INTERNACIONALGuerra en Oriente Pr�ximoA principios de marzo, cuando el L�bano se sum� a la guerra regional, el
Rivoli habilit� sus dos pisos como ya hab�a hecho en 2024 para acoger a los desplazados que hu�an una vez m�sTaller en el cine
Rivoli de Tiro.Javier EspinosaEnviado especial Tiro (L�bano)Actualizado Martes, 24 marzo 2026 - 00:05Los muros del cine
Rivoli siguen decorados con los carteles de las pel�culas que sol�a exhibir. En su mayor�a t�tulos de la factor�a
Bollywood o del estilo de Ninja: American Warrior.
Qassem Istanbouli quer�a tambi�n que el recinto se convirtiera en depositario de la "memoria" de la regi�n sure�a. Por eso hay vitrinas con viejas cafeteras y vasos de �poca, entremezcladas con los rollos de pel�cula que cuelgan de las paredes.El
Rivoli forma parte de aquella historia de un L�bano definido por el glamour, cuando era uno de los cinco cines que ten�a la ciudad sure�a de Tiro y acog�a a artistas de la talla de
Brigitte Bardot, que asist�an a la exhibici�n de sus pel�culas. La escena art�stica de Tiro s�lo era un reflejo a peque�a escala de lo que ocurr�a en
Beirut, que lleg� a disponer de casi 50 cines en la d�cada de los 60 y principios de los 70, y una calle -la de Hamra- que consigui� el apodo de "los Campos El�seos" de la capital libanesa por la acumulaci�n de teatros y salas de exhibici�n art�stica de las que dispon�a.Como todo en este pa�s, la era que se recuerda con nostalgia qued� suplantada por el horror que impuso la guerra civil a partir de 1975 y las m�ltiples invasiones
Israel�es de las d�cadas subsiguientes. El
Rivoli sobrevivi� a duras penas a los estragos que caus� la ocupaci�n
Israel� de Tiro en 1978 y la que sufri� despu�s entre 1982 y 1985. Exhausto, como todo el pa�s, cerr� sus puertas a finales de esa �ltima d�cada. Istanbouli, nieto de un hakawati (contador de historias tradicional), se empe�� en rehabilitar el recinto y lo volvi� a abrir en 2018.Pero la naci�n �rabe no puede escapar a un destino que la ha asociado con la violencia. A principios de marzo, cuando el L�bano se sum� a la guerra regional, el
Rivoli habilit� sus dos pisos, como ya hab�a hecho en 2024, para acoger a los desplazados que hu�an una vez m�s, dentro de ese l�gubre ritual que se repite una y otra vez en el pa�s.Varios j�venes durante la actuaci�n.
Javier Espinosa"La gente vino sin que dij�ramos nada. La guerra no es nada nuevo [en el L�bano]. Aqu� tenemos a medio centenar de personas", manifiesta
Qassem Istanbouli, que tambi�n reside en el edificio junto a su familia.Por la ma�ana, el interior del habit�culo es una mezcla de colchones sobre el suelo de los que todav�a dormitan junto al escenario, las cazuelas con comida que se apilan en un lateral de la misma tarima o ropa extendida sobre las sillas que antes ocupaban los espectadores. El palco almacena decenas de focos, junto a cajas de cart�n -que en ocasiones sirven para definir los espacios donde habitan los desplazados-, y m�s colchonetas.La relativa placidez que se percibe en el interior del
Rivoli contrasta con la psicosis que se ha apoderado de Tiro -la principal ciudad libanesa situada en las proximidades de
Israel- desde hace varias jornadas. Tanto las aldeas del entorno como la mayor�a de las calles de la metr�poli aparecen casi desiertas ante la intensificaci�n de los bombardeos
Israel�es.Son las seis de la tarde. La hora en la que la actriz portuguesa Ana Palma, de 50 a�os, re�ne a los ni�os que habitan en el
Rivoli en el taller diario que organiza para abstraerles del conflicto. Hoy toca dibujar, aunque Faisal -otro de los desplazados- ameniza la actividad con su la�d. Notas que recuerdan melod�as como las de la cantante Feiruz, convertidas en himnos para los libaneses, que las escucharon mil veces durante la guerra civil que sacudi� al pa�s entre 1975 y 1990.La poblaci�n sure�a ha pasado una jornada "tranquila" para los referentes de esta comunidad de huidos. S�lo se ha percibido una explosi�n lejana. "Hace unos d�as pod�amos escuchar los silbidos de los misiles", precisa Khalil Qawar, que se ha instalado en el
Rivoli con su mujer y su hijo Ali. "No hay nada seguro en Tiro", le secunda Qassem.Entre el medio centenar de acogidos hay "veteranos" que ya recurrieron a este lugar como domicilio improvisado durante el conflicto de 2024. Fatima Hakim, de 52 a�os, se cuenta entre ellos. En aquella ocasi�n pas� 66 d�as viviendo en el palco del cine. Esta vez se ha trasladado al estrado principal.La vivienda familiar fue arrasada en la �ltima conflagraci�n. "S�lo nos qued� la cocina y una peque�a habitaci�n", relata la libanesa. Fue all� donde milagrosamente quedaron atrapados -pero vivos- su madre y sus dos hermanos hace s�lo algunas jornadas, cuando un nuevo bombardeo a�reo hizo que los pisos superiores del inmueble se derrumbaran sobre la casa. Fatima pas� dos horas llorando. Pensaba que los tres hab�an muerto. "Fue un milagro. Quedaron protegidos por un hueco que se form� con las paredes de la cocina", explica.Como refiere ella misma, salir del
Rivoli y desplazarse por la metr�poli constituye un ejercicio de fe. Una especie de ruleta rusa. Fatima dice que ha eludido la muerte en tres ocasiones. El d�a que iba a reunirse con su madre y sus hermanos en su casa y fue bombardeada. Otra jornada en la que sali� para recargar su tel�fono y la tienda a la que acud�a qued� reventada por dos cohetes. Y cuando se encontraba sentada en un jard�n local y la explosi�n de otro proyectil arranc� una ventana que cay� entera justo a su lado.Es por eso que Ana y Qassem se esfuerzan en que el
Rivoli sea una suerte de oasis de paz en medio de la guerra. "Un santuario de esperanza. Una burbuja en medio de la violencia", en palabras de la primera.Los desplazados que habitan en el
Rivoli forman parte de las decenas de miles de residentes sure�os que han huido a esta localidad tras el inicio de la guerra y que ahora se han visto atrapados por la intensificaci�n de los bombardeos
Israel�es. Salir o llegar a Tiro constituye un viaje que en palabras del portavoz del ej�rcito
Israel�, Avichai Adrai, "puede poner en peligro vuestras vidas". Una expresi�n cuyo significado no se escapa a los libaneses.Este domingo, la aviaci�n
Israel� destruy� uno de los principales puentes que conecta a la localidad sure�a con el norte del pa�s. Tel Aviv ha anunciado que piensa bombardear todas las v�as de acceso hacia el sur y el propio ministro de Defensa,
Israel Katz, declar� en esa jornada que pretenden "acelerar la destrucci�n" en las aldeas m�s cercanas a la l�nea divisoria siguiendo "el modelo" -expresi�n del ministro- que aplic� durante el genocidio de Gaza.Tel Aviv ha reaccionado con furia a la enconada resistencia de los militantes de Hizbul� en la frontera, aumentando la acci�n de su fuerza a�rea. La misma jornada dominical, un comando del tambi�n llamado Partido de Dios aprovech� las condiciones meteorol�gicas para superar los puestos avanzados del ej�rcito
Israel� situados ya dentro del territorio liban�s para infiltrarse en las cercan�as de la localidad de Misgav Ams y atacar esa poblaci�n con misiles antitanque, seg�n el relato del diario
Israel� Maariv. La operaci�n se sald� con un
Israel� muerto, quemado vivo en su coche.Seg�n los medios
Israel�es, sus uniformados han conseguido establecer 10 posiciones en el interior del L�bano, pero justo en la linde, incapaces de alcanzar esa decena de kil�metros de franja de seguridad que pretend�an capturar. "Hizbul� est� tomando la iniciativa y dispara contra las poblaciones [
Israel�es] de la l�nea de confrontaci�n para forzarlos a evacuar sus casas.
Israel no ha presentado una estrategia ni t�cticas concretas que determinen lo que pretende hacer en el L�bano", opin� Avi Ashkenazi, el corresponsal militar de ese diario.Momento de juego en el T�voli.JAVIER ESPINOSAAcostumbrados a d�cadas de conflicto y a diferenciar entre dial�ctica y realidad, el doctor Abdul Nasser Farran -uno de los cirujanos que siguen instalados en Tiro- opina que la acci�n de los aviones del pa�s vecino sigue estando lejos de la devastaci�n que aplic� en la guerra de 2006, incluso a nivel de heridos. "Hemos recibido unos 350 heridos desde el inicio de la guerra. Unos 90 tuvieron que ser operados", explica en el centro sanitario donde reside desde que comenz� la �ltima contienda. "La zona de la frontera est� arrasada, pero los ataques en Tiro son selectivos. Fue mucho m�s sangrienta en 2006 y en 2024. La verdadera guerra no ha comenzado todav�a", estima.Para
Qassem Istanbouli, nativo de Tiro, el
Rivoli -m�s all� de su uso como refugio durante la guerra- se inscribe en un proyecto mucho m�s amplio con el que pretend�a rescatar la cultura local. El liban�s fund� en 2014 la Asociaci�n de Tiro por el Arte con la idea de rehabilitar antiguos cines libaneses. Consigui� restablecer cuatro. Uno de ellos, el de Nabatiyeh, ha sido da�ado ahora nuevamente durante la conflagraci�n.Los otros tres, ubicados en
Beirut, Tr�poli y el
Rivoli, han pasado de ser centros culturales a albergues para los huidos. Lo mismo que hace dos a�os. "Esto es lo que yo entiendo por resistencia cultural. Los cines no pueden estar vac�os. Tienen que ser un espacio de libertad. Es una frase que me dijo Fernando Arrabal en C�rdoba en 2016. Y eso es lo que pretendemos, que aqu� la gente sea libre, pese a que hay una guerra ah� fuera", indica Istanbouli.