El talento no tiene bandera El giro nacionalista de EE.UU., que ya no atrae al talento de todo el planeta que lo había convertido en superpotencia, es autodestructivo. Si Washington hubiera puesto antaño la nacionalidad por encima del talento, hoy no sería líder tecnológico, porque la mayoría de los grandes emprendedores de
Silicon Valley llegaron con un visado de estudiante. El de
María Jesús Puertas es otro ejemplo, en este caso, en la
NASA, de lo que no hay que hacer cuando se convoca un premio científico. Y es que no hay que discriminar por nacionalidad, porque ni la ciencia ni la inteligencia tienen solo una si lo son de verdad. Si sigue así, la
NASA –que ya se ha quedado algo viejuna para los más jóvenes– dejará de ilusionarnos. Tal vez la
Agencia Espacial Europea podría aprovechar ese error para abrirse a los mejores, vengan de donde vengan. Es usted ingeniera de minas... ¿en la
Luna? Estudié ingeniería de minas, pero también seguí un máster en reciclaje y otro en bioconstrucción. Polímata lunar, pues. A los 50 me diagnosticaron un cáncer. Lo siento y me alegro de verla bien. Esta semana he acabado el tratamiento y estoy ya bien. Mi madre y mi abuela murieron de cáncer, y cuando fui diagnosticada quise utilizar la IA para entrenar un modelo de diagnóstico del cáncer de mama. ¿Lo logró? Ya lo tenía diseñado cuando vi el anuncio de la
NASA que pedía ideas para el reciclaje del material que los humanos llevan a la
Luna, el Lunar Recycle Challenge. ¿Tanto desecho llevamos allí? Y carísimo de traerlo todo de vuelta a la
Tierra. Las próximas misiones
Artemis, por ejemplo, tienen previsto generar 4.500 kilos de residuos de los astronautas, y devolverlos a la
Tierra desde la
Luna costaría 5.000 dólares por kilo. A priori parece más sostenible y barato reciclar allí sin traer la basura de vuelta. Por eso la
NASA premiaba con un millón de dólares el proyecto de reciclaje y, al enterarme, me presenté. El polvo lunar se llama regolito, y la propia
NASA me facilitó su composición y otros datos. ¿Qué hizo con ellos? Apliqué lo ya aprendido diseñando el modelo para el cáncer de mama con inteligencia artificial. Mi modelo es un random forest, un modelo de árboles de decisión... ¿Cómo se aplica? Los minerales tienen propiedades en la
Tierra, en la
Luna, en
Marte, donde sea. Cada mineral tiene una propiedad. Nos lavamos los dientes, por ejemplo, con fluorita, el flúor. Vamos a ver: ¿qué pasa si yo mezclo los desechos con esos minerales lunares? ¿No sería un buen modo de reciclarlos? Es lo que propongo: una economía circular basada en procesos que hacemos aquí en la
Tierra. No he inventado nada. Se trata de la pirólisis, la separación magnética. La única cosa que diseño es lo que se llama un digital twin, que es como un gemelo digital. Todo esto lo hice desde casa, sola. ¿Ha diseñado un prototipo? Pero que funcionaría con aparatos que serían transportados a la
Luna. Entrarían en ellos los desechos y saldrían subproductos que se podrían aprovechar allí mismo. Y, al final del proceso, quedarían solo 50 kg de residuos por retornar. Esos ya son muy manejables. Lo modelé y programé todo con Python, el lenguaje de programación... Parece que muy asequible para todos. Lo envíe a la
NASA y me dijeron que estaba admitido. Es mi triunfo. Pero la sorpresa llega cuando me dijeron que era la única ganadora internacional. Enhorabuena, congrats. Pero nadie se hizo eco. El premio eran tres millones de dólares, uno para esa primera fase que gané; pero las normas decían que si no eras ciudadano estadounidense, no tenías derecho a dotación económica. Siempre le quedará el honor. La
NASA sí que ha hecho el reconocimiento oficial y me envió el diploma. Yo consolé a mis hijos diciendo que el premio no siempre es dinero, que está el reconocimiento. Y ellos me dijeron que me quedara yo el reconocimiento y les diera a ellos el dinero. Son jóvenes: ya aprenderán. Perose habían presentado 1.200 proyectos de 80 países y ganó el mío... Eso no se lo quita nadie. Pensé en presentarme a la segunda ronda; pero ¿cuál es la sorpresa cuando salen las bases? Pues que la
NASA nos vetó a los participantes extranjeros. Primaron el pasaporte sobre el talento. Me invitaron a que me presentara con los winners estadounidenses, pero no podía ser líder de ningún equipo. Y me negué a ir de palmero. ¿No le piden más proyectos? Podía haber cinco ganadores internacionales y solo me dieron el premio a mí. Y la verdad es que me siento agradecida a la
NASA, porque podrían no haberme dado nada. Ni diploma ni reconocimiento ni nada. Y la verdad es que me lo dieron. ¿No quiere trabajar ahora para la
Agencia Espacial Europea? No se han interesado por mi proyecto, así que me estoy preparando para otro challenge de la
NASA. Ahora, para
Marte. ¿Y, además, trabaja como ingeniera? Soy freelance y asesoro a empresas. Diseño proyectos medioambientales y, entre otros, superviso canteras. ¿Sabe cómo llamé a mi proyecto lunar para la
NASA? ¿...? Esperanza. Hay que tener esperanza cuando uno se cae. Esperanza con el cáncer, también.