Que no nos pase por alto la primavera. Que el estado del mundo no nos impida ver que ella ha llegado. Es la única estación del año que llega avisando. Sabemos que está aquí por las flores y los brotes verdes de plantas y árboles. La primavera es un bofetón en la cara de los culpables de un mundo revuelto. Los tiranos no saben que ella es hermosa y es la vida que empieza de nuevo sin cargos ni amenazas.
Roser Vilallonga / ArchivoEl último número de la revista El Ciervo habla de la esperanza. La primavera es el canto de la naturaleza a la esperanza. En la vid se disparan los sarmientos, brotan las yemas y se extienden crudas y frescas las hojas que alegrarán de verde la viña. Y cuando llega la estación del buen tiempo, pensamos en
Rubén Darío y sus Cantos de vida y esperanza. Ahí están los poemas sobre la primavera, la célebre Marcha triunfal y el nostálgico Canción de otoño en primavera: “¡Juventud, divino tesoro / que te vas para no volver!”, cantado al punto por
Paco Ibáñez. La juventud no vuelve, pero la primavera sí y nos hace de alguna manera jóvenes. El tópico ya dice que contamos nuestros años por los abriles vividos.La lección de la primavera es que cada año es una oportunidadDarío estuvo por última vez en
Barcelona en 1914. Con sus casi dos metros de altura, se sentía, a los 47 años, cansado de rodar por el mundo. Se le oyó decir: “¡Madre mía, qué viejo estoy!”. Murió dos años después. Pero él abrió la puerta, entreabierta antes por
Bécquer, a la gran poesía española del siglo XX. Fue como su primavera. La representaron también
Verdaguer y
Rosalía de Castro. Fueron el brote verde de la nueva poesía, la que ya no olía a polvo de flor seca y naftalina.La lección de la primavera es que cada año es una oportunidad. La luz del día que empezó en Navidad continuará su rampa ascendente hasta el apogeo por San Juan. Y cuando en el hemisferio norte se acabe este ciclo de la esperanza, comenzarán de nuevo los brotes tiernos a brillar en el hemisferio sur, para recordar que todo es posible y casi todo está por hacer. El mundo no está necesariamente mal. La naturaleza misma nos envía el mensaje de que el progreso puede empezar hoy y que la biología ya se encargará de hacer desaparecer a los que matan.A todos los violentos, el retorno de la primavera les espeta en la cara: “Estúpidos, ¡pronto ya no estaréis, y vosotros sin saberlo!”. Nosotros vivamos ahora con esperanza la primavera como si fuera la primera y, por si acaso, como si fuese la última. Es la reina de las estaciones, y hay que escuchar su canto joven y claro de confianza.