Mientras la industria editorial buscaba la fórmula del best seller perfecto clonando temáticas o fiándolo todo a los géneros –en especial, a la novela negra–, se fraguó un seísmo que nadie vio venir. Se podía vender y mucho, muchísimo, de hecho, publicando algo que, a priori, nadie parecía esperar: una historia de
La Guerra Civil narrada en clave de realismo mágico de setecientas páginas.
David Uclés agitó el mundillo en 2024 con
La península de las casas vacías (
Siruela), una propuesta inusual que fue más que bien recibida por un público cansado de “lo de siempre”. Cuatrocientos mil ejemplares vendidos y treinta ediciones después, el escritor de treinta y seis años oriundo de Úbeda, de look ajeno a los dictados de la moda y fiel a su gorra calada, subía a recoger el premio Nadal por
La ciudad de las luces muertas (
Destino), un homenaje a la
Barcelona más literaria en el que confluyen diferentes épocas y aparecen hasta setenta artistas. Este recorrido onírico por la historia de la literatura reciente fue escrito, según ha confesado el autor, en paralelo a su anterior novela.La fama súbita no ha resultado inocua para el escritor, que, reivindicando su homosexualidad y una ideología de izquierdas, se ha granjeado enemigos de los que amenazan por las redes sociales. Por otro lado, ha protagonizado un enfrentamiento sonado con
Arturo Pérez-Reverte tras cancelar su participación en unas jornadas que este organizaba.Uclés se negó a acudir porque consideró que el título era tendencioso y que no había paridad, y le incomodaba la presencia de ponentes como
José María Aznar e
Iván Espinosa de los Monteros. La negativa desencadenó un efecto dominó que culminó con la suspensión de las jornadas a finales de enero. Pero el fuego de la polémica aún se resiste a apagarse.
David Uclés ha desempolvado con brío el realismo mágico, un género poco frecuente para tratar temáticas históricas, y ha abierto un debate sobre escritura, ideología e historia.En novelas donde la Sagrada Familia viaja en barco, un embarazo dura veintisiete meses o todas las épocas de
Barcelona se superponen en un apagón, ¿cuánto se permite usted modificar los hechos históricos para otorgarles ese punto de realismo mágico que presentan sus libros?Lo que intento hacer es no tergiversar las historias personales o las decisiones que tomaron los personajes, no alterar su biografía histórica. Y si lo hago, que el lector lo sepa o que no sean hechos que puedan modificar la idea que tenemos de esa persona. Me adapto mucho a su descripción histórica y juego con ella, pero sin alterarla.¿Qué ganan y qué pierden los hechos históricos al pasar por el tamiz de la literatura?Muchísimo, ganan en profundidad. La historia pura no tiene que ver con la literatura. La literatura juega con las emociones para producir una catarsis que haga los hechos más interesantes para el lector.En
La ciudad de las luces muertas conviven artistas de diferentes períodos. ¿Con cuál de ellos se tomaría un café o una caña?Con Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y Jean Genet.Mercè Rodoreda, en 1978Antoni Bernad¿Cuál es el mejor método para que los jóvenes se interesen por nuestro pasado reciente: los libros de historia, la ficción o TikTok?Depende del joven. A algunos les gustará más el ensayo, a otros la ficción y otros serán de redes sociales. Yo abogo por que sea a través de la literatura. A través, por ejemplo, de la novela gráfica, de ficciones imaginativas contemporáneas para que se interesen por estos temas.¿Puede un novelista tener una posición ideológica clara sobre la historia y seguir siendo justo con sus personajes?Por supuesto que sí. Es lo que yo hago. Yo tengo una posición política muy clara en cuanto a lo que pasó, pero después, cuando narro, no tergiverso, explico lo que ocurrió; si no, no tendría sentido.En
La península de las casas vacías, reciben todos los bandos: los anarquistas liderados por Venancio y los sublevados. ¿Cuánto tiempo tiene aún que pasar para que estos acontecimientos dejen de levantar ampollas?Respecto a la guerra en este país, la gente tiene ideas muy distintas y yo no soy optimista, no creo que lleguen a un acuerdo las partes, solo podrá ser el tiempo el que suavice un poco el tema.
David Uclés© Xavier Torres-BacchettaA veces da la sensación de que nuestros políticos usan
La Guerra Civil y el franquismo como un comodín cuando se quedan sin argumentos para el presente. ¿Cómo separar la instrumentalización del pasado de la necesidad de testimoniar lo sucedido?Yo no soy político y en mi último libro no salen políticos, solo aparecen literatos. Lo que hagan o dejen de hacer no es algo que contemple en mi literatura. Yo le doy voz a los artistas y son ellos quienes van a intentar mejorar su sociedad. Por tanto, soy ajeno a lo que los políticos puedan hacer al respecto, no son mis personajes.¿Somos especiales en España con esta obsesión por tirarnos a la cabeza nuestros fantasmas del pasado, o cree que es la instrumentalización de la historia una tendencia global?Pasa en todos los países, en algunos más que en otros. Aquí es verdad que lo hacemos bastante.En
La península de las casas vacías aborda el desgarro de una familia, y en
La ciudad de las luces muertas el trauma colectivo de
Barcelona. Como escritor (y nieto de quienes vivieron las épocas de las que escribe), ¿cuántas generaciones hacen falta para poder escribir sobre nuestro pasado sin que la tinta huela a pólvora o a revancha?Los historiadores dicen, he leído, que hacen falta ochenta años. Yo no creo que sea algo matemático. Durante la guerra hubo quien escribió sobre ella de forma tranquila y sin intentar ser más didáctico que su propia prosa. Depende del contexto y de la persona. Habrá quienes, noventa años después, sigan teniendo una visión más tendenciosa que la que tuvieron algunos justo diez años después. Depende mucho del individuo.