Le debo a
Josep Torres, mi socio, el conocimiento de Glimpse, la web de
Noah Fram-Schwartz que desvela tendencias a partir de un inteligente análisis de datos. Allí leí hace meses algo que al mismo tiempo me desespera y me da la razón. Traduzco el texto literalmente, disculpad mi torpeza y los posibles errores. Creo que, a pesar de todo, se entiende.“Hay una razón fascinante por la que hay tantos restaurants Thai en los Estados Unidos. Puesta en contexto, la población Thai en los Estados Unidos es escasa: 300.ooo personas, más o menos lo mismo que la población etíope en el país. Pero la proporción de población Thai en los Estados Unidos en comparación con los restaurantes Thai es una de las más extremas. Resulta que el Gobierno Tailandés ha estado apoyando lo que ha sido llamado diplomacia culinaria durante años. Desde los 90 han estado formando cocineros en grandes escuelas de cocina financiadas por el gobierno, enviando a los chefs por todo el mundo, y creando una extensa red de proveedores de ingredientes y de vajilla. El Pad Thai, el plato más popular de la cocina Thai en los Estados Unidos fue inventado específicamente con el nombre del país, como parte del plan del gobierno tailandés para su diplomacia culinaria. Todo este esfuerzo ha hecho maravillas para Tailandia, incrementando el turismo y en última instancia canalizando dólares de regreso al país.”El Pad Thai, el plato más popular de la cocina Thai en los Estados Unidos fue inventado específicamente con el nombre del país como parte del plan del gobierno tailandés para su diplomacia culinaria Getty Images/iStockphotoSupongo que es algo conocido, pero yo no tenía la menor idea. Por si acaso, y teniendo en cuenta que escribo en un medio serio, intenté confirmarlo. En la Wikipedia, claro. Y efectivamente, buscando Pad Thai, uno encuentra una sencilla explicación que remite a un primer plan creado durante la dictadura de
Plaek Pibulsonggram, a mediados del siglo XX, con el objetivo de dar a conocer la cultura tailandesa en todo el mundo.Leo también, en otras fuentes que, tras Tailandia, otros países han utilizado la Gastrodiplomacia de un modo similar. Un caso evidente es Perú. Y, por supuesto, Corea del Sur. Estos días de tanta polémica, también hemos sabido del sustancial apoyo del gobierno danés a
René Redzepi.En todos esos casos, los estados han tenido que “inventar” un prestigio, e incluso una tradición, que no poseían. Pero han sido muy conscientes del extraordinario poder de la gastronomía para construir reputación y generar riqueza.El caso español está cerca de ser el contrario. Disponemos de la cocina y de los cocineros más admirados y respetados del mundo. Pero nos empeñamos en ocultarlos, o en dejar que se defiendan por sí mismos, sin construir un mensaje poderoso y global (aquí hago una pausa para sollozar, y sigo).Yo creo, o quiero creer, que la administración empieza a ser consciente. Más vale tarde, aunque sea tan tarde. Pero me temo que los planes y las declaraciones que he podido leer hasta ahora tienden a intentar eso imposible de explicarlo todo, y de que nadie se enfade. Es probable que sean planes estratégicos del sector, pero no son planes de comunicación, que es otra cosa.Posicionarse es renunciar (lo he dicho tantas veces que seguramente nadie me escucha). Hay que decidir qué percepción queremos construir, y ser consistentes, coherentes, pacientes, y muy pesados.Tenemos la suerte de poder edificar desde arriba, desde lo más alto del discurso gastronómico. Nadie que conozca el sector nos discute el liderazgo, o al menos una posición protagonista. Eso es lo ideal, porque se construye desde el valor, y desde esa altura es más sencillo arrastrar a todos los agentes del inmenso sector de la alimentación hacia un lugar alejado del granel que nos ha caracterizado en el mundo desde siempre.Lee tambiénPero me temo que nosotros mismos llevamos tiempo dinamitando ese valor. La alta cocina genera una extraña sospecha de elitismo (y no la Champions League, por poner un ejemplo muy utilizado, que viene a costar lo mismo) que parece impedir una aproximación seria. Y hay también una reacción genética contra nosotros mismos que nos lleva a autodestruirnos. Gente que ayudó a propiciar la increíble revolución de la gastronomía española ahora vocea su supuesto final. Y una suerte de populismos gastronómicos la dilapidan en base a imaginarios integrismos regionales, o regresos a un pasado ideal que jamás existió. Ni siquiera hemos sido capaces de inscribir la cocina española de vanguardia, que transformó radicalmente su categoría en el mundo, en nuestra tradición. Parece formar parte de un limbo acultural que no encaja en nuestra recia raigambre patria.En otras palabras, le estamos regalando a quien quiera acogerlo nuestro mejor patrimonio (como nos pasó con Balenciaga, por poner un ejemplo).En fin, lo sé, siempre cuento lo mismo. Y luego dicen que soy un tipo creativo…