Una es más pasional y dramática, y encarna el color rojo. La otra es más ambiental, y su color es el azul. Tienen 20 años y se conocieron en el Taller de Músics hace tres. A final de curso, cuando se volvió más intenso,
Lucía Sáez, que es de
Tarragona, se quedaba muchas veces a dormir en casa de Irene Sitja,
Iresitja. Empezaron a trabajar en el EP Claroscuro , un proyecto colaborativo en el que estas dos artistas independientes reflejan su cotidianidad diaria y situaciones que viven de manera distinta.Irene se mueve en el pop alternativo, su narrativa es directa y autoconsciente. Es calma. Lucía reivindica lo que a menudo callamos y escribe desde la nostalgia. En muchos aspectos, son contrarias, pero están bien ensambladas y se complementan. Una es campo y la otra, ciudad: siente desde el agobio y el ruido. Forman parte de una generación que no tiene mucha fe en el futuro y recuerdan una infancia esperanzada, quizá porque no sabían lo que pasaba en el mundo, admiten. En cualquier caso, les parece importante realzar las vulnerabilidades en sus canciones. La sensualidad, el ego y tomar perspectiva protagonizan las letras de un miniálbum que se desarrolla como si fuera una noche, desde que se pone el sol hasta que amanece.Empezaron a componer para expresar aquello que no podían verbalizar; Lucía es introvertida y le servía para canalizar sus emociones. En el escenario se transforma. Lo tiene todo calculado y entonces parece muy segura de sí misma. Irene improvisa más. Es optimista, una de sus canciones dice: “Confío en mi futuro y en mis ganas de olvidar”. Si pierde el móvil, piensa que ya lo encontrará. Ambas se han formado desde muy jóvenes y subrayan que hay muchísimo talento en
Barcelona y
Madrid. Explican que lo que necesita un artista en un momento tan incipiente como el suyo no es tanto una discográfica como un equipo, un mánager y un booker que te ayude progresivamente. Para darse a conocer, escriben e-mails. A veces Lucía aprovecha cuando está en la recepción del camping donde trabaja de marzo a septiembre, en Altafulla. Allí también tiene tiempo para pensar títulos, ideas y vídeos..
Joan Mateu Parra / Shooting / ColaboradoresEs importante hacer conciertos y tener presencia en las redes, lo que a veces las lleva a decirse que quieren ser músicas, y no influencers. Le dan mucha importancia al aspecto visual. Irene es barista y le encanta editar. Le habría gustado dedicarse al cine, de pequeña quedaba con una amiga para hacer doblaje. También hizo teatro musical en el Timbal, “creatividad por todos lados, pero sin un hilo conductor”, explica. No fue hasta los 16 años que se decidió por la música. Aprendió a tocar la guitarra y el piano de forma autodidacta; le ayuda a componer, aunque cantar es lo que más le gusta. Su padre ha sido promotor de conciertos toda la vida, sobre todo de artistas brasileños, así que ella y sus hermanas han ido a muchos desde niñas. En su casa sonaba Miles Davis, Carlinhos Brown. Tiene entradas para ver a Bad Bunny en
Madrid.Lee tambiénCon Lucía comparte gustos como Carlota Urdiales o Billie Eilish. Lucía también escucha a Sade, y ritmos urbanos, Juicy Bae, música cubana, Isaac Delgado. El flamenco le encanta: José el Francés, Camarón, Ketama. Su padre es bajista y fue alumno del Taller de Músics. Ella estudió piano durante la primaria, en la escuela de música. Sus abuelos maternos llegaron a
Tarragona de Murcia, y los paternos, de Extremadura. Su hermana mayor, la bailarina Nuria Sáez, que tiene el proyecto Jeta Collective, es un referente para ella. Ha colaborado en la grabación de los videoclips junto con otros amigos.Dentro de diez años, tendrán treinta. Para entonces, Irene se ve con un Grammy llenando estadios, “hay que pensar a lo grande”, ríe. Lucía querría una estabilidad económica y estar tranquila. Le gustaría hacer como Natalia Lacunza, que, sin ser superfamosa, es una artista respetada que puede dedicarse a su música. “Me parece difícil conseguirlo, pero es el sueño más real”. Trabajar de otra cosa, siempre que pudiera combinarlo con la música, también la haría feliz. Y concluye: “Tener mi propia casa estaría muy bien”.El presente¿Dónde viven?
Lucía Sáez en casa de sus padres, en
Altafulla. Irene Sitja en casa de su madre, en
Barcelona.¿Qué hacen de vacaciones? Lucía trabaja en un camping. De pequeña iba al pueblo de su madre, La Copa de Bullas, en Murcia. A Irene le gusta viajar. El verano pasado estuvo en Grecia y Filipinas.Medio de transporte. Lucía va en tren. Irene, “con el Bicing a todos lados”.Primer salario. Lucía lo tuvo con 17 años trabajando en un bar de su pueblo. Irene con 18 haciendo de elfo de Navidad.Una recomendación. Lucía: La película Romería, de Carla Simón. Irene: El disco Art of loving, de Olivia Dean, “no puedo parar de escucharlo”.Un clásico. Lucía: Las pequeñas cosas, de Josemi Carmona, “me encanta este disco”. Irene: La Catalana, “un restaurante de toda la vida al que voy con mi padre”.Un moderno. Lucía dice dos: Kyne y Carlota Urdiales. Irene: El café de especialidad.Redes. YouTube, Instagram y TikTok.Próximo concierto. Martes 24 de marzo en la Sala Or (Gràcia) acompañadas de Etérea, Gala Mun y Nur, organizado por Breaking Sound.