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MON · 2026-03-23 · 05:00 GMTBRIEF NSR-2026-0323-29860
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“Me he pasado los últimos años de mi vida aprendiendo a bailar para quitarme la dictadura que viví”

En una entrevista, el músico uruguayo Jorge Drexler habla sobre su nuevo álbum, "Taracá," el cual explora el ritmo tradicional uruguayo del candombe. Drexler explica que este álbum, el más percusivo de sus quince trabajos, refleja su deseo de celebrar la vida y superar las restricciones impuestas por la dictadura que vivió en su juventud.

Àlex Tort SaguésLa VanguardiaFiled 2026-03-23 · 05:00 GMTLean · CenterRead · 7 min

                                                                                                        “Me he pasado los últimos años de mi vida aprendiendo a bailar para quitarme la dictadura que viví”
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En una entrevista, el músico uruguayo Jorge Drexler habla sobre su nuevo álbum, "Taracá," el cual explora el ritmo tradicional uruguayo del candombe. Drexler explica que este álbum, el más percusivo de sus quince trabajos, refleja su deseo de celebrar la vida y superar las restricciones impuestas por la dictadura que vivió en su juventud. Menciona que durante la dictadura el baile estaba prohibido, y que ha dedicado los últimos veinte años a aprender a bailar y a incorporar ritmos bailables en su música. Drexler también expresa su gusto por el reguetón, conectándolo con raíces africanas y ritmos similares a la milonga y el candombe. Presentará "Taracá" en España, con conciertos programados en Madrid, València y Barcelona en septiembre y octubre.

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Drexler will perform in Madrid on September 26, Valencia on October 16, and Barcelona on October 31.

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Drexler grew up under a dictatorship from age nine to twenty.

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Drexler says he spent nearly twenty years learning to dance to overcome the 'dictatorship' in his joints.

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Drexler acknowledges the influence of African rhythms in reggaeton and candombe.

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Jorge Drexler's new album, Taracá, emphasizes percussion more than his previous fourteen studio albums.

