Los simpatizantes del divorcio sufrimos ayer un batacazo, que nos obliga a la autocrítica, a replantear nuestros liderazgos y cosas así: las demandas de disolución matrimonial cayeron un 11,7% en
España en el 2025. Rubberball/Mike Kemp / Getty¿Se trata de otro indicio del auge de la extrema derecha, partidaria de aquella manera del matrimonio? ¿Acaso damos lástima en lugar de envidia? ¿Hemos perdido prestigio social o somos víctimas de unas estructuras sociosanitarias, socioeconómicas y sociométricas que impiden comer paella para uno en los restaurantes?Los divorciados tenemos que volver a dar envidia y proyectar esperanzaAlgo estamos haciendo mal los divorciados –y sobre todo las divorciadas, que salen poco de noche– para que la ciudadanía casada prefiera quedarse como está, sin entrar en el efecto dañino de las series (¿cómo van a divorciarse las parejas si les quedan tres temporadas de veinte capítulos y han pagado la suscripción anual?).Un ejemplo. Fui invitado el sábado a una calçotada, la segunda de mi vida. Dos grandes anfitriones, Quim y Ana, todo parejas simpáticas y buen ambiente. Ni un pullazo conyugal. El único ejemplar de divorciado ibérico era yo. Me tuvieron que explicar veinte veces cómo se pelan unos calçots, llevarme en coche –no tengo– y al terminar la cuchipanda revelé mi plan de sábado noche: el campeonato de
España de los pesos superwélters en una nave industrial del Poblenou (¡gran combate!).Es decir: para pensárselo si estas casado...Yo podría soltar aquello de que “¡es la economía, casado!”, pero eso sería eludir este descenso de vocaciones. Tenemos que actuar en positivo y transmitir a la ciudadanía un estilo de vida atractivo, como el presidente del Barça o los colectivos de okupas. No son tiempos fáciles, cierto.
Pedro Sánchez tampoco ayuda porque, salvo ganar elecciones, le sonríe todo, hasta su esposa. Pero es ahora cuando hay que engatusar con promesas ilusionantes y dejarse de chistes sobre matrimonios, estrategia fallida porque encajan lo que no está escrito y encima se ríen, como si no fuera con ellos. ¡La próxima calçotada me condecoro con chorretadas de salsa! Y deslizo “¡ahora llego a casa y nadie me riñe!”. Todo por el divorcio.Nacido en
Barcelona, licenciado en Periodismo por la
Universidad de Navarra y becado un curso en la
Missouri-Columbia University, entró en '
La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en
Hong Kong (1987-1993),
Washington (1993-96) y
París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl,
Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.