Pues fue una pena. El
Real Madrid, que se mantuvo en el partido a pesar de dar una sensación de inferioridad, especialmente desde la dirección, terminó claudicando, pero disponiendo del último balón para vencer, en las manos de
Mario Hezonja. Esto sugiere, al menos, que el equipo dispone de una capacidad de resistencia y resiliencia en escenarios imponentes y bulliciosos como el
Zalgirio Arena, que se hace difícil para todos los equipos visitantes. Ya dicen las crónicas que fue un partido duro e igualado, donde la intensidad del juego fue creciente. Tras un primoroso primer tiempo en el que se superó la cincuentena por ambos bandos, se pasó a una batalla cuerpo a cuerpo que dejó, también a ambos, rondando solamente los 30 puntos en cada aro. Perdió el Madrid, lo mismo que pudo ganar. Esto hace que el análisis del partido debiera ser el mismo independientemente del resultado. Y el equipo de
Sergio Scariolo dejó unas cuantas luces, pero también algunas sombras. Debilidades en el juego madridista Los blancos disponen de una plantilla amplia y bien estructurada. Y los líderes son reconocibles a estas alturas, y estadísticamente correlacionan su aportación con las victorias del equipo. La habitual columna vertebral que forman
Facu Campazzo,
Mario Hezonja y
Walter Tavares flaqueó por el lado del base. En realidad, en esta ocasión no se encontró solución a la debilidad del Madrid ante sus homólogos lituanos.
Sylvain Francisco y
Nigel Williams Goss (siempre motivadísimo cuando nos enfrenta) fueron superando a los bases blancos. Ni siquiera apareció la habitual excelencia de
Andrés Feliz, cuyos escasos siete minutos en pista fueron cuando menos, sorprendentes. Desde luego, ni
Maledon ni
Llull parecen ser bases puros, y tampoco brillaron desde la generación. Tampoco fue el mejor día de
Mario Hezonja, que mentalmente parece haber encontrado una estabilidad positiva, pero que no pudo deleitarnos con el acierto de las mejores noches, a pesar de algunas buenas acciones y de ser el máximo anotador del equipo: con 8/21 en tiros de campo y un buen puñado de errores tanto en triples liberados como en canastas bajo el aro en las que es un consumado especialista. Y en lo tocante al pívot, consumado un nuevo banquillazo de
Alex Len, no fue capaz Garuba de imponerse en ningún momento a sus pares, así que no le quedó otra al técnico de Brescia que cargar de minutos a Tavares, que dio la sensación de acabar extenuado. Siendo el mejor del equipo, incluso con dobles dígitos, no mostró tampoco su habitual capacidad de intimidación. Así que Ulanovas y Sleva se abrían y anotaban triples delante del gigante caboverdiano. Y también Tubelis le disputaba los rebotes con éxito. Pero es que el don de la ubicuidad solamente forma parte del mito, Tavares no puede encargarse de todo. Y el ataque volvió a demostrar esa dicotomía de otros días. Mientras que el juego abierto fue protagonista en general, el rendimiento fue mayor con el apoyo de los pívots en el bloqueo directo. Es verdad que el otro sistema ha ofrecido partidos impresionantes, como ante Unicaja o Valencia, donde el equipo jugaba a toda pastilla desbordando lo que se ponía por delante. Pero en días como ayer, atacó mejor el Madrid el juego estático forzando cambios defensivos que liberaron buenos tiros, aunque con escaso acierto, todo hay que decirlo. Por cierto, que el buen inicio de Okeke no tuvo después la continuidad que se esperaba, con presencias cortas poco aprovechables. En cuanto al eterno capitán, dio la noche con dos mandarinazos que solamente él puede embocar, como si tal cosa. Fue antes del descanso, para rematar el notable primer tiempo de los madridistas. En el capítulo grisáceo, además de los bases, se echó de menos más liderazgo por parte de Lyles, que dio puntos, pero no presencia. Igual que
Maledon. Abalde acabó extenuado en su labor de secado de Francisco, que de todos modos brilló en cuanto tuvo oportunidad. Mirar el vaso medio lleno Ocupa el Madrid la cuarta plaza en una clasificación en la que resta solamente un partido aplazado, Hapoel contra Maccabi, siendo aquéllos los que ocupan la tercera plaza y que visitan el martes el coliseo de Goya, en Madrid. Así que este partido se torna en fundamental, en tanto que son rivales directos, que el Madrid ya venció a los israelitas en su exilio búlgaro (por lo que tendrían el average de su parte), y también porque el rendimiento del equipo en casa está siendo superlativo, todo lo contrario que en sus actuaciones como visitante. El quinto en discordia es Valencia, al que el Madrid tiene también ganado el average, de modo que no hay que ser pesimistas en exceso. Con seis partidos por delante, el Madrid tiene dos de ventaja con el siguiente pelotón, en el que igualan desde el 6º (Zalgiris) hasta nada menos que el 10º (Barcelona). Ganar los tres de casa y uno de los de fuera, aseguran el top-4 casi con total seguridad. De los tres viajes que restan, los otros dos son de galones: Fenerbahçe y Olympiacos, los dos líderes actuales de la fase regular. Quejas sobre el arbitraje Hay runrún sobre la actuación arbitral de anoche. Para empezar algunas suaves quejas del técnico blanco. Y hay opiniones para todos los gustos. Particularmente, algunas decisiones no parecieron las más acertadas, con un claro codazo sobre Feliz no señalado, pero sí una antideportiva a Tavares en un braceo donde impactó con el brazo del defensor, que exageró la caída. Pero en la revisión posterior, sí se concedió esa falta, por cierto, la única que se señaló sobre el caboverdiano: si le repartieron leña, alguna debió repartir también él con la aquiescencia arbitral, en un duelo de elevado umbral de contacto. Y se concedió un triple de Deck tras una salida de pista de
Llull. Hubo para todos. Pero la jugada clave del partido, la falta final que permitió a Francisco los libres de la victoria, fue excesiva a todas luces. Es lo de siempre: en general son más amables los arbitrajes para los equipos locales, un detalle éste del que también disfruta usualmente el Madrid en sus duelos como local. Y que Sreten Radovic, el colegiado principal del trío, es el que tiene la mejor ratio de victorias/derrotas para el equipo blanco. Sin sospechas, por más que esa jugada final le picase bastante, también a Scariolo.