En Tregua, que no paz, que acaba de publicar
Sexto Piso, la escritora
Miriam Toews –conocida sobre todo por el libro Ellas hablan, que se llevó al cine– va trazando fragmentos de memoria familiar y tratando de recolocarse tras el suicidio de su hermana. Para la canadiense Toews, el inglés es en realidad su segunda lengua, puesto que se crio en una comunidad menonita que tenía como lengua vehicular el plautdiesch. Se calcula que ahora la hablan unas 400.000 personas en el mundo, sobre todo en México,
Bolivia,
Paraguay, Brasil,
Argentina y
Uruguay, aunque también en Estados Unidos y Canadá. El plautdiesch se suele describir también como un bajo alemán, un dialecto que se desarrolló en la antigua Prusia en los siglos XVI y XVII y que distintas oleadas migratorias fueron trasladando a Norteamérica. “En la lengua materna de mi madre, que es un idioma sin escritura que está muriendo en el mundo y que de entrada nunca es que estuviera muy vivo, la única palabra que hay para vagina, útero cérvix, vulva, labios o cualquier parte íntima femenina es da mutter, que significa la madre”, escribe Toews.Imagen de la película 'El pequeño salvaje' de
François Truffaut ArchivoLA CRIATURA MÁS ESCRITA DEL MUNDOPrimero lo llamaron Joseph, después le cambiaron el nombre a Victor. En general ha pasado a la historia como el Pequeño Salvaje o el Niño Salvaje, como en la película que le dedicó
François Truffaut. El 9 de enero de 1800 emergió del bosque de Saint Sernin una criatura de unos diez o doce años y todos los que lo veían lo identificaban como una especie híbrida, un niño animal que caminaba erguido y no hablaba ninguna lengua conocida. Solo una cosa estuvo clara para ese crío del que hablaron y escribieron Locke y Rousseau: desde el principio fue contenido. Todo el mundo quería hablar de él porque, como tema, era irresistible. El primero en hacerlo fue Pierre-Joseph Bonnaterre, un sacerdote y naturalista que vivía en la misma zona, en Rodez, que acudió raudo a estudiar al chaval del bosque y quiso apresurarse a ser el primero en publicar sobre él. Poco después vendría una obra de teatro en clave sensacionalista y toda la producción generada por el niño de Saint Sernin. El experimento prohibido, el libro que el crítico cultural Roger Shattuck escribió sobre esta historia es también la historia de todo lo que se ha dicho sobre esa pobre criatura y la historia de su relación con el médico Jean Itard y la estudiosa y cuidadora Guérin.Morrissey en el Auditorio de Zaragoza Princesa Leonor el pasado 14 de marzoGettyMEJOR NO CONTAR CON MORRISSEYComprar entradas para un concierto de Morrissey es una apuesta de alto riesgo, como comprobaron a su pesar quienes tenían tickets para verlo en València la semana pasada. El ex líder de los Smiths canceló en el último minuto porque, según dijo, estaba “catatónico” por el ruido de las Fallas y no pudo descansar como le gusta. Una web de fans de Morrissey llamada We Heart M va llevando el contaje de todos los conciertos que cancela el músico y calculan que, contando su tiempo con la banda, han sido unos 400 bolos. Sólo el año pasado anuló la mitad de las citas que tenía contratadas y en lo que va del 2026, además de no tocar en València, tampoco lo ha hecho en Atlanta, ni en San Diego, ni en Saint Louis ni en la República Dominicana. Cuando sí que se presenta al concierto, tampoco hay que contar con que lo terminará. En el 2009, el músico interrumpió su actuación en el festival Coachella, en California, porque le llegaba al escenario el olor de la carne asándose en las brasas –el mancuniano es vegetariano militante y prohíbe la venta de carne en sus conciertos– y en 2014 se fue de un concierto en Varsovia porque no le gustó lo que le gritaban desde el público.ALEJANDRO Y CATALINA EN EL CHAPARRALLa estela de las Cumbres borrascosas de Emmerald Fennel está llevando a algunos críticos a repasar previas adaptaciones de la obra de Emily Brontë, que no pueden ser más diferentes entre sí. Andrea Arnold interpretó la obra como una dialéctica de clases enfangada en Yorkshire y Jacques Rivette trasladó la acción a las Cévennes francesas en los años 30 del siglo pasado, en Hurlevent. De todo este revisionismo borrascoso está saliendo victorioso Luis Buñuel, que rodó quizá la versión más libre de todas, Abismos de pasión, en la que trasladaba el romance de Heathcliff y Cathy –aquí Alejandro y Catalina– de los páramos ingleses a los chaparrales mexicanos. Buñuel cultivó una obsesión con la novela de Brontë desde sus años estudiantiles y cuando ya en el exilio mexicano, a mediados de los cincuenta, le cayó el extraño encargo de rodar una comedia musical con un reparto ya contratado, ofreció ese trueque a los productores: ¿y si rodamos Cumbres borrascosas? Como casi todos los adaptadores, el aragonés prescindió de la segunda mitad de la novela, en la que el fantasma de Cathy persigue a Heathcliff, y se centró en la plasmación del deseo entendido como una forma de purulencia. Al parecer, el rodaje fue un infierno. La película se puede ver en Filmin.