Jordi Maddaleno 20/03/2026 16:47 Actualizado a 21/03/2026 09:28 Recital de
Juan Diego Flórez ★★★✩✩Piano:
Vincenzo Scalera. Lugar y fecha:
Liceu (19/III/2026)Calurosas ovaciones finales para un tenor que forma parte de la historia viva del
Liceu de los últimos veinticinco años. Un
Juan Diego Flórez de delicadeza infinita, quien mantiene esa línea de canto aristocrática de los grandes pese a la pérdida evidente del brillo tímbrico producto del paso del tiempo.Y es que el peruano de oro, quien merece ya tener la Medalla de Oro del
Liceu, lleva protagonizadas siete óperas, un musical, un concierto de oratorio y cuatro recitales en el teatro operístico de las Ramblas. Él, como pocos hoy en día, es historia viva del
Liceu desde su reapertura. Se cumplen este 2026, veinte siete años desde su debut aquí con el Stabat Mater de
Rossini bajo la batuta de
Riccardo Muti en 1999.La voz no reluce como antaño, pese a mantener una técnica magnífica donde coloca los agudos con la seguridad de quien domina su instrumentoLa voz no reluce como antaño, pese a mantener una técnica magnífica donde coloca los agudos con la seguridad de quien domina su instrumento. Así lo demostró en el aria de La dame blanche, de
Boieldieu, con la que cerró lo más llamativo de una primera parte donde cantó arias de La Clemenza di Tito de
Mozart y de La Pietra del paragone de
Rossini.El lujo que supuso el acompañamiento del pianista italiano
Vincenzo Scalera, seguramente el mejor para este repertorio, se rubricó con sus solos: Bagatela de
Rossini, Mazurca glissando de
Lecuona y la Consolation núm. 3 de
Liszt.Un momento del recital en el LiceuA. BofillFlórez cantó romanzas de zarzuela al inicio de la segunda parte: Flores purísimas de El milagro de la virgen de Chapí; Por el humo se sabe donde está el fuego, de Doña Francisquita de
Amadeo Vives y la Jota del Trust de los tenorios de
José Serrano: Te quiero morena. Aquí su dicción, con una articulación finísima que no requirió de leer los subtítulos, se sumó a una voz más flexible y con una emisión de riqueza más lírica.Lee tambiénSu paso por las arias, Pourquoi me révellier del Werther massenetiano y el Salut! del Faust de Gounod, remetieron a sus incursiones en el repertorio romántico francés, donde ha encontrado una refinada extensión de repertorio, pese a una falta de cuerpo y morbidez que compensa con su donaire en el fraseo y dominio del fiato.Cerró con
Verdi y el aria La mia letizia infondere, aquí con la cabaletta incluida: Come poteva un angelo, donde mostró los límites de un instrumento demasiado ligero pero de sobrada madurez interpretativa.Su ya clásicos bises, primero con Pour mon âme de La fille du régiment de Donizetti, y luego, guitarra en mano, con una hermosa napolitana I'te vurria vasa! más medley de canciones latinoamericanas. Con su emblemático Cucurrucucú paloma final, levantó a un público que ovacionó al tenor de la eterna elegancia.