El
Cercle d’Economia ha publicado una nota de opinión sobre inmigración: “La necesidad de una política migratoria: modelo productivo, integración y bienestar social”. Fijar posición sobre temas de actualidad es una de las actividades recurrentes de la entidad. Así que nada de sorprendente tiene un pronunciamiento por su parte sobre una cuestión tan principal y relevante en la agenda y la conversación social.Aun así, en los cenáculos de opinión, el posicionamiento del Cercle ha sido recibido con cierta extrañeza, como si fuera realmente disruptivo. Y, en cierto modo, lo es. La rareza la proporciona que un centro de análisis y pensamiento de matriz económica abandone el discurso hegemónico que por interés han hecho suyo los lobbies empresariales de carácter sectorial y las grandes patronales. Un mantra interesado que se limita a repetir que se necesitan más inmigrantes para garantizar el crecimiento y sostener el Estado de bienestar.La nota del Cercle invita a reflexionar sobre qué políticas hay que poner en marcha en inmigraciónQuienes tengan interés en su lectura, prescripción que avalamos, lo tienen fácil para acceder a él en la web del
Cercle d’Economia. Apuntemos simplemente que ofrece una visión holística del impacto de la inmigración en
España. Un fenómeno del que se desprenden, según el análisis, luces, pero también sombras. Estas últimas son las que exigirían políticas que permitieran desvanecerlas.La rapidez e intensidad del fenómeno inmigratorio, el impacto en el mercado de la vivienda y los servicios sociales, el apuntalamiento gracias a un gran contingente de mano de obra de sectores económicos de baja productividad, el cuestionamiento del crecimiento del PIB atribuible al aumento de la población sin que este revierta en mayor renta disponible de familias y ciudadanos son algunas cuestiones que la nota de opinión pone sobre la mesa.Àlex GarciaEl documento no cuestiona la reciente regularización extraordinaria aprobada por el
Gobierno. Pero sí invita a reflexionar sobre qué políticas deberían ponerse en marcha para evitar que en unos años debamos pasar por lo mismo y de qué manera pueden ordenarse los flujos inmigratorios para que el fenómeno sea más digerible y acorde a las necesidades del país de acogida. ¿Qué debe hacerse para apostar por la mejora de la productividad en lo económico, la sostenibilidad en los social y para no gripar el motor de la integración?Nada del otro mundo. Más bien puro sentido común. Pero suficiente para agitar el pretendido balneario catalán del pensamiento. Así, hace unos días, la fundación Rafael Campalans, órgano de pensamiento vinculado al PSC, contestaba, aunque sin citarlo, al Cercle presentando un documento propio sobre la misma cuestión. Y, entre la argumentación para justificar su trabajo de respuesta, alertaba del riesgo que supone que la gente pretendidamente seria –¡las corbatas y trajes chaqueta del Cercle!– compre y abone irresponsablemente los discursos de la extrema derecha.¡Acabáramos! El comodín de la extrema derecha para responder a un trabajo plural, apartidista, serio e imprescindible. Un despropósito argumental que demuestra hasta qué punto algunos sectores son alérgicos a la profundidad en el abordaje de cuestiones peliagudas pero que exigen algo más que una inexplicable y perezosa complacencia.La misma cerrazón que también se vio en la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, en la conversación a la que fue invitada por el propio Cercle para discutir con su presidenta, Teresa Garcia-Milà, sobre el contenido de la nota. La portavoz del
Gobierno, aleccionada y a la defensiva, hizo bueno el chascarrillo con cada pregunta que se le planteaba: ¿Dónde vas? Manzanas traigo. Rehuyó cualquier intento de Garcia-Milà de armar una conversación provechosa y compleja que no muriera en el previsible arcén del argumentario oficial y partidista. Una negativa absoluta a abordar la complejidad. Una oportunidad perdida.A la extrema derecha no la alimentan notas de opinión como las del
Cercle d’Economia. Más bien la desarman reconociendo la dificultad de la cuestión inmigratoria, las contradicciones que genera y la necesidad de que se aborde desde una perspectiva de 360 grados. Lo que sí nutre el extremismo es seguir pensando que basta con cerrar los ojos y repetir argumentarios simplificadores para que la realidad pase a ser la que uno desea.