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MON · 2026-03-23 · 05:00 GMTBRIEF NSR-2026-0323-29836
News/ “No digas que soy mayor”…
NSR-2026-0323-29836News Report·ES·Public Health

“No digas que soy mayor”: cómo el miedo a envejecer puede perjudicar la salud

El artículo trata sobre la gerascofobia, o el miedo a envejecer, y cómo este miedo puede afectar negativamente la salud mental y física. Este rechazo a aceptar la edad puede provocar estrés crónico, disminuir la calidad de vida e incluso influir en la salud cardiovascular.

Susana Pérez de PablosLa VanguardiaFiled 2026-03-23 · 05:00 GMTLean · CenterRead · 11 min

                                   “No digas que soy mayor”: cómo el miedo a envejecer puede perjudicar la salud
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El artículo trata sobre la gerascofobia, o el miedo a envejecer, y cómo este miedo puede afectar negativamente la salud mental y física. Este rechazo a aceptar la edad puede provocar estrés crónico, disminuir la calidad de vida e incluso influir en la salud cardiovascular. El miedo al edadismo, o al rechazo social por ser mayor, es una de las causas principales de esta fobia, afectando tanto el ámbito laboral como las relaciones sociales. Investigaciones de la Universidad de Valencia revelan que las propias personas mayores pueden mostrar actitudes discriminatorias hacia sí mismas y hacia el envejecimiento. Este "autoedadismo" demuestra que el problema va más allá de la preocupación estética, teniendo repercusiones profundas en la percepción personal y social de la vejez.

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Social Justice
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Older people show discriminatory attitudes towards themselves and the aging process.

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Gerascophobia is the fear of aging or recognizing that one has aged.

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Self-ageism has a negative impact on health.

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Rejecting aging can negatively affect mental and physical health, increasing pessimism and chronic stress.

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Ageism, or social rejection for being older, impacts both professional and social lives.

