El observatorio espacial Hubble ha sido testigo de uno de los fenómenos más raros y difíciles de observar en el sistema solar: la fractura de un cometa en pleno espacio. Y lo más sorprendente es que lo hizo por accidente.El protagonista es C/2025 K1 (ATLAS), un objeto procedente de las regiones más lejanas del sistema solar que, tras acercarse al Sol, comenzó a romperse en pedazos justo en el momento en que el Hubble lo estaba observando.Cuatro por unoEl descubrimiento de la fragmentación del K1 fue totalmente fortuito, y se produjo cuando unos problemas técnicos impidieron la observación de otro cometa que un grupo de astrónomos tenía previsto realizar con el telescopio espacial.Entonces, los científicos decidieron aprovechar el tiempo que se les había asignado para apuntar hacia otro objeto: el K1. Y la sorpresa fue mayúscula cuando las imágenes, tomadas entre el 8 y el 10 de noviembre de 2025, mostraron cuatro cuerpos en lugar de uno.La secuencia de la fragmentación del cometa