por las convenciones sociales que dictan cómo debe envejecer una mujer.Psicópatas digitales y la “tribu” del intercambioEl éxito en redes sociales ha traído consigo una dualidad que Yaya analiza con precisión quirúrgica. Por un lado, la “tribu”: miles de personas de todo el globo que proyectan en ella sus propios sueños de libertad. Por otro, los ‘haters’, a quienes define sin ambages como “psicópatas digitales”.El 'bushcraft' es el arte de vivir y prosperar en la naturaleza utilizando habilidades tradicionales, herramientas mínimas y conocimientos del entorno. Cedida“Los odiadores para mí son psicópatas digitales de los cuales uno puede aprender mucho, pero tengo que reconocer que son muy peligrosos”, advierte con preocupación. Para Yaya, el fenómeno del odio en la red no es una anécdota, sino la raíz de problemas sociales más profundos: “De facto, son tan peligrosos que el bullying en las escuelas, para mí, empieza en la red social. Una persona adulta que suelte su incontinencia verbal porque el tarro no le da para más, está incentivando en el menor que lo está viendo el faltar el respeto al otro”.A pesar de los ataques, no se achanta. Interactúa, agradece los mensajes que le hacen “saltar la lágrima” y, a los críticos, les dedica un tiempo mínimo pero contundente: “Los bloqueo directamente después de un descomunal zasca”. Advierte especialmente de la polarización y la escasez de apertura mental que detecta en los comentarios: “Me hace gracia ver esa falta de apertura de decir: ¿Las gafas pueden ser publicidad? ¿Esto no se lo pueden haber dejado? Si tienes gafas Prada, eres rica. Si tienes un terreno y te estás haciendo una cabaña, eres pobre. Todo eso son excusas de mal pagador”.Estamos en un momento en el que el mundo se divide entre los que tienen miedo y los que creen en sus sueñosYaya Bushcraft71 añosPara ella, el problema del ‘hater’ es que prefiere atacar antes que reconocer el esfuerzo ajeno. “El odiador no ve el trabajo que hay detrás de ese sueño: una señora mayor que nunca ha hecho nada de construcción, que viene de la ‘city’ y que decide embarcarse en un sueño que la supera por todas partes, menos por una, que es su pasión. El odiador ve todo aquello que él no puede hacer y ve que otro sí lo puede hacer”. Frente a esa negatividad, ella reivindica la figura de la “perfecta buscavidas” que sabe encontrar recursos donde otros solo ven carencias, basándose en el trueque y la colaboración humana.Vivir sin permiso: el legado de una influencer atípicaLa publicación de Vivir sin pedir permiso marca un hito en su trayectoria, convirtiendo su experiencia vital en una herramienta para otros. Lo que empezó como un diario visual para registrar sus avances arquitectónicos se ha convertido en una obra que bebe directamente de sus referentes, como Henry David Thoreau y su Desobediencia civil. “Estamos en un momento en el que el mundo, está claro, se divide entre los que tienen miedo y los que creen en sus sueños. Y eso es importante que se toque en profundidad, porque cada vez la cosa es más banal”, sentencia Yaya.Su mensaje de longevidad activa huye de cualquier paternalismo. Ya nos decía que “a los 70 me he atrevido a hacer lo que no me atrevía a los 20”. Ahora, con el libro en las estanterías, refuerza la idea de que la edad es una herramienta de gestión emocional, no una limitación física infranqueable. A pesar de sufrir un enfisema pulmonar, sigue cuidando su microbiota y su masa muscular mediante una rutina estricta para poder seguir levantando estructuras. “Nada me frena”, asegura en la sinopsis de su obra, donde invita a los lectores a cuestionar las leyes sociales preestablecidas.Yaya Bushcraft acaba de publicar 'Vivir sin pedir permiso', su primer libro.Roca Editorial“La mayor expresión de libertad es que lo que pienso, lo que digo y lo que hago vayan en la misma dirección. No pienso ‘A’, digo ‘B’ y hago ‘C’”, afirmaba hace meses, una coherencia que mantiene intacta hoy. Yaya Bushcraft no busca ser una guía espiritual ni una “gurú” de la vida natural, pero su sola existencia es una provocación necesaria. Es el recordatorio de que se puede vivir al margen del sistema incluso usando sus propias herramientas —como Instagram o la industria editorial— para subvertirlo.En este 2026, la mujer que construye cabañas nos deja una lección de autonomía radical: “Sabrás encontrarlo. Vale más caer en gracia que ser gracioso. Particularmente creo que esa pasión mía a los 71 años mueve muchas conciencias”. Yaya ha demostrado que no hace falta pedir permiso para ser uno mismo, ni para habitar el bosque, ni para conquistar las redes sociales. Solo hace falta la tozudez suficiente para no escuchar a quienes dicen que “ya no es edad para eso”.
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