Botas, casco, t�rmicas, abrigo. Gafas de sol, de ventisca, de postureo. Ropa t�cnica, modelitos de d�a, modelitos de noche, lencer�a. "�Pero si viajas con las ni�as!", dice
Eme, mientras analiza una min�scula tanga de encaje que acabo de lanzar a la maleta. Amiga, yo soy sexy con y sin ni�as. Touch�e. Seguimos… Guantes, pasamonta�as, botiqu�n, linterna, navaja, �llevo silbato? "�Te vas a esquiar o de operaci�n rescate?". Ja, ja. Creo que
ChatGPT se excedi� en sus recomendaciones. "Sin duda". Mejor me centro en el momento spa. A por otra maleta. Bikinis, kimono, zapatillas, turbante. "�Y eso?",
Eme se refiere a la piedra cristal que camuflo entre los calcetines. "�Nah!, cuarzo". Intento que la excentricidad pase por alto, pero no cuela. "�Tambi�n te lo sugiri�
ChatGPT?", dispara maliciosa. No. Sonr�o. Este es un toque maestro de mi profe de yoga: "Fundamental para alinear los chakras". Alza las cejas. No comment. Y tras dar por finiquitada la ristra interminable de "por si acasos", le pido a
Eme que me ayude a sellar el sarc�fago. �Listo! "Suerte que ya est� dentro el pack antiaging", dice convencida. Me temo que no… Y se�alo otro bulto gigante que me espera en la puerta.Vale. Lo admito. No s� viajar con poco equipaje. Convierto las necesidades de cinco d�as en la corte itinerante de los Reyes Cat�licos. Ahora tres horas de tren y dos de transfer. As� que cuando llegamos al hotel ya hab�an dado las siete. Fue tocar nieve y una tropa de adolescentes, con el pelo planchado de diez y atiborradas de m�scara de pesta�as, se arrojaron sobre mis hijas. �Benditas amigas! El ambiente se concentraba en la galer�a previa al telecabina, pero con otro tono. A esas horas de la tarde, el esqu� hab�a muerto. Los fervientes deportistas aparcaban sus botas para encender las barras de bar. Las colas en pista, durante el d�a, compart�an dimensi�n con las que surg�an cada noche en torno al barril de cerveza. No nos enga�emos. Este es uno de los grandes atractivos de la nieve: el apr�s-ski. Si no, que se lo digan a mi maleta…Me qued� organizando el check-in mientras las ni�as hicieron sus planes. Iban a cenar en la pizzer�a y el pelo ya lo tra�an dispuesto de casa. As� que todo controlado. "�Blue, baja!", recib� la llamada de una de las mam�s del cole. "Hemos reservado en la raclette a las ocho". Excelente. Adoro a esos �ngeles que toman el mando. Han sido tantos a�os tirando del carro, que me rindo con descaro al papel de ente disfrut�n. Me fijo en la hora. No hay tiempo. Una ducha r�pida. Primer look monta�a. Toque de brocha, perfume y me voy.El restaurante preserva ese aroma a caba�a por el que siempre volvemos. Suerte que no se lo han cepillado con moderneces. Ya sab�is c�mo va esto… De pronto quieren atraer a las tarjetas m�s black, y aquello se llena de espejos y dj's. No era el caso, as� que puse foco en nuestra mesa. Besos, abrazos, risas y una presencia inesperada. "Blue, �te acuerdas de Pablo?", dice Cata. �Claro, c�mo no me voy a acordar! El pobre Pablo llevaba a sus ni�os al cole hasta que falleci� su mujer y decidi� volver a Bilbao. "�Qu� alegr�a verte!". Nos ponemos al d�a con cierta ligereza y, cuando me voy a sentar, me reclama dos segundos m�s: "Perdona, Blue, me gustar�a presentarte a alguien". Y al girarme mi expresi�n se congela. "Esta es Mar�a", dice. Pero la persona que tengo frente a m� no es Mar�a. �Es Mar! Mi amiga dominatrix. S�, s�. La que vive en Par�s. Me cuesta procesar. Ella, sin embargo, reacciona divina e ingeniosa y me saluda con total novedad.La cena se despliega con gracia. Tener a Mar en la mesa siempre es garant�a de entretenimiento. El tema estrella: la nevada que se espera o, como dicen los pros, un buen paquete. Aunque lo confieso, yo no pod�a dejar de mirar a ese hombre sin imaginarme el tac�n de mi amiga insertado en sus nalgas. �Pero si era un triste! Y ah� me doy cuenta de que la triste soy yo, por haberlo imaginado caput al quedarse viudo. Llega el momento del postre y Mar�a (Mar, en realidad) se retira al ba�o. Me apodero de la misma excusa en cuesti�n de segundos.Y en cuanto empujo la puerta, ah� est� ella pint�ndose los labios frente al espejo. "Lo sab�a", dice. Ja, ja. La locura se desata. �Maaaaar! ��Pero qu� fantas�a es esta?! Re�mos a carcajadas. �Quiero saberlo todo! �C�mo, cu�ndo, cu�nto? Ella menea la cabeza: "Eres tremenda. Por favor, dame un titular", le suplico. Y justo cuando va a hablar, aparece Cata. Mierda. Vuelta a nuestros roles de reci�n conocidas. La mam� del cole no se enrolla, va directa a una cabina individual. Cuando se esfuma, Mar larga en voz baja "le gusta que se la pellizque, se la estire y se la pise". Me quedo perpleja. "Ah� lo tienes". Me gui�a un ojo y se va. Entonces, resurge Cata: "�Todo bien?". Sonr�o nerviosa. S�, s�.Fenomenal. Y, con la boca a�n seca, me retiro tratando de procesar la imagen que Mar me acaba de revelar. No way! "Blue", Cata prosigue, "deber�as preguntarle a Mar�a por alg�n gal�n". Yo muestro los dientes. "�Te est�s apiadando de mi solter�a?". "Seguro que no te viene mal". Y por un segundo, fantaseo conmigo ejerciendo el mismo papel de dominatrix que mi amiga Mar. Too much. "Creo que prefiero estar sola, Cata. Cr�
Eme, no necesito a un gal�n".