“Un día, quizá, el siglo será de Deleuze”, escribió
Michel Foucault. Pero la realidad es que, al menos, el siglo XXI no parece pertenecer al filósofo francés, muerto en 1995 al lanzarse por la ventana de su casa. El año pasado se cumplió el trigésimo aniversario de aquel suceso y el centenario de su nacimiento y no se le celebró mucho, a pesar de ser autor de textos primordiales como Crítica y clínica o El Anti Edipo. Sin embargo, sigue despertando la curiosidad de muchos pensadores y, en particular, de la gente del teatro, aunque no fuera un
Arte que le interesara mucho. A finales de marzo, la compañía formada por
Miriam Moukhles y
Joan Sentís estrenará en la
Sala Beckett Abecedari, una pieza construida a partir de su legado, las diez horas de entrevista televisiva que Deleuze admitió a su alumna
Claire Parnet a finales de los años ochenta con la condición de que se emitiera de manera póstuma, cosa que tampoco se produjo exactamente. Parnet lo convenció para que, en enero de 1995, se iniciara su difusión en el canal
Arte, y llegaron a la G de Gauche (izquierda) el 29 de octubre. El 4 de noviembre se suicidó. Su abecedario empezaba con el A de animal y acababa con la Z de zigzag.“Queríamos hablar del legado, del testimonio y se nos apareció, lo teníamos allí”, apunta Sentís. El actor recuerda que, hace una década, cuando estudiaba Humanidades en la Pompeu Fabra, fue de Erasmus en París y un profesor les habló de El abecedario. Se lo tragó en la biblioteca y consiguió una copia en VHS, que guarda desde entonces. “Nos atrae que sea una carta de despedida, una entrevista que se tiene que emitir póstumamente, cosa que lo liberó: hay paz y tranquilidad en la manera de explicarse”, añade Moukhles. Deleuze era refractario en el mundo audiovisual y aquí, de hecho, se deja entrevistar porque pensaba que nunca se vería.⁄ La obra juega con la ficción a través de dos alumnos, uno fascinado por el pensador y el otro, desengañadoLa Moukhles & Sentís se estrenaron como compañía hace dos años en el Maldà a través de un montaje memorable sobre Pau Riba y Pau Malvido llamado Nodi: de perros y malditos. Allí hurgaban en la historia oculta de la
Barcelona de los años 70 y 80 en un espectáculo que flirteaba con el teatro documental. Ahora, en Abecedari también juegan con “la voluntad de descubrir a un personaje”, pero con un poco más de ficción y una trama donde tendremos dos estudiantes, uno empeñado en acabar su tesis y otro desencantado. El primero, claro está, es fan de Deleuze y, entre otras cosas, está fascinado por sus uñas, largas y retorcidas. “Tenía una fisicalidad muy particular”, apunta Moukhles. Sentís apunta que el estudiante fiel querrá mimetizarse con él; sin embargo, un poco como Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca, irá a un concurso de imitadores de Hemingway y se dará cuenta de que no se parece nada.“Lo que nos atrapó de él es que era un tipo muy magnético”, dice Sentís, que señala que hablarán de su “charme” , de su encanto, y de la manera que tenía de hilar conceptos. “Yo no sabía quién era, y enseguida me apasionó como construye las ideas en El abecedario , como filosofa en directo, como enlaza ideas y conceptos”, dice Moukhles. La actriz recuerda una frase suya según la cual “no hace falta ser filósofo para acercarse a la filosofía” y la diferenciación que hacía entre dos saberes, el intelectual, del cual estaba en contra, y el popular. En la O de ópera , por ejemplo, dice que, excepto Alban Berg, no le gusta mucho el bel canto , y que prefiere mucho más Édith Piaf y Claude François. Cuando llega a la W dice, irónicamente, que no hay nada detrás de esta letra, quizá porque no quiere hablar de Wittgenstein, a quien consideraba una catástrofe para la historia de la filosofía. Y en la L de literatura deja claro que los grandes escritores son también pensadores y habla específicamente de Hermann Melville y el capitán Ahab de Moby Dick .⁄ Les atrae el encanto del personaje, cómo enlaza ideas y la distinción entre saber intelectual y popularNo son muchas las obras de teatro que tengan el pensamiento, la filosofía, como punto de partida. En los últimos años, en
Barcelona, quizá solo hemos visto Voltaire/Rousseau, una pieza maravillosa de Jean-François Prévand donde un incombustible Josep Maria Flotats y Pep Planas daban vida a los dos pensadores de las luces, sin olvidar que representaban dos maneras de ver el mundo. Josep Maria Pou también se puso en la piel de Sócrates. Y poco más. Sentís y Moukhles están de acuerdo en que el teatro conduce más a la acción que a la reflexión. “Si el espectáculo desprende alguna idea, no será de Deleuze”, avisa Sentís. “La idea quizá surge una vez acabada la pieza”, asegura Moukhles.Ellos, de hecho, no han querido defender ninguna teoría ni pretenden hacer zambullir al espectador en la complejidad del pensamiento de Deleuze. Pero sí buscan entender al personaje. Pau Matas los ha ayudado en la dramaturgia y, en escena, los acompañará Cris Martínez. Moukhles y Sentís tampoco han intentado hacerse amigos del filósofo: cuando el filósofo murió, ellos no habían nacido. Les viene a la cabeza cómo defendía que los mejores encuentros nunca son con personas, sino con las ideas. “Siempre decía que escribir es limpio y que hablar es sucio, y el máximo exponente de eso último es el escenario”, remata Sentís.