En
Barcelona, los ninots y las fallas también ardieron en las calles durante una época convulsa para la ciudad y todo el país. Fue durante la
Segunda República cuando las comunidades de valencianos que habían emigrado a la capital catalana impulsaron esta tradición —hoy exclusiva de la Comunitat Valenciana—, llegando a contar, incluso, con el apoyo de la
Generalitat de Catalunya. Sin embargo, la costumbre se fue diluyendo tras el fin de la guerra, desvinculándose de la festividad de San José y fusionándose poco a poco con las hogueras de Sant Joan hasta desaparecer en los años setenta.El periodista y escritor catalán
David Martínez revive esta ya olvidada tradición en su libro Històries de
Barcelona (Viena Edicions, 2026), una obra ideal para recuperar hasta ochenta curiosidades históricas documentadas de la ciudad, algunas prácticamente desconocidas. En conversación con
La Vanguardia, Martínez subraya hasta qué punto las fallas de
Barcelona son un fenómeno olvidado: “Es un tema prácticamente inexplorado. Cuando empecé a investigarlo no había bibliografía, no se había publicado nada concreto y todo estaba muy poco documentado”, detalla.Tal como explica Martínez, las Fallas en Cataluña se habían consolidado cómo tradición durante la primera mitad de siglo en ciudades cómo
Tarragona, de la que hay cierta documentación. También hay hoy en día fallas en ciudades como Gavá, Pese a que las fallas en
Barcelona llegaron a ser un fenómeno multitudinario entre 1934 y 1935, la documentación al respecto es escasa. El hallazgo del periodista, de hecho, fue fruto de la casualidad. “Todo empezó al encontrar una fotografía en el Archivo Fotográfico de
Barcelona que me llamó mucho la atención. A partir de ahí, empecé a reconstruir la historia tirando de hemeroteca”, detalla.Fue gracias a la
Barcelona" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="85516" data-entity-type="organization">Casa de València de
Barcelona —entidad fundada en 1927 para promover actividades entre valencianos que habían emigrado a la capital catalana— como se impulsaron estas iniciativas. Tal como explica
David Martínez, una de ellas era el “Tren Fallero”, una iniciativa que llevaba a los valencianos de
Barcelona en tren para ver las fallas en su tierra. “Por eso en Sant Josep no estaban aquí y celebraban las fallas de
Barcelona por Sant Joan”, revela. Por aquel entonces,
La Vanguardia ya realizó la cobertura de los acontecimientos.
David Martínez ha recuperado la historia de las Fallas en
Barcelona y muchas más en su libro 'Historias de
Barcelona', publicado este marzo de 2026CedidaEl 'tren fallero' llevaba los valencianos a ver las Fallas de su tierra por San José desde BarcelonaDavid Martínezperiodista y escritorAquella comunidad valenciana se concentraba en zonas como el Paral·lel, el Poble-sec o Sant Antoni. “Había una colonia valenciana muy numerosa en estos barrios, y eso explica que mantuvieran vivas sus tradiciones”, añade. En los años noventa encontramos un caso de importación cultural similar entre comunidades con los 'Foguerons de Gràcia', una fiesta tradicional de Mallorca que impulsó en 1992 un farmacéutico de Sa Pobla para los mallorquines del barrio barcelonés y que desde entonces se sigue celebrando de modo institucional.Las Fallas de
Tarragona se consolidaron cómo un evento cultural de la ciudad durante los años treinta Arxiu de l'Ajuntament de TarragonaHabía una colonia valenciana muy numerosa en estos barrios, y eso explica que mantuvieran vivas sus tradicionesDavid Martínezperiodista y escritorFue en este contexto cuando, en 1934,
Barcelona celebró sus primeras fallas. No lo hizo en marzo por Sant Josep, como en Valencia, sino adaptando la fiesta al calendario local: la cremà coincidió con la verbena de Sant Joan, integrando así dos tradiciones populares en una misma celebración. Lejos de ser un simple experimento anecdótico, las fallas en
