Joan Ramon Bonet, marinero de profesión, músico casi por accidente y fotógrafo de prestigio en una tercera etapa, solamente alumbró una docena de temas aparecidos entre 1965 y 1967. Catálogo corto pero suficiente para dejar su sello entre los Setze Jutges como el undécimo de ellos, y responsable de aportar la música balear a la mezcla que revolucionó en los años 60 el mundo de la canción.Marinero de profesión, músico casi accidental y a la postre gran fotógrafo, el mar fue parte consustancial de la vida de
Joan Ramon Bonet y de sus canciones, donde cantó al amor que quedaba en los puertos como en L’amor perdut, tema que cumple 60 años y que sirvió de excusa al festival Barnasants para cruzar el Mediterráneo y plantarse en el Teatre Principal d’Inca para celebrar 60 anys de l’amor perdut, un homenaje donde no faltaron los jutges
Joan Manuel Serrat y
Maria del Mar Bonet, acompañados por artistas como Miquela Lladó o
Antoni Parera.“Él no quería que le hicieran este homenaje”, advirtió sobre el escenario
Yanni Munujos, impulsor del evento, con el propio Bonet sentado a escasos metros entre el público, 600 personas que llenaron el Teatre principal para asistir a una sentida velada abierta al piano por
Antoni Parera que sirvió para reivindicar la lengua y los principios ligados a la Nova Cançó, unos ideales que se remarcaron en los diferentes parlamentos de la velada, como el de la presidenta del Parlamento,
Francina Armengol, que lanzó un manifiesto claro a favor de la lengua, de la ley de memoria histórica recientemente derogada en Baleares, y en contra de las guerras. Ideas que repitieron voces como la exconsellera de Cultura balear
Fanny Tur, que recordó los orígenes de la Nova Cançó en las islas, o el exdirector del Barnasants,
Pere Camps, quien añadió que cantar en catalán en los años 60 suponía per se una toma de posición frente a la dictadura.En lo musical se disfrutó de una velada íntima con voces como la lleidatana Meritxell Gené, que además de No m’enterreu, de Bonet, aprovechó para recordar a
Guillermina Motta, mientras que la actriz
Tilda Espluga declamó los versos de No serem moguts, reflejo de aquellas letras cargadas de metáforas y símbolos con los que emitir mensajes que sortearan la censura.Antes se había escuchado a Miquela Lladó, compañera en los inicios de Bonet, a quien se dirigió directamente lanzándole elogios antes de interpretar Venedor de records con la única compañía de la guitarra de Toni Pastor, que marcó el tempo de la velada donde no se vio a más de dos músicos juntos sobre el escenario. Fue la excepción el trío de cuerda formado por Pastor a la guitarra, Carmela Font al cello y Benjamí Salom, que reinterpretó Nova cançó de l’amor perdut como preludio a L’amor perdut que sonó con la voz de Borja Penalba.El guitarrista valenciano acompaño al fundador de Al Tall Miquel Gil, en una aguerrida versión de Dins el teus ulls seguida de Mercè, de
Maria del Mar Bonet, quien ofreció la actuación más emotiva de la velada. La hermana de Joan Ramon cantó con su fuerza habitual Sa gavina, que ha formado parte de su discografía durante décadas. “Fue el maestro más querido” afirmó Maria del Mar evocando la infancia junto a Joan Ramon, al que dedicó Sempre hi ha vent.Antes de retirarse en 1967, Bonet tuvo tiempo de celebrar una gira junto a su hermana -a la que introdujo en los Setze Jutges cuando solo contaba 17 años- y
Joan Manuel Serrat, quien dio lustre a L’amor perdut incluyéndola en su discografía, y que anoche regaló Me’n vaig a peu con una voz que no parece afectada por la jubilación. A continuació cerró la velada con Nova cançó de l’amor perdut para reunir a los tres jutges presentes en la sala seis décadas después y lograr que
Joan Ramon Bonet, reacio al protagonismo, subiera al escenario y se apropiara de la última palabra para lanzar un rotundo “no a la guerra, no a cap guerra”.