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Es un problema que, aunque a muchas personas les parece banal, no lo es en absoluto. Hasta tiene su propia definición: gerascofobia, como se conoce al miedo a envejecer. O, mejor dicho, a reconocer que se tienen —o que se aparentan— los años cumplidos. Puede empezar incluso a partir de los 40 años, aunque es un síndrome que se vuelve más agudo un par de décadas después.Y es que el rechazo a aceptar el envejecimiento tiene efectos claros tanto sobre la salud mental como física; mientras puede provocar un aumento del pesimismo y estrés crónico, también puede empeorar la calidad de vida de las personas que la sufren hasta el punto que llega a tener otras consecuencias, por ejemplo, en su salud cardiovascular, así como llevar a conductas de riesgo, entre los que se encuentran los retoques estéticos o algunos cambios de comportamiento con los que se busca aparentar menos edad.Lee tambiénDe este modo, no es raro encontrarse con casos de personas, incluso de un alto nivel profesional, que no quieren mencionar su edad, a pesar de contar con gran prestigio en su ámbito. “No me menciones como persona mayor, no quiero hablar, mencióname solo como experto en mi campo y por mi trabajo”, reaccionaba Ricardo (nombre ficticio), conocido profesional de 69 años, a la hora de proponerle una entrevista sobre el edadismo y las repercusiones que el envejecimiento tiene en su gremio. Y no es una excepción.Pero, ¿qué hay detrás de este miedo o “precaución” a que se sepa la edad concreta, incluso a reconocérsela a uno mismo, que se observa en multitud de personas tanto conocidas como anónimas que superan la sesentena? El pánico al edadismo, es decir, al rechazo social por ser mayores, porque más allá de suponer un problema estético para muchas personas por no querer (o poder) asumir sus cambios físicos, a menudo también tiene una cruda repercusión en el mundo laboral y las relaciones sociales.Las investigaciones realizadas por el Grupo de Investigación BestAGING de la Universidad de Valencia, que coordina la psicóloga social y experta en envejecimiento Sacramento Pinazo Hernandis, han llegado a interesantes resultados sobre este problema, que ellos definen como autoedadismo. Esta psicóloga revela que “los prejuicios hacia las personas mayores no solo provienen de la sociedad en general o de las generaciones más jóvenes; las propias personas mayores también muestran actitudes discriminatorias por motivos de edad hacia sí mismas y hacia el proceso de envejecimiento en sí mismo”.En cuanto a los motivos, afirma que “posiblemente está influenciado por las percepciones sociales que existen sobre las personas mayores o el envejecimiento, lo que produce que muchas interioricen y adopten las creencias limitantes que la sociedad manifiesta, percibiéndose a sí mismas como frágiles, incapaces o en deterioro simplemente por su edad”.A esto que explica Pinazo se le llama edadismo autodirigido o autoedadismo (self-ageism), y afirma que claramente “tiene un impacto negativo en la salud”. De hecho, estudios recientes como los de los expertos Levy et al. (2022) y Westerhof et al. (2023) “indican que la discriminación por edad afecta a la longevidad, reduciendo la esperanza de vida hasta en 7,5 años”, recuerda, “y que también influye en la participación social, provocando que las personas mayores se retiren de las actividades sociales”.Hay pocos estudios sobre el autoedadismo y falta validación de instrumentos dirigidos específicamente a las personas mayoresSacramento Pinazo HernandisPsicóloga social y experta en envejecimientoSin embargo, la investigación sobre el autoedadismo sigue siendo limitada en comparación con los estudios centrados en edadismo. “Hay pocos estudios sobre el autoedadismo y falta validación de instrumentos dirigidos específicamente a los séniors”, según ha avanzado Pinazo. Por ejemplo, en un artículo reciente, Husain et al. (2025) encontraron que un mayor miedo al envejecimiento se asociaba con niveles más altos de depresión, ansiedad y estrés. Alsenany (2025) demostró que la insatisfacción con la imagen corporal exacerba estos efectos, lo que indica que la percepción del deterioro físico puede intensificar el malestar psicológico. Según la teoría del manejo del terror, la preocupación por los cambios físicos visibles puede representar una amenaza existencial concreta, activando mecanismos de autoestigmatización (Martens et al., 2005) y facilitando la internalización de estereotipos negativos, lo cual tiene un efecto negativo en la salud mental.Pero, a pesar de ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha destacado la importancia de crear una nueva escala que incorpore tanto las experiencias directas de edadismo como la interiorización de las actitudes edadistas, además de garantizar que la escala sea válida y aplicable en todas las culturas y refleje la perspectiva de las propias personas mayores. Con este fin, la OMS ha desarrollado dos instrumentos: uno para evaluar las actitudes edadistas hacia las personas mayores (denominado Escala de la OMS sobre el edadismo hacia las personas mayores) y otro para medir las experiencias individuales de edadismo (la Escala de Experiencias de Discriminación por Edad de la OMS; WHO-AES). “La WHO-AES se encuentra aún en proceso de validación”, resalta Sacramento Pinazo.Algunas personas no aceptan el paso del tiempo. Getty ImagesY afirma: “Hasta la fecha, ha sido validada