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Termina la entrevista. Jorge Drexler (Montevideo, 1964) se ha mostrado aseverativo durante toda la charla. “Es que me involucro, cuando me gusta conversar me involucro”, afirma. Le gusta hablar. Y esta vez tenía muchas ganas. Tanto que incluso han hecho resonar varias onomatopeyas rítmicas: la milonga es ta ta tatá ta ta pong pangpang pong pangpang pong, y la clave del candombe es ta ta ta tatá. De este último, el candombe -un ritmo tradicional uruguayo con orígenes africanos- se nutre Taracá, un disco en el que los instrumentos de percusión toman más protagonismo que en cualquiera de sus catorce anteriores álbumes de estudio para expresar, entre otras cosas, que la vida está para aprovecharla, que carpe diem. El público en España tendrá ocasión de experimentarlo en directo el 26 de septiembre en Madrid, el 16 de octubre en València y el 31 de octubre en Barcelona, en el Palau Sant Jordi. De los quince álbumes de estudio que ha publicado, Taracá es el más percusivo. Está muy centrado de uno de los ritmos originarios de Uruguay como es el candombe, que es un ritmo afrouruguayo. Soy un hijo de la dictadura. Me crié en dictadura, desde los nueve años hasta los veinte. Pasé toda mi formación psicoafectiva, sexual y física en dictadura. Y una de las cosas que no se podía hacer era bailar. Me he pasado los últimos años de mi vida, casi veinte, quitándome la dictadura de las articulaciones, aprendiendo a bailar, tomando clases de baile, yendo a bailar después de los conciertos. Me ha gustado lo que he visto en el mundo del baile. Y me gusta que mis discos se puedan bailar.De hecho, en Ante la duda baila, el cuarto de los temas del disco, repasa algunos de los bailes prohibidos a lo largo del tiempo: la zarabanda, el chuchumbé, el tango, el reguetón...No solo está ese listado, sino también la prohibición personal que se ha aplicado cada cual, ya sea por pudor o porque no has aprendido, por falta de conocimientos técnicos, la dificultad, la prohibición... ¡La autoprohibición!, que es la peor de todas las prohibiciones. El pudor es una herramienta muy destructiva, tanto como una prohibición estatal.¿A qué distancia está usted del reguetón?Mucho menos de lo que la gente puede pensar. Me encanta el reguetón, me gusta desde hace tiempo. Me gusta muchísimo ese patrón rítmico 3-3-2, que es familiar de la milonga, la magia de la herencia africana, el acento 3-3-2 también del dembow. El candombe y su ta ta ta tatá. Son todo células culturales provenientes de África que han florecido en el espacio iberoamericano.“Yo no soy cantautor... suena como a ‘choripán’; yo soy un cancionista”“No vemos a dónde vamos, pero vamos acelerando”. Lo canta usted en el primer sencillo, Toco madera. ¿Qué hay detrás de esa frase?Me obsesiona la relación con la inteligencia artificial. Hay una carrera por llegar a la inteligencia artificial general, pero nadie sabe qué va a pasar cuando se llegue. Hay hipótesis mega catastrofistas y otras un poco más optimistas. Habría que saber a dónde vamos con la IA, pero lo único que importa en este momento es quién llega antes. Aun así, la canción aborda también las relaciones interpersonales y las decisiones vitales de una persona. Muchas veces no sabes a dónde vas a llegar, pero aceleras inclusive con inconsciencia. La inconsciencia también es parte de la manera en que el ser humano se relaciona con su destino.En sus canciones hay constantes juegos con las palabras: Toco madera evoca tanto a un intento de atraer la buena suerte como al sonido del tambor; “Taracá” es una aféresis de “estar acá”; en el título ¿Hay alguien A.I.? el juegos se explica solo... ¿Esto alarga sobremanera el proceso de composición de una canción?Se ordena el mundo cuando las palabras suenan. Me interesa esa idea del poder de la palabra, su poder demiúrgico, de generar un mundo. Pero también su potencial de ambigüedad y, sobre todo, el juego de palabras. Y eso vuelve muy largo y muy tortuoso el acto de componer. La última de las canciones, Las palabras, la empecé a escribir en el 2017 y la terminé en el 2025. El tambor chico la empecé en el 2014... Me cuesta mucho escribir.¿Puede realmente alguien, como sugiere en ¿Cómo se ama?, olvidarse de amar?Se nos puede olvidar todo. Si somos sinceros, yo creo que no hay nadie que en algún momento de su vida diga: '¿Pero estoy enamorado, o no lo estoy? No me acuerdo, no me doy bien cuenta cómo era estar enamorado'. Abundan en el álbum canciones que podrían enmarcarse en el carpe diem.La filosofía del carpe diem me toca muy de cerca... cada vez más. A medida que te vas haciendo mayor te vas dando cuenta de que la vida es efímera y que eres mortal. Y que eso está ahí, a la vuelta a la esquina, y que la esquina no está tan lejos como estaba antes. Pero luego hay frases como “se preguntarán qué es lo que hacemos cantándole al amor mientras el mundo se va al carajo”, en Nuestro trabajo, que