Acaso un personaje tan bizarro –en el sentido de extravagante– como
Carmen de Mairena, que en paz descansa desde hace seis años, contrajo suficientes méritos como para que el Ayuntamiento de
Barcelona le haya dedicado ahora una placa en recuerdo en el
Raval? ¿Es justo que un artista, sin duda controvertido pero indiscutiblemente universal, como Salvador Dalí no dé nombre a ninguna calle, plaza o parque de la ciudad? ¿Resulta admisible que el gran urbanista Ildefons Cerdà no cuente todavía con un monumento a su memoria en algún emplazamiento céntrico del
Eixample y que haya quedado arrinconado en una plaza que no lo parece? ¿Es de recibo que los reiterados intentos para que otro destacadísimo planificador urbanístico de la
Barcelona y la
Catalunya contemporáneas como fue
Joan Anton Solans caigan una y otra vez en saco roto? ¿Y tiene alguna explicación que
Juan Antonio Samaranch, el principal hacedor de que la capital catalana fuera sede de unos Juegos Olímpicos, tampoco se haya hecho un hueco en el callejero barcelonés?El debate sobre quiénes merecen o no figurar en ese gran libro de historia de la ciudad que es su nomenclátor –o en ese apéndice que son las placas-memorial que cuelgan de las fachadas de decenas de fincas en las que nacieron, vivieron o murieron personajes más o menos ilustres– es de aquellos que levantan pasiones. Casi tantas como los pesebres-no pesebres de la plaza Sant Jaume o las luces de Navidad. Detrás de estos homenajes para casi todos los gustos –excepto para los fans de los olvidados, que los hay, y en algunos casos de gran renombre– se esconden en muchas ocasiones motivaciones ideológicas y políticas, pero a veces la explicación es más sencilla: basta con el entusiasmo y la insistencia de un grupo de amigos del personaje en cuestión para accionar el motor de unos cambios que no siempre cuentan con el aval de una amplia mayoría ciudadana.A menudo la insistencia de los fans logra que un personaje sea honrado con una calle o una placaEl mejor ejemplo de cómo esa táctica de presión puede acabar superando todos los obstáculos se vivió en la Barceloneta pronto hará ocho años, cuando las viudas de
Pepe Rubianes consiguieron, con el apoyo de la entonces alcaldesa
Ada Colau y de algunos grupos municipales, que el humorista galaico-catalán expulsara del nomenclátor al almirante Cervera, por cierto, uno de los personajes históricos preferidos de
Fidel Castro.Una placa en recuerdo de Carmen de MairenaPersonaje único e irrepetible de la cultura popular barcelonesa. Un símbolo de la
Barcelona más canalla, nocturna y popular, vinculada al Paral·lel y al entretenimiento irreverente”. Con esta descripción del personaje justifica el Ayuntamiento el homenaje que
Barcelona rinde a
Carmen de Mairena (1933-2020). Desde ayer, una placa en su memoria cuelga del número 6 de la calle Sant Ramon, en el
Raval. La invitación cursada por el Consistorio para el acto de descubrimiento de la placa, amenizad por tres artistas drag queen de El Cangrejo, un local muy vinculado a Carmen Brau Gou, define a
Carmen de Mairena como “artista y luchadora por los derechos de las personas trans”. El comisionado de Políticas de Infancia, Adolescencia, Juventud y LGTBI, Javier Rodríguez, participó en este homenaje que es la respuesta del Ayuntamiento a la iniciativa de un grupo de amigos de la artista. “
Carmen de Mairena no es solo aquello que fue, sino lo que representó para el
Raval y para
Barcelona y para todas las personas que fueron relegadas a los márgenes en su lucha por la diversidad”. Unos honores que quizás le discutan quienes recuerdan a la tonadillera, que vivió sus últimos años en condiciones muy precarias, más por sus salidas de tono en sus apariciones televisivas, sus detenciones –fugaces– en un par de macrooperaciones policiales contra la prostitución o su antología de frases célebres que bien podría resumirse en una de las más suaves: “Yo tengo mucho talante, tanto detrás como por delante”.Desde hace ya tiempo asistimos a un lento proceso de feminización del nomenclátor que todavía tiene mucho camino que recorrer (la presencia de mujeres apenas alcanza el 8%). En los últimos años, sobre todo durante los dos mandatos de gobierno de los comunes, se han derrocado monarcas y apeado nobles, aristócratas, santas y militares del callejero. Y, a falta de calles, plazas y zonas ajardinadas para tanto nombre, la lista de espera de las personalidades que aguardan turno para recibir honores póstumos nunca acaba de vaciarse.Lee tambiénLas “placas en memoria” se han convertido en un apaño barato y menos complicado (muchos vecinos saben de los problemas que les acarrea el cambio de nombre de sus calles) ante la indisponibilidad de espacios y se ha revelado como una opción para honrar a personajes populares y del mundo de la farándula, desde Bernardo Cortés, el poeta de la Barceloneta, al actor José Sazatornil, Saza, y desde ayer
Carmen de Mairena.Y mientras tanto el merecido reconocimiento a Cerdà sigue esperandoEl de Ildefons Cerdà i Sunyer es el caso más escandaloso olvido de un personaje capital para entender la evolución de la
Barcelona contemporánea. El 2009 ya fue año Cerdà. Se conmemoró el 150.º aniversario del Pla de l’
Eixample. Aquella efeméride pasó y el ilustre ingeniero y urbanista siguió sin contar con un monumento más acorde a la relevancia del personaje que el alcalde Porcioles mandó instalar en la no plaza Cerdà en 1957 y que fue retirado en 1971.El 2026 vuelve a ser año Cerdà, esta vez con motivo del 150.º aniversario de la muerte del padre del
Eixample y todavía seguimos a la espera de que se cumpla la promesa del alcalde Jaume Collboni y el autor de la Teoría General de la Urbanización tenga el reconocimiento que se merece en un lugar muy céntrico de la ciudad, quizás en el cruce del paseo de Gràcia con la Gran Via, el enclave sugerido por el periodista Lluís Permanyer, otro barcelonés ilustre, fallecido el pasado año, de quien el alcalde, en un acto celebrado en diciembre en el Saló de Cent, dijo que será reconocido a título póstumo con la máxima distinción de la ciudad, la muy selectiva Medalla de Oro.Lee tambiénAl igual que
Carmen de Mairena, Cerdà ya cuenta con un placa de recuerdo, en este caso en la fachada del nº 49 de la calle Bruc. Y ello gracias al empeño del Col·legi d’Enginyers de Camins y del propio Permanyer y de Carles Cols, otro referente del periodismo local, que efectuaron un trabajo de investigación que confirmó que, en efecto, Cerdà residió en esa finca de la Dreta de l’EixamplePeriodista catalano-brasileño. Redactor jefe de la sección Vivir. Más de media vida en La Vanguardia