en el Reino Unido (Murray y Fuente-Núñez, 2023), en Moldavia (Li et al., 2025) y en el contexto chino (Gao et al., 2024); esta escala es una herramienta explícita para medir de forma directa y sistemática el edadismo, en consonancia con los estándares internacionales de salud pública y de medición del envejecimiento”.Respecto a España, aunque existen algunos instrumentos validados para evaluar la discriminación por edad, los especialistas aseguran que faltan cuestionarios para el autoedadismo. “Por eso, en un reciente estudio, hemos analizado las propiedades psicométricas de la Escala de Experiencia de Discriminación por Edad de la OMS en una población española y hemos utilizado también una escala de miedo a los cambios físicos asociados a la edad”, cuenta Pinazo. La muestra de su equipo de investigación de la Universidad de Valencia estuvo compuesta por 601 personas, el 65,2 % mujeres, y la edad de los participantes oscilaba entre los 50 y los 88 años, con una media de 66,98 años.Lee tambiénEntre las principales conclusiones de este estudio está que “el edadismo autodirigido está estrechamente relacionado con las actitudes negativas hacia el envejecimiento, la ansiedad relacionada con la edad y la percepción de la salud, lo que refuerza la utilidad del edadismo autodirigido como indicador de riesgo psicosocial”, revela la coordinadora del equipo de investigación. “Este patrón de asociación pone de relieve la importancia de las intervenciones psicológicas que abordan las creencias internalizadas entre las personas mayores, promueven percepciones sociales positivas del envejecimiento y refuerzan los recursos personales frente al estigma”.Según estos expertos, en contextos aplicados, esta escala de autoedadismo constituye un instrumento sólido para investigadores, profesionales sanitarios y responsables políticos dedicados a la identificación, prevención y reducción de la discriminación por edad. “Su aplicación sistemática puede servir de base para el desarrollo de intervenciones específicas y basadas en la evidencia, facilitar la evaluación rigurosa de su eficacia y apoyar la promoción de entornos más inclusivos y sensibles a las necesidades de los perfiles séniors. Además, hemos visto el papel que tiene el miedo a los cambios físicos asociados con la edad en el autoedadismo, produciendo al final problemas de salud mental”, concluye esta experta en envejecimiento.El edadismo autodirigido está estrechamente relacionado con las actitudes negativas hacia el envejecimiento, la ansiedad y la percepción de la saludSacramento Pinazo HernandisPsicóloga social y experta en envejecimientoPor otro lado, los autores de una guía dirigida a profesionales que tratan el edadismo y realizada por el Centre for Aeging Better, del Reino Unido, han alertado también de la “normalización” en la sociedad actual del edadismo, “lo que lleva a que una de cada 10 personas considere que la discriminación por edad, en realidad, no existe”. Y advierten de que esta falta de reconocimiento a quien más está perjudicando es a las personas que han normalizado en su vida cotidiana que no son capaces de reconocerlo y, por lo tanto, tampoco se plantean el buscar ayuda profesional para tratarlo. Por ejemplo, algunas personas mayores no reciben el tratamiento médico adecuado para su edad o no buscan ayuda para problemas médicos porque asumen que son una parte normal del envejecimiento.Estos profesionales concluyeron que las personas con ideas negativas sobre el envejecimiento corren un mayor riesgo de sufrir episodios cardiovasculares como ataques cardíacos y ataques cerebrales, estrés crónico, dificultades para caminar y de equilibrio, problemas con la memoria y enfermedades psiquiátricas como la depresión y la ansiedad. En cambio, descubrieron que tener ideas positivas sobre la edad aumenta la probabilidad de vivir más tiempo en mayor medida que los indicadores de longevidad ampliamente aceptados, tales como un nivel bajo de colesterol, una presión arterial baja, un índice de masa corporal bajo y no fumar.Desde el punto de vista médico también preocupa este autoedadismo. “El aumento de la esperanza de vida ha ampliado el periodo vital posterior a la jubilación, haciendo más visible la necesidad de redefinir esa etapa como una fase útil, activa y adaptable, y no como el final de la vida productiva”, explica Jesús Santianes, especialista en Geriatría y Medicina Familiar, que coordina el Grupo de Trabajo de Cronicidad y Dependencia de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). “La barrera simbólica de los 65 años resulta cada vez más arbitraria, ya que muchas personas mayores de 65, 70 o 75 años mantienen su capacidad intelectual, que se suma a su experiencia y valor profesional. Por lo tanto, tienen que pensar que la jubilación no implica necesariamente pérdida de utilidad ni de aportación social”.Hay tres aspectos que entran en juego a la hora de analizar los casos de “negación” del envejecimiento. Por un lado, el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, por lo que después de la edad de jubilación se pueden tener aún por delante 15 o 20 años de vida de media, “lo que intensifica la pregunta sobre propósito, rol e identidad en esa etapa”, resalta este especialista. El segundo aspecto es el edadismo externo o social, “que incluye la discriminación directa asociada a la idea de que una persona mayor ‘ya no vale’ y también las formas indirectas, como la brecha digital