Nota preliminar: El formato de la crítica literaria es reacio a las notas a pie de página, y puesto que el último libro de
Patricio Pron (
Rosario, 1975) cifra buena parte de su sentido en las notas a pie de página —que van pues mucho más allá de meras anotaciones al texto principal para matizar, apuntalar, expandir e incluso reorientar lo expuesto— es posible que no pueda hacerse justicia a su riqueza y complejidad, su desafío y su juego, sin una segunda voz que vaya refractando y profundizando línea a línea todo lo resumido.En su arranque, En todo hay una grieta y por ella entra la luz expone el proyecto del narrador de completar una biografía de
Benjamin Fondane, poeta y cineasta ligado al surrealismo y de trágico final, pero ya a las pocas páginas se nos revela su imposibilidad, y a partir de aquí, el libro parece alimentarse o bifurcarse a partir de los dos elementos que han provocado su abandono: 1) uno, al que se le llama “el acontecimiento”, ligado al dolor físico, que va llevando la obra por los senderos de las experiencias personales del protagonista, callejeo —un flanêur hambriento—, conversaciones, visitas a museos y cementerios... y 2) otro de orden conceptual; la asunción de que el sujeto de estudio era un enigma irresoluble, su vida secreta inalcanzable, conducirá la obra por la senda de la disertación teórica y filosófica. En Fondane, leemos, había “algo parecido a lo que reside en las declaraciones de los locos y los santos: que sabemos que está allí, agazapado, esperándonos, pero no podemos comprender porque no somos santos y aún no estamos locos”. ¿Qué ven los locos y los santos, a los que podemos llamar artistas, creadores, rebeldes o visionarios? ¿Qué podemos aprender de ellos? ¿Cómo nos ayudan a reeducar la mirada, a abrir horizontes de posibilidad? El propio narrador se une a su estirpe.⁄ Esto no es una novela ni un ensayo, ni siquiera una autobiografía, sino un artefacto o una carta abierta al lectorEsto no es una novela ni un ensayo, ni una autobiografía, pese a reproducir varios episodios ligados a la vida de su creador, sino un artefacto o una carta abierta al lector en la que hay una máquina pensante en su centro, obsesionada con la referencia intertextual —el libro se nutre de invitaciones al reconocimiento y/o al descubrimiento enriquecedor, detalladas en los agradecimientos—, hipersensible al entorno e inasequible al desaliento existencial, que se interroga y lanza hipótesis sobre lo más inmediato y tangible —su radiografía de Nueva York, especialmente de noche, es capaz de descubrir nuevos ángulos sobre la el escenario seguramente más explotado del planeta—, a lo más abstracto y abierto a la interpretación —el quid de las relaciones amorosas, la obra de Caspar David Friedich y Arnold Böcklin, la cartografía, la ontología de los animales...—, donde la escritura —su potencialidad para interpretar el mundo y proveernos de un sinfín de existencias— transpiran por cada poro, encontrando en un videojuego malo llamado The Novelist y en los doce diarios que un autor experimental consagró a la disección del año 1981 dos extremos opuestos de su uso. En todo hay una grieta... , sin embargo, posiblemente sea sobre todo una llamada a desafiar el catastrofismo actual —por sus páginas circulan referencias a la pandemia, a Donald Trump, al cambio climático, a la inmigración...—, a acudir al pasado para repensar el futuro —excelente las figuras especulares de Fondane y el abuelo materno—, a desafiar esa recurrente proyección apocalíptico que dibuja “la Tierra como un montón de escombros y pérdidas” a partir del acercamiento al otro y de habitar la Naturaleza desde otros lugares. Alguien “incapaz de dejar mis ideas tranquilas” , Pron le concede al mundo la atención que necesitaba bajo un estimulante laberinto de bifurcaciones, apuntes y digresiones pero, ojo, que hay un zorro (o dos) que nos muestran el camino de salida —o el camino a la santidad—, la grieta hacia la luz.-----------------------------
Patricio Pron. En todo hay una grieta y por ella entra la luz. Anagrama. 232 páginas. 18,90 euros