25/03/2026 06:00 Actualizado a 25/03/2026 07:55 Algo está pasando en Europa. La gente quiere orden y seguridad, y ese producto ya no aparece en el catálogo de
Donald Trump & Asociados. No aparece en el catálogo para el mercado europeo. La adhesión incondicional al movimiento MAGA está dejando de ser un fogoso incentivo electoral. Lo hemos visto este fin de semana en
Francia e
Italia.La extrema derecha francesa no ha conseguido conquistar ninguna gran ciudad, exceptuando
Niza, aun creciendo en las ciudades medias y en zonas rurales. Y el ambicioso proyecto hegemónico de
Giorgia Meloni, el intento de construir el Partido de la Nación con los materiales del posfascismo, acaba de sufrir un serio revés en
Italia. La significativa derrota de Meloni en el referéndum sobre la reforma de la magistratura contiene diversos mensajes, y uno de ellos dice que la servidumbre a
Donald Trump empieza a no ser rentable. Noticia de última hora: en
Dinamarca, el acoso norteamericano a
Groenlandia parece haber salvado a la primera ministra socialdemócrata,
Mette Frederiksen, de una derrota electoral por desgaste. Algo está pasando en Europa. La operación Caracas, a principios de enero, llamó mucho la atención. Fue espectacular. Maniobra impetuosa de
Estados Unidos, que prescinde, de momento, de
María Corina Machado y de la posibilidad de reorganizar una burguesía nacional-petrolera en
Venezuela. Pacto con el sector más astuto del chavismo para controlar directamente desde Washington las reservas venezolanas. Sin ese control no se podía atacar a Irán. Desilusión en el Madrid DF, donde Machado tiene una activa plataforma de apoyo, y protesta de Marine Le Pen, que se olió la tostada. A
Estados Unidos solo le importa una soberanía nacional, la suya.Lee tambiénDespués vino el episodio de
Groenlandia. Diversos partidos europeos de extrema derecha manifestaron su incomodidad. Le Pen volvió a protestar; Alianza por Alemania marcó distancias; Meloni se inquietó. Vox se mantuvo fiel a Trump: “¡
Groenlandia está muy lejos!”, dijeron. Para el partido de Santiago Abascal, la prioridad es obtener un canal de comunicación privilegiado con los nuevos gobiernos de la derecha latinoamericana, y eso hoy solo es posible con el timbre de Washington.El 28 de febrero dio inicio la guerra de Irán, en la que
Estados Unidos parecía querer repetir el golpe de mano de
Venezuela. Pronto se vio que no iba a ser ese el rumbo de los combates. Manda Israel.
Giorgia Meloni flanqueada por Antonio Tajani y Carlo Nordio este lunes en el parlamento italianoANDREAS SOLARO / AFP Pedro Sánchez dijo no a la guerra, mientras otros dirigentes europeos titubeaban. Un gesto quijotesco que podía conducir a España al aislamiento. Existía ese riesgo. No ha sido así, como sabemos bien. Casi todos los gobiernos europeos se han movido hacia la posición española al ver los sondeos y la infausta evolución de los acontecimientos. El gesto de Sánchez tuvo gran impacto en
Italia, que se preparaba para un referéndum nacional de calado sobre la reestructuración del poder judicial. Embridar a los jueces incómodos fue siempre el gran sueño de Silvio Berlusconi, que en los años noventa fue procesado varias veces por presunta corrupción. Sánchez se ha convertido estas últimas semanas en el hombre de moda en
Italia, especialmente jaleado por la líder del Partido Democrático, Elly Schlein. Sánchez no ha dicho nada sobre
Italia, pero el no a la guerra español ha sido uno de los estimulantes de la movilización electoral de la izquierda, que hace unos meses parecía dormida. El no a la guerra español no ha decidido el resultado final del referéndum, evidentemente, pero ha contribuido a crear un marco favorable a la victoria del no, como gesto de protesta por la notoria complicidad del actual gobierno italiano con la Administración Trump. La posición española sobre la guerra ha influido en el electorado italiano en un episodio crucialInquieta por el panorama internacional, Meloni desplegó dos tácticas: presentar la reforma de la Justicia como una cuestión técnica , y exhibirse poco durante los primeros días de campaña, para no movilizar al campo contrario. Si ganaba el sí, vendrían otras reformas de más calado: más poder para el jefe del Ejecutivo, neutralización del presidente de la República y una nueva ley electoral –la sexta en treinta años– para dar un generoso premio al partido más votado. En pocas palabras, la transfiguración de la República pactada en 1948.Pedro Sánchez y
Giorgia Meloni en la cumbre para la reconstrucción de Ucrania en Roma el pasado veranoEfeHa ganado el no. Los italianos, pueblo antiguo, han captado que les estaban instalando un troyano. La Constitución de 1948 y el presidente de la República son signos de orden. De eso se trata, del orden. El país está muy inquieto. Acaban de perder el gas de Qatar, y Meloni viaja mañana de urgencia a Argelia para intentar remediarlo. Jóvenes y mujeres han inclinado la balanza del referéndum.El no italiano le cuenta cosas interesantes a España.Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)