y exclusiones que no siempre conscientes”.Lee tambiénY, en tercer lugar, está el edadismo internalizado por la persona, prosigue el especialista. “Es cuando la propia persona acaba asumiendo estereotipos negativos sobre la vejez; esa interiorización suele venir de ideas aprendidas desde edades tempranas y se activa cuando la persona entra en el grupo de edad afectado. Muchas personas no identifican conscientemente este proceso hasta que lo viven en primera persona y antes lo percibían como un problema social ajeno a ellos, hasta que forman parte de ese grupo y pasa a convertirse en autopercepción de exclusión o pérdida de valor para la sociedad”.De nuevo, ratifica que esta visión negativa del envejecimiento puede influir de forma importante en la salud física y mental. “Puede favorecer ansiedad, depresión, aislamiento y abandono de actividades. Además, suele dar una autopercepción de que se tiene peor salud de la que se posee en realidad. De hecho, este aspecto tiene relevancia clínica y forma parte de herramientas de detección de estos problemas, como la conocida escala de depresión geriátrica de Yesavage”, explica Santianes.Muchas personas no identifican conscientemente este proceso hasta que lo viven en primera persona y antes lo percibían como un problema social ajeno a ellosJesús SantianesEspecialista en Geriatría y Medicina Familiar, que coordina el Grupo de Trabajo de Cronicidad y Dependencia de la SemergenLas personas con ideas negativas sobre el envejecimiento tienen más riesgo de sufrir depresión. Getty Images/iStockphotoEntre los estudios que confirman esa vinculación con el edadismo, tanto externo como internalizado por la persona, hay peores resultados de salud y, como resume el geriatra, se trata de un círculo vicioso frecuente. “La persona deja actividades porque siente que ‘ya no encaja’ en ellas, lo que le lleva a reducir su actividad física y su red social, y esto hace que aumente el sedentarismo y el riesgo de hipertensión, diabetes, dislipidemia, osteoporosis y las fracturas”. Y, finalmente, el deterioro físico posterior refuerza aún más la idea de la persona mayor de retirarse de ir al gimnasio, por ejemplo, porque lo ve lleno de gente más joven, así como su idea de la autolimitación.Sin embargo, el coordinador de Cronicidad y Dependencia de Semergen remarca un mensaje importante: “La edad cronológica por sí sola no describe adecuadamente la situación real de una persona. Dos personas de 75 años pueden tener niveles de autonomía, salud y participación social completamente distintos. Así que la edad biológica es un concepto muy útil para la educación sanitaria porque, aunque no se trata de una calculadora exacta, es una herramienta didáctica para explicar capacidad funcional y reserva fisiológica”.Así, los especialistas que tratan las actitudes de “negación” del edadismo diferencian entre edad cronológica y biológica para ilustrar a los pacientes cómo los hábitos de vida pueden acelerar o ralentizar el deterioro funcional. Y observan que personas jóvenes con obesidad, tabaquismo o sedentarismo muestran una capacidad funcional equivalente a edades superiores y, a su vez, personas muy mayores con actividad física y hábitos saludables mantenidos durante décadas conservan capacidades propias de personas más jóvenes.La jubilación, un punto de inflexión para los séniorsEn cuanto a la edad a la que se empiezan a observar estos comportamientos de negación de la edad, por lo general, el momento crítico lo colocan los expertos en torno a la jubilación. Esta supone un cambio brusco de identidad, ya que de profesional en activo se pasa a ser persona retirada. Y, tras una primera fase de descanso, es cuando puede aparecer sensación de vacío y pérdida de propósito.¿Qué hacer entonces? “La principal recomendación es cambiar el marco mental del envejecimiento”, recomienda Jesús Santianes. “No debe entenderse como pérdida, sino como adaptación a una nueva realidad; el objetivo es conservar un rol activo y redefinir el sentido de esta etapa. Y actuar en varios sentidos, manteniendo una actividad física adaptada y sostenida; cuidando la estimulación cognitiva, mediante lectura, pintura, manualidades, crucigramas u otros hobbies, y preservar y ampliar la vida social y comunitaria”.Lee tambiénEl objetivo es combatir que la gente se ponga “autoetiquetas”, como “ya no valgo” o “ya no es mi sitio”. Además, hay que evitar idealizar la juventud como única etapa valiosa y reconocer los aspectos positivos del envejecimiento, como el tener más tiempo propio, mayor experiencia vital para vivir esta etapa o conocimiento acumulado, así como la posibilidad de dedicar más tiempo a familia, amistades o nuevas actividades. Y, a nivel social, añade Santianes, “es necesario actuar colectivamente, visibilizando el edadismo para que la sociedad reconozca cuándo está discriminando por edad. Es importante promover desde medios de comunicación y entorno sanitario un modelo de envejecimiento saludable y activo”.Además, estos especialistas aconsejan que no se relacione la jubilación con la desconexión del ámbito profesional, potenciando opciones de colaboración con los profesionales senior, manteniendo el vínculo profesional con las personas con las que se ha trabajado y, aunque se empiecen a desarrollar nuevos proyectos, ser conscientes de todo lo que se ha logrado y aportado y seguir haciéndolo con nuevos objetivos.
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