TerrorismoEn los paseos en pareja les conminaba a "no hablar del pasado" ni "entrar en debates"El caser�o '
Arretxe' en
Alzo (Guip�zcoa), eje del programa.CARLOS GARC�A POZOActualizado Martes, 24 marzo 2026 - 22:48Audio generado con IAEl �programa de justicia restaurativa� que re�ne en las c�rceles vascas y en un caser�o a presos de
ETA con v�ctimas de la organizaci�n terrorista ha sufrido varios altibajos, seg�n dos fuentes intervinientes en estos �talleres� y �c�rculos� impulsados por el Gobierno auton�mico. En conjunto, el proyecto ha contado en diferentes momentos con la participaci�n de m�s de una veintena de reclusos y de al menos 14 v�ctimas (tanto heridos como familiares de asesinados). Sin embargo, no todas ellas culminaron el proceso: cinco lo abandonaron molestas por c�mo estaba desarroll�ndose la iniciativa.Las citadas fuentes se�alan como origen de ese malestar al mediador Juli�n Carlos R�os Mart�n, al que percibieron �m�s cercano a los presos� que a las v�ctimas. Tambi�n mencionan la desconfianza que les generaba el hecho de que tomara notas de todo lo que all� se hablaba.El programa lanzado por el Departamento de Justicia, en manos de la socialista Mar�a Jes�s San Jos�, tiene el fin declarado de contribuir a la convivencia. En la pr�ctica, est� facilitando la semilibertad de algunos condenados, como ha reconocido la Fiscal�a al avalar la concesi�n del art�culo 100.2 a Garikoitz Aspiazu, 'Txeroki', por parte del Gobierno vasco. Mar�a Soledad Iparragirre, 'Anboto', otra jefa hist�rica de
ETA, tambi�n ha participado en estas reuniones y ayer empez� su semilibertad: sale de lunes a viernes y regresa a dormir.El proyecto, que ha discurrido en secreto hasta que EL MUNDO inform� de �l hace dos semanas, tiene como mediador principal al jurista y experto en �justicia restaurativa� Juli�n Carlos R�os. Seg�n las fuentes consultadas, algunas v�ctimas han sido cr�ticas con su actuaci�n por episodios como este: el mediador organizaba a parejas de v�ctima y preso para que pasearan por los alrededores del caser�o
Arretxe en
Alzo (Guip�zcoa) y les conminaba a �no hablar del pasado�, con el fin de que entablaran una �conversaci�n sincera� en la que prevaleciera la escucha, �sin entrar en debates�. Estas fuentes refieren tambi�n que v�ctimas y etarras fueron colocados en c�rculos con velas y emplazados a abrazarse.Por otro lado, tambi�n ha habido resistencias entre los reclusos. En un momento del proceso algunos de ellos rechazaron reunirse con las v�ctimas.Seg�n fuentes penitenciarias, el proyecto consta de tres fases. En la primera, presos y v�ctimas se re�nen por separado con los mediadores (los llamados �talleres�) y redactan sus sensaciones. Los mediadores entregan despu�s esos escritos al otro grupo, como ejercicio preparatorio para la segunda fase: los �c�rculos restaurativos� en los que v�ctimas y presos se ven las caras. La tercera fase son actividades conjuntas fuera de prisi�n, como jornadas de unas nueve horas en el caser�o.La primera salida de la que este diario tiene constancia se produjo el 3 de julio y cont� con la presencia de dos altos cargos del Departamento. Los psic�logos de Zaballa rechazaron participar y, junto a los jefes de servicio y trabajadores sociales del centro, se opusieron a la asistencia de cuatro etarras por lo lejos que quedaba la fecha de cumplimiento de sus condenas y porque no hab�an accedido a salidas programadas previas. Anboto fue una de las vetadas.Las jornadas en el caser�o se han repetido desde entonces. Su ejecuci�n est� en manos del Instituto de Reintegraci�n Social de Euskadi (IRSE-EBI), una asociaci�n sin �nimo de lucro con sede en Bilbao y especializada en la reintegraci�n social de delincuentes que desde 2023 ha ingresado del Gobierno vasco cuatro subvenciones nominativas por valor de 235.000 euros.El programa no busca expresamente el arrepentimiento de los terroristas. Sus objetivos, seg�n fuentes penitenciarias, son seis: �Reconocimiento humano de las v�ctimas y de las personas presas, teniendo como referencia los contextos familiares, culturales, sociales e ideol�gicos para reconocer la identidad humana que fue negada o cosificada; dignificaci�n, reconociendo al otro como t� humano; responsabilizarse de las graves consecuencias que el empleo de la violencia ha generado; potenciar la explicaci�n frente a la justificaci�n; protagonismo personal y grupal, buscando que ambas partes se conviertan en sujetos activos de su propia evoluci�n personal, grupal, social y pol�tica, y pacificaci�n transgeneracional�.