Hay ideas que enraízan en el imaginario colectivo y quedan talladas en piedra, incuestionables e inamovibles. Una de ellas es aquella que asocia la vejez (pongamos a partir de la edad de la jubilación, los 65-70 años) con un declive, más o menos lento pero a todas luces imparable, de las condiciones físicas y cognitivas de las personas. Hay investigadoras, sin embargo, que se cuestionan esas ideas. Y que, en su cuestionamiento, acaban desmontándolas, evidencia científica mediante.Una de ellas es
Becca R. Levy, profesora asociada de Salud Pública y Psicología de la
Yale School of Public Health, un centro perteneciente a la prestigiosa Universidad de Yale. En una investigación reciente publicada en la revista científica
Geriatrics, la experta internacional en la influencia de los factores psicosociales sobre la longevidad ha demostrado que casi la mitad (45%) de los adultos de 65 años o más muestran una mejora apreciable en la función cognitiva, la función física o ambas con el paso del tiempo; y que en más de la mitad se mantienen estables esas capacidades, sin perder facultades en ningún caso.Para el estudio, los investigadores liderados por Levy hicieron un seguimiento a más de 11.000 participantes del
Estudio de Salud y Jubilación, una encuesta longitudinal sobre personas mayores en
Estados Unidos. El equipo evaluó los cambios en la función cognitiva mediante una evaluación global del desempeño y las alteraciones en la función física mediante la velocidad al caminar, un indicador fundamental de salud en el envejecimiento debido a su estrecha relación con la discapacidad, la hospitalización y la mortalidad.“Los resultados de nuestro estudio cuestionan la creencia popular de que el deterioro continuo en la vejez es inevitable. Descubrimos que un porcentaje significativo de personas mayores muestra una mejoría en el rendimiento cognitivo y/o físico hasta doce años después, lo que vendría a demostrar que la mejoría en la vejez no es infrecuente, sino común, y debería incluirse en nuestra comprensión del proceso de envejecimiento”, explica la experta a
La Vanguardia.La importancia de la actitud ante la vejezLos autores del estudio se preguntaron entonces por las posibles razones por las que algunas personas mejoran y otras no. Lo que descubrieron, explica su autora principal, es que aquellos participantes mayores que habían adoptado creencias más positivas sobre la vejez al inicio del estudio mostraban una probabilidad significativamente mayor de experimentar mejorías a nivel físico y cognitivo con el paso de los años.Aceptar la vejez con optimismo, por tanto, ¿podría llegar a ser de alguna manera un pilar de salud durante la vejez? “Desde luego; en nuestra investigación hemos encontrado que las personas que adoptan creencias más positivas sobre la edad a partir de su cultura, o que encuentran formas de reforzarlas, tienden a tener ventajas en salud en la vejez. Por ejemplo, observamos que quienes han interiorizado creencias más positivas sobre la edad a partir de su cultura tienden a mostrar una mayor longevidad”, responde
Becca R. Levy.Lee tambiénAdemás, como destaca la profesora de la
Yale School of Public Health, al igual que ocurre con otros pilares de salud como la alimentación, el ejercicio físico o el descanso, la forma en que las personas perciben su edad se puede modular y cambiar, cuestionando, por ejemplo, determinados estereotipos asociados con la vejez, lo que abre espacio para nuevos abordajes en materia de salud para personas mayores.“Sabemos que niños de tan solo 3 años ya han interiorizado las creencias sobre la edad de su cultura, y que estas se refuerzan a lo largo de toda la vida. Esto sugiere que las políticas y actividades destinadas a reducir el edadismo y promover imágenes positivas del envejecimiento deberían comenzar a edades tempranas y mantenerse en el tiempo, para que personas de todas las edades puedan beneficiarse”, argumenta.Sabemos que niños de tan solo 3 años ya han interiorizado las creencias sobre la edad de su cultura, y que estas se refuerzan a lo largo de toda la vidaBecca R. LevyAutora principal del estudioPara Levy, en ese sentido, aunque lo ideal sería eliminar el edadismo que existe en ámbitos como el laboral, así como los mensajes negativos sobre el envejecimiento que se reciben en espacios como la publicidad o las redes sociales, hasta que eso ocurra, “también es importante que las personas desarrollen habilidades para cuestionar las creencias negativas sobre la edad y reforzar las positivas”. La experta, de hecho, anuncia que planea en futuras investigaciones seguir examinando intervenciones que puedan mejorar la salud en el envejecimiento reduciendo las creencias negativas sobre la edad y reforzando las positivas.Algunas de esas intervenciones, señala, se encuentran en su libro Breaking the age code: How age beliefs determine how long and well you live (Editorial William Morrow, 2022, sin traducción de momento al español), en el que demuestra que muchos problemas de salud que antes se consideraban exclusivamente debidos al envejecimiento, como la pérdida de memoria, la disminución de la audición y los eventos cardiovasculares, en realidad están influenciados por las creencias negativas sobre la edad; y en el que, además, presenta un método ABC, basado en la evidencia, con ejercicios que pueden resultar útiles a cualquier edad para cambiar esas creencias y beneficiar con ello a nuestra salud.La A del método, explica, corresponde a la necesidad de aumentar la conciencia sobre las creencias acerca de la edad, ya que estas creencias suelen estar tan integradas en nuestra cultura que a veces resulta difícil detectarlas. Un ejercicio útil al respecto que recomienda es llevar un diario de creencias sobre la edad. La idea es, durante una semana, ir anotando en ese diario —que puede ser analógico (una libreta) o digital (la app de notas del móvil)— cada imagen o mención de una persona mayor con la que nos encontremos, ya sea viendo una serie de Netflix o escuchando una conversación ajena en una cafetería. También las ausencias y los casos flagrantes de infrarrepresentación de las personas mayores.Después de registrarlo, hay que indicar si la imagen es positiva o negativa y, al final de la semana, hay que contabilizar el número de imágenes negativas, positivas y las ausencias que se han registrado. A continuación, por cada imagen negativa, se trataría de reflexionar sobre cómo esa persona mayor podría haberse presentado de una forma más positiva o de una manera que resaltara alguna de sus fortalezas. “En mis estudios he comprobado que este tipo de observación activa ayuda a desarrollar una mayor sensibilidad no solo hacia el edadismo más evidente, sino también hacia las formas más sutiles de exclusión y marginación”, concluye.