Barcelona llegaron a tener una presencia notable. Aquel año se plantaron hasta cinco monumentos en distintos puntos de la ciudad, especialmente en el entorno de la Ronda de Sant Antoni y el Paral·lel.Las fallas más espectaculares de
Barcelona en 1934: una reproducción de un monumento a Colón y la reproducción de una casa de la Horta valenciana, ambas en la Ronda de Sant Antoni. Pérez de Rozas, Arxiu Municipal de BarcelonaLas fallas barcelonesas incorporaban elementos propios de la cultura valenciana, como barracas tradicionales, pirotecnia y celebraciones populares. Durante esos días, barrios como el Poble-sec acogían verbenas, puestos de horchata y espectáculos, creando un ambiente festivo que conectaba ambas culturas. En 1936, la celebración alcanzó su punto álgido: las instituciones republicanas impulsaron un acto de hermanamiento entre Catalunya y València que reforzó el carácter simbólico de la fiesta.Las instituciones republicanas impulsaron un acto de hermanamiento entre Cataluña y Valencia, reforzando el carácter simbólico de la fiesta. Ambas Generalitats, junto al Ayuntamiento de
Barcelona, promovieron una exposición de ninots en el subsuelo de la plaza de Catalunya —y no en el Palau—, mientras se plantaba la mayor falla de la ciudad junto a la Font Màgica de Montjuïc: una reproducción del campanar del Micalet (València). Tal como recoge el Archivo Municipal de
Barcelona, la cremà tuvo lugar, en ese caso, durante la verbena de Sant Pere y culminó con una gran traca y los reflectores de Montjuïc proyectando los colores de la senyera.Falla de
Barcelona impulsada entre catalanes y valencianos en la Avinguda Mistral de Sant Antoni, un símbolo de hermandad y protesta contra la guerra civilAquest és Pérez de Rozas, Arxiu Municipal de BarcelonaMás allá del espectáculo, las Fallas en
Barcelona reflejaban un momento de intercambio cultural y convivencia entre territorios, en una ciudad marcada por la diversidad de procedencias. El estallido de la Guerra Civil marcó un punto de inflexión. Como tantas otras celebraciones populares, las Fallas desaparecieron de la vida pública durante el conflicto y la posguerra. “El desencanto de la Guerra y la fusión con la cultura catalana hicieron que se diluyeran las Fallas hacia Sant Joan hasta desaparecer por completo”, explica Martínez.Aunque la tradición se recuperó de forma puntual en el barrio del Poble-sec durante los años 40 y 50 —integrada en la fiesta mayor del Paral·lel, con la quema de ninots y la elección de una “fallera mayor”—, tal cómo aparece en la hemeroteca del archivo municipal de
Barcelona, nunca volvió a alcanzar la relevancia de los años anteriores. Con el paso del tiempo, la celebración se fue diluyendo hasta desaparecer por completo del calendario festivo barcelonés.Cartel que anunciaba las fallas en Montjuic, impulsada por la Generalitat de Valencia, la de Catalunya i el Ajuntament de BarcelonaArxiu Municipal de BarcelonaEl desencanto de la Guerra y la fusión con la cultura catalana hicieron que se diluyeran las Fallas hacia Sant Joan hasta desaparecer por completoDavid Martinezperiodista y escritorLa expansión de las Fallas fuera de Valencia no fue un fenómeno aislado. Según recoge el decreto de 2012 que las reconoce como Bien de Interés Cultural Inmaterial, la fiesta experimentó un crecimiento clave durante las décadas de 1920 y 1930, cuando pasó de ser una celebración local a convertirse en un gran foco de atracción cultural y turística. En ese contexto, impulsadas también por comunidades de valencianos emigrados, las Fallas comenzaron a plantarse en otras ciudades como Madrid,
Barcelona o incluso fuera de España, llevando consigo una tradición popular que ya entonces empezaba a consolidarse como símbolo colectivo.Graduado en Periodismo en la Universitat Autònoma de
Barcelona. Redactor de RAC1.cat. Antes, en informativos de RAC1 y en la redacción de
La Vanguardia.