quizá son un contrapunto a ese carpe diem.Al contrario. También es carpe diem. Está basada en lo pasajero de la vida. Disfruta la vida hoy porque vas a morir. Aprovecha el día. Va a ser difícil que encuentres en el álbum una [canción] que no tenga esa filosofía. Lo contrario al carpe diem es 'no te preocupes por esta vida terrenal porque habrá una vida futura y esta es la que realmente importa, así que organiza tu futuro'. Tu plan de pensiones... son cosas todas... no digo que no sean importantes, pero eso es lo contrario de disfrutar el día. Yo estoy todo el tiempo con el tema del presente. Hay muchas canciones de taracá, de estar acá, de estar ahora.A propósito de ¿Hay alguien A.I.?, sobre la inteligencia artificial: ¿la tecnológía es una amenaza para la música y los cantautores?¿Me estás preguntando a mí como cantautor?Sí.Yo no soy un cantautor. No me gusta ni el concepto ni el encuadre. No me gusta la palabra “cantautor”.¿Por qué?Ese diptongo ahí en el medio... esa conjunción de dos palabras diferentes... suena como.... yo qué sé... como a choripán, ¿sabes? Hay muchísimos cantautores que se reconocen como cantautores y de los que soy fan a muerte, como Serrat, como Sabina. No puedo ser más fan de ellos. Pero no me gusta ir por la vida con un rótulo por delante. ¿Qué piensas tú cuando te dicen cantautor? ¿Cómo definirías en cinco o seis palabras lo que hace un cantautor?Jorge Drexler. Sony MusicAlguien que crea sus propias letras y canciones.No, ese es el significado literal. O sea, entonces Björk es un cantautora, Verdi es un cantautor y Bad Bunny sobre todo es un cantautor. La definición de cantautor en realidad tiene un perfil estético muy definido. Y a mí me gusta trabajar con músicos del mundo del trap, del rock and roll, del jazz, de la canción de autor también. Yo soy un cancionista, si tuviera que decirte algo, que es una no definición. Pues rectifiquemos: ¿esos nuevos avances tecnológicos son una amenaza para la música y los cancionistas?Dime algún tipo de música que carezca de tecnología.Sí, siempre ha estado ahí. Como mínimo, desde que apareció el micrófono.No, muchísimo antes. Dime un árbol en el que crezcan las guitarras. La tecnología ergonómica de una guitarra, su tecnología del metal para el clavijero, su tecnología del nylon para las cuerdas, la tecnología de la madera complejísima, del barniz... ¡La extremada y depurada tecnología acústica que lleva a ser un violín! Un violín es uno de los prodigios tecnológicos más grandes que hay. Lo que pasa es que el concepto que tenemos de tecnología no hay que restringirlo a las máquinas. Es una herramienta que hemos usado toda la vida. La única música no tecnológica es la vocal pura o con percusión orgánica. Entonces, la respuesta es no. La tecnología no mata a la canción de autor ni a los cancionistas. Es una herramienta. Otra cosa es si la inteligencia artificial puede escribir canciones. De hecho, lo hace. Y eso ya es otra cosa...Lee tambiénAl principio de su carrera publicaba un disco cada uno o dos años. Pero a partir del 2010, más o menos cada tres o cuatro. ¿A qué es debido? ¿Aparece ahí con más fuerza el miedo a la hoja en blanco?La hoja en blanco me ha acompañado siempre, es esencial en el producto, en el acto de escribir. No le tenía ni más ni menos miedo a la hoja en blanco cuando empecé a sacar discos que ahora. Es cierto que cuantas más canciones escribes, más tienes que esforzarte por encontrar un espacio original en esa canción. Pero el miedo a la hoja siempre existe.¿Entonces?La razón para responder a tu pregunta es sumamente sencilla: hasta el 2010 no me pedían tantos conciertos. Es decir, el último disco [Tinta y tiempo] lo presenté en 35 países. Y hay otra explicación: yo no puedo escribir cuando estoy de gira. Antes una gira igual duraba tres semanas, después pasaron a durar tres meses, después doce, después veinte y después cuatro años. Y llegó un momento que yo tenía que decir: 'por favor, no contratemos más conciertos, que necesito quedarme en casa, escribir'. Si estoy de viaje no puedo escribir. ¿Por qué?Porque es muy disruptivo escribir. Si estoy en Lima, me gusta estar en Lima, salir, ver amigos en Lima, ir a la playa, ir a comer. No me gusta encerrarme en un hotel. Me entristece. He tocado en todos los países latinoamericanos, menos Honduras, en los últimos años. Entonces eso tiene un precio también: el de la dispersión. Te vuelves muy disperso para componer. Y yo necesito estar concentrado para eso. No me voy casi nunca a dormir después de un concierto. Salgo, voy a conocer la ciudad, voy a ver qué es lo que come la gente, cómo baila la gente en esa ciudad, qué música escucha. Y eso te sirve de trabajo de campo para darte cuenta de que hay público mío que me escucha a mí y a Bad Bunny, y le parece la cosa más normal del mundo, que no hay una contradicción.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF
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