Francia vivió este domingo su último ensayo electoral antes de las presidenciales de la primavera del 2027. Las características específicas de estos comicios locales no permiten sacar conclusiones definitivas sobre cómo será la carrera hacia el Elíseo, pero sí dejan algunas señales sobre el comportamiento de los partidos y sus posibles alianzas. Las más evidentes ayer eran la discordia en el campo de una izquierda fragmentada y las llamadas a la unidad en la derecha.Las municipales presentan una casuística muy especial en cada uno de los 35.000 pueblos y ciudades del país vecino y, además, se han visto en gran parte eclipsadas por las consecuencias de la guerra en Irán. Pero han sido un buen test para comprobar el apoyo electoral a cada partido y cómo estos han tejido, o no, pactos con otras fuerzas para conseguir alcaldías, ya se verá si extrapolables a las elecciones al Elíseo.Los resultados dejan un veredicto mixto para las principales fuerzas políticas del país: la izquierda resiste en las grandes ciudades, la extrema derecha y sus aliados avanzan sin lograr sus grandes objetivos, aunque se anotan una importante victoria simbólica en
Niza, y los partidos mayoritarios han resistido en ciudades grandes y medianas.Como decimos, la izquierda ha retenido las alcaldías de las tres grandes ciudades francesas, París, Marsella y
Lyon. La capital seguirá en manos socialistas y el alcalde será
Emmanuel Grégoire, que ha ganado ampliamente a la conservadora
Rachida Dati. Otro socialista,
Benoît Payan, se mantiene al frente del Ayuntamiento de Marsella tras vencer, con una alianza de izquierdas progresista, al candidato del ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN). Y en
Lyon continuará como alcalde el ecologista
Grégory Doucet.La extrema derecha logra un avance moderado pero no consigue sus grandes objetivosLos socialistas han mejorado posiciones en aquellas ciudades en las que no se aliaron con la izquierda radical de La Francia Insumisa (LFI). La brecha entre el PS y LFI se ha agrandado y tanto los socialistas como los ecologistas dejaron claro ayer que
Jean-Luc Mélenchon, líder de LFI, es el gran problema para unir a la izquierda para las presidenciales. Ello reforzaría a la dirección del PS en su estrategia de distanciamiento de LFI y de su radicalidad. La coexistencia de una izquierda de gestión local relativamente estable con una izquierda más contestataria, encarnada por LFI, dificulta la construcción de una oferta política unificada de cara a las presidenciales. Además, el partido de Mélenchon recibió un jarro de agua fría al no vencer en Toulouse ni Lille, aunque se hizo con las alcaldías de Saint-Denis y Roubaix.En la extrema derecha, el RN de Marine Le Pen se ha quedado a las puertas de sus grandes objetivos y ha debido conformarse con pequeñas victorias para implantar su poder territorial, en especial en el sur y el arco mediterráneo. Su gran triunfo ha sido
Niza, donde Éric Ciotti, antaño figura destacada de la derecha y ahora aliado de RN, ganó dando a la ultraderecha y a sus socios el control de la quinta ciudad más grande de Francia.La derecha tradicional de Los Republicanos sigue siendo laformación con mayor implantación local. Pese a su declive en el plano nacional, el histórico partido de Chirac o Sarkozy dirige la mayoría de las localidades pequeñas o medianas y resiste a nivel municipal ante la subida de RN. Su líder, Bruno Retailleau, se ha declarado candidato a las presidenciales sin suscitar excesivo entusiasmo entre los suyos.El ex primer ministro Édouard Philippe, reelegido en Le Havre, mantiene su aspiración al Elíseo y se convierte en el candidato de la derecha moderada mejor colocado para hacer frente a Le Pen o a Bardella, presidente de RN, en las presidenciales. En cuanto a los macronistas, ganadores en Burdeos, buscan sucesor al actual inquilino del Elíseo y ya se ha postulado el ex primer ministro Gabriel Attal.Las elecciones locales reflejan la fragmentación política a un año de las presidencialesEstas elecciones dejan un paisaje político muy fragmentado y una polarización incompleta. Muestran una izquierda que conserva enclaves estratégicos, pero carece de cohesión; una extrema derecha en expansión territorial, aunque aún limitada en su capacidad de coalición; un centro macronista que aparece como un espacio bisagra cuya influencia dependerá de su capacidad para atraer apoyos en un contexto cada vez más polarizado, y una derecha republicana cuyo principal desafío estratégico es definir si su futuro pasa por una autonomía clara frente a RN o por formas de cooperación implícita que, hasta ahora, siguen siendo políticamente costosas.De facto la precampaña presidencial empezó ayer en Francia, aunque la mayoría de partidos no tiene aún candidato oficial. Todo ello entre llamamientos a la unidad, pese a que su capacidad para entenderse está por ver.