La primera gran derrota de
Giorgia Meloni ya es un hecho: los italianos han rechazado su reforma de la justicia. El referéndum constitucional que debía dar luz verde a la ley que separa las carreras de jueces y fiscales la ha ganado el no de forma clara: 53,7% frente al 46,3%, a la espera de las papeletas de los italianos en el extranjero, ya irrelevantes.La primera ministra italiana,
Giorgia Meloni, votando ayer en su colegio electoral FABIO FRUSTACI / EFEUn voto sobre una materia muy técnica adquiere así un claro significado político. Sobre todo porque, contra lo previsto, la participación ha sido muy alta. Esto ha hecho saltar por los aires los modelos estadísticos, clave en las encuestas. Ningún instituto había anticipado colas ante las urnas, inéditas tanto en referendos anteriores como en elecciones municipales. Señal de que, pese a lo que Meloni esperaba al inicio, la votación ha acabado convirtiéndose en un plebiscito sobre el Gobierno a un año del final de la legislatura, que en lugar de reforzar a la primera ministra da oxígeno a la oposición de centroizquierda, que ya empieza a organizar la revancha del 2027. Otros vencedores son los jueces, que han entrado en campaña participando en tertulias y actos públicos, con un protagonismo que no se veía desde los tiempos de los enfrentamientos con
Silvio Berlusconi. Un éxito celebrado ayer en el tribunal de
Nápoles, donde los magistrados entonaron Bella Ciao, el canto de la Resistencia antifascista.La primera ministra no tardó en comentar el resultado. Lo hizo con un mensaje publicado en sus redes sociales a primera hora de la tarde: “Los italianos han decidido. Y nosotros respetamos esta decisión. Seguiremos adelante, como siempre hemos hecho, con responsabilidad, determinación y respeto hacia el pueblo italiano y hacia
Italia”. Una forma de asumir el resultado, pero también de responder de inmediato a quienes, en la oposición, le piden un paso atrás, como el ex primer ministro
Matteo Renzi, que hace diez años dimitió precisamente tras perder un referéndum constitucional: “Meloni es un pato cojo; yo dimití como primer ministro, como secretario, de todo. Veremos qué hace Meloni”.En definitiva, Meloni sigue adelante, pero es evidente que un Gobierno que había avanzado prácticamente sin sobresaltos, al menos en política interna, tendrá ahora que reajustarse. La estabilidad, la gran bandera exhibida por la líder de derechas, deberá ahora ponerse a prueba. “Será un vía crucis este año”, vaticina de nuevo Renzi, con una previsión maliciosa.El frente exteriorLa crisis en Irán y el vínculo con Trump se convierten en un factor incómodo para MeloniEl resultado es muy claro también por la composición del voto, tanto geográfica como generacional. El no se impone en casi todo el país: solo vence el sí en Veneto, Friuli-Venecia Julia y Lombardía, además con márgenes ajustados. Ha faltado así el apoyo de las zonas productivas del país, en las que el Gobierno confiaba para sacar adelante la reforma. El no gana con comodidad también en regiones del norte como Piamonte y Liguria. Del Rubicón hacia el sur, en cambio, el rechazo es rotundo, con picos del 65% en Campania y del 61% en Apulia. El freno llega también en las grandes ciudades: Roma (60%), Milán (58%),
Nápoles (75%) y Turín (64%).El otro dato inesperado es la división por edades: el no alcanza el 61% entre los votantes de 18 a 34 años, mientras que el sí se impone por la mínima entre los mayores de 55 (50,7%).Factor generacionalEl voto joven se vuelca con el no y resulta decisivo en el resultado finalLos resultados se analizan con preocupación en las sedes de los partidos de la derecha, también porque al inicio de la campaña, a finales del 2025, los partidarios de la reforma parecían claramente en ventaja. Una certeza que la derecha empezó a perder a partir de febrero, lastrada por una campaña errática, con ataques a los magistrados y confusión sobre el contenido del referéndum. Mientras tanto, el frente del no se organizaba en defensa de la Constitución republicana de 1948, que los italianos han demostrado en varias ocasiones no querer modificar.La primera ministra había intuido que algo estaba cambiando y, en la última semana, hizo lo que quería evitar: una ofensiva mediática de última hora para movilizar a su electorado. Además de numerosas entrevistas en televisión y radio, Meloni participó incluso en un podcast del rapero Fedez, exmarido de la influencer Chiara Ferragni, en busca del voto joven. Su mensaje alternaba explicaciones técnicas con declaraciones deliberadamente exageradas: “Si gana el no, habrá pedófilos y violadores en libertad”.Esta presencia constante de la líder de Hermanos de
Italia ha terminado de politizar el referéndum, pese a que su mensaje era claro: “No votéis para echarme, sino sobre el contenido de la reforma”. A ello se sumó el estallido de la guerra en Irán, que desplazó la atención y reforzó la dimensión política del voto, con el foco en la relación entre Meloni y Trump, convertida en un factor incómodo.El centroizquierda se reactivaLa oposición toma impulso tras el referéndum y empieza a organizar primarias de cara al 2027Ahora el escenario cambia, no solo porque la primera ministra tendrá más dificultades para sacar adelante otras reformas, como la del llamado premierato, que refuerza los poderes del jefe del Gobierno. También porque la oposición, tras años de divisiones y resignación, empieza a creer en la victoria. Pocas horas después del cierre de las urnas, varios líderes —entre ellos el ex primer ministro Giuseppe Conte, presidente del Movimiento 5 Estrellas— plantearon elegir al candidato mediante primarias. Una propuesta compartida por su antiguo rival
Matteo Renzi, líder de
Italia Viva, y por los dirigentes de la Alianza Verdes e Izquierda. La líder del Partido Demócrata, Elly Schlein, no se descarta y se declara dispuesta. Ni Conte ni Schlein, sin embargo, piden la dimisión de Meloni: “Debemos derrotarla en las elecciones generales”, dice el líder del M5E. En la sede del Partido Demócrata hay euforia, aunque se reconoce que la victoria ha sido posible también gracias a muchos abstencionistas: “Me dirijo a ellos para decirles: criticadnos, pero participad”, es el llamamiento de Schlein.Queda en el cajón, quizá definitivamente, una reforma compleja: preveía la separación de las carreras de jueces y fiscales (como ocurre en España y otros países), la creación de dos órganos de gobierno —uno para jueces y otro para fiscales—, el sorteo de los miembros togados del Consejo para reducir el peso de las corrientes y un tribunal específico para juzgar las faltas disciplinarias de los magistrados. Un debate antiguo, al cual los italianos no parecen interesados.Meloni tendrá ahora que relanzar su agenda, pero el contexto internacional no deja margen para el gasto. Dentro de dos días, la primera ministra estará en Argelia para negociar un nuevo acuerdo de suministro de gas. Hace falta energía. Ya.