Cuba se va quedando sola, sin aliados, sin combustible, sin electricidad y sin dinero. La presión de
Donald Trump sobre la isla y las declaraciones de su secretario de Estado,
Marco Rubio, calificando a las brigadas médicas cubanas como “trabajo forzado” han hecho que los países de
América Latina pongan fin a acuerdos de décadas con estas misiones. Se trata de una pérdida importante para
Cuba que obtenía con estas brigadas su principal fuente de ingresos, después del turismo. Según cifras oficiales del
Ministerio de Relaciones Exteriores, hasta el 2025, el programa contaba con más de 24.000 trabajadores de la salud en 56 países. Estas misiones cumplían también una función diplomática al compensar a países cuyos sistemas de salud no daban abasto. Sin embargo, según
Ariel, médico y profesor universitario, es el propio sistema sanitario cubano el que no da abasto para atender a su propia población. Las vacantes se quedan vacías porque se prefiere enviar a estos profesionales al extranjero, afirma. Para él, “ahí empezó la debacle”.Nadie en
Cuba se hace médico para resolver sus problemas económicos”
Ariel MédicoCuba mantiene la tasa más alta de médicos de
América Latina, con nueve por cada mil habitantes, no obstante, profesionales de la salud como
Ariel —y como todos los entrevistados para este reportaje— tienen un segundo trabajo que les permite sobrevivir, aunque esté prohibido por ley. La reputación de la medicina cubana no les ha servido para mejorar sus vidas. Las jornadas dobles de Arial pueden ser de hasta 18 horas diarias. Sabe que se arriesga, pero no tiene otra opción.“En los últimos tiempos, hay un chiste recurrente de que, si vas a un bar, a una discoteca, a un restaurante o a cualquier lugar, puedes ir sin miedo de que te pase algo porque allí donde vayas va a haber un médico o un enfermero trabajando porque todo está lleno de profesionales de la salud buscando otras fuentes de ingresos”, cuenta resignado.La situación de
Ariel no es la única. En
Centro Habana (
La Habana) se encuentra el
Hospital Hermanos Ameijeiras, el hospital público líder del país. Durante el último apagón total de la isla, su torre visible desde el Malecón habanero era la única que no había perdido por completo la luz. Allí, trabaja
Víctor. Es dentista, pero también tiene otro trabajo: administra departamentos de Airbnb. “A veces, no tengo ganas ni de ir al trabajo y me pregunto, ¿por qué no quiero hacer algo que me gusta? Voy en contra de mi voluntad y el antídoto es que ya una vez sentado en el sillón, escucho el sonido de los instrumentos de trabajo y ese trato con los pacientes es lo que me alivia, pero el sentimiento de decepción es latente”, se lamenta
Víctor, quien se planteó como otros colegas suyos abandonar la carrera y dedicarse a algo que le genere más de los casi 20 dólares que gana al mes como médico. Es tajante acerca de la causa del estado actual del sistema sanitario: “La mala administración gubernamental”, afirma.Actualmente, los hospitales en
La Habana lucen casi desiertos, entre la falta de médicos, la falta de suministros y también la falta de pacientes. Las consultas ambulatorias se han restringido considerablemente, así como las intervenciones no urgentes. En el hospital Calixto García, muy cerca de la Universidad de
La Habana, espero a Simón, médico a punto de jubilarse. Lo espero en una sala de recepción también desierta que tiene la televisión encendida, es el discurso del presidente Miguel Díaz-Canel anunciando las conversaciones con Estados Unidos. Nadie lo escucha.Un programa controvertidoLas brigadas médicas han pasado de ser un símbolo de solidaridad a un negocio lucrativo A Simón, que ha participado en varias misiones médicas, incluso en Oriente Medio, lo conocí mientras esperaba por más de una hora el triciclo, el transporte eléctrico que, ante la falta de combustible, lo llevaría al hospital. Su hijo le ha seguido los pasos y es parte de una brigada médica: “Aún no le han ordenado que regrese, pero está pensando en irse a Estados Unidos, le he dicho que no, que es muy peligroso. Otra opción también es Brasil”, cuenta. Simón sabe, sin embargo, que el peso de esta decisión sería enorme: ocho años de impedimento de regresar al país y el riesgo de ser calificado como desertor.Las brigadas médicas cubanas son un programa controvertido, aparecieron como un símbolo de solidaridad de la
Cuba revolucionaria hacia otros países, pero no tardaron en convertirse en un negocio lucrativo. “En el mejor de los casos, el profesional recibe el 50% del salario, en el peor de ellos, el gobierno cubano se queda con el 90%”, afirma
Ariel. Uno de los casos más recientes es el de Guyana que anunció el fin de la cooperación con las brigadas médicas después de que
Cuba no aceptara que los médicos recibieran sus salarios completos directamente.“En
Cuba nunca nadie se ha hecho médico pensando en que va a solucionar sus problemas económicos, pero antes tú lo veías con una ilusión diferente. Hoy los muchachos saben que necesitarán otro trabajo mientras estudian y que, si se gradúan, lo van a hacer puramente por vocación”, sentencia
Ariel. No se equivoca, Loipa, una estudiante de medicina de sexto año, concuerda: “Yo sueño con irme a Europa y poner allí una clínica que tenga también una parte gratuita para la gente que no tiene recursos”.