Dos años hacía de la guerra de
Ucrania y señalé un ganador:
Turquía. Por tres razones. Primera: había fabricado los drones que han revolucionado la guerra actual. En segundo lugar, protege la circulación del trigo ucraniano y ruso, bloqueado en el inicio de la guerra. Al estar en peligro la alimentación de África y
Oriente, la presión internacional obligó a ambos contendientes a respetar los buques que transportan el trigo por el
Mar Negro.
Turquía tutela el trigo que pasará por el Bósforo y los Dardanelos hacia el Mediterráneo. En tercer lugar,
Turquía, pese a ser miembro de la
OTAN, pactó con
Rusia la construcción en territorio propio de un centro gasístico que surtirá a los países europeos. Mientras
Ucrania se desangra y
Rusia lleva años empantanada,
Turquía ha aumentado su influencia geopolítica, reafirma su reputación internacional y obtiene beneficios económicos de la guerra de los demás. La versatilidad de
Erdogan en esta zona es insuperable: puente entre la
OTAN y
Rusia, interlocutor privilegiado a la vez de Trump y de Putin. KenCanningMás ha ganado con la guerra de Irán. Hace casi un mes del inicio del bombardeo de
Israel y EE.UU., y ya puede afirmarse que el principal beneficiado de este colosal error geopolítico de Trump es
Turquía. Pero evaluemos antes el antecedente primero de esta guerra: los acuerdos de Abraham. La administración del primer Trump promovió una idea poderosa: reunir la gran tecnología militar y tecnocientífica de
Israel con el inmenso poder económico, turístico y financiero de las petromonarquías árabes. Esta idea contaba con el aval de
Turquía,
Israel y los Emiratos; la decantación de los saudíes era cuestión de tiempo. Pero tenía un coste: el sacrificio de los palestinos. El acuerdo de Abraham implicaba dar por enterradas las expectativas políticas de los palestinos.
Hamas, como sabemos, abortó este proyecto con unas razias de terrorismo salvaje (octubre del 2023). La respuesta de
Israel fue absolutamente desmedida, obscenamente bárbara: devastación de Gaza y matanzas de civiles indiscriminadas y constantes.Lobo gris o imperio parásito, espera atrapar a los rebaños agonizantes de la regiónCon la tragedia humana y la ruina de Gaza, los acuerdos de Abraham naufragaron.
Israel, que ha sustituido al nacionalismo (sionismo) por el biblismo, ya solo tiene un plan para la región de
Oriente Próximo: debilitar a los vecinos promoviendo divisiones internas, fomentando antagonismos y enfrentamientos entre musulmanes (divide et impera). Lo que perjudica al mundo (el colapso de Ormuz) beneficia a
Israel, ya que arrastra a los árabes al paraguas militar de
Israel para defenderse de los ataques de Irán (dicho a la inversa: Irán podría atacar mucho más a los países del Golfo, pero no quiere romper todos los puentes con los árabes, no quiere empujarlos en brazos de
Israel).Ahora bien, si
Israel devastando y dividiendo la región abandera la guerra infinita (si deja de guerrear, cae, como el ciclista que deja de pedalear),
Turquía abandera la única estrategia pacificadora: reconstruir el califato. Pacificar la región en torno a su hegemonía, incluyendo un Irán muy castigado. Recordemos que
Turquía ha ganado la guerra de Siria, está presente como potencia hegemónica en el Mediterráneo oriental (Chipre, Bosnia, Albania, Libia) y ha aprovechado la crisis de Gaza para tejer connivencias con tradicionales rivales como egipcios y saudíes (recordemos a Lawrence de Arabia).
Turquía es un caso curioso. Ha sido descrito como un “imperio parásito”: avanza sin guerrear, atento a los errores ajenos. Fijémonos, por ejemplo, en el caso libio: después de que Sarkozy destruyera el orden de Gadafi (¡otro error colosal!), Libia entró en caos: tribus y facciones rivalizaban, mientras los rusos de Wagner depredaban.
Turquía asaltó tan sólo la región de Trípoli y se detuvo: ahora su orden en Libia es ya hegemónico.
Erdogan está entrenado para aprovechar el colosal error estratégico de Trump.
Turquía se postula como imperio pacificador de
Oriente Próximo. Esperará la degradación de los frentes y la fatiga de todos los actores. Esperará que el daño de
Israel a EE.UU. sea un clamor. Mientras el león de Judá guerrea insomne, el lobo turco, gris, discreto, astuto, espera el momento justo para atrapar los rebaños agonizantes de toda la región. El imperio otomano regresa en silencio (de ahí su invisibilidad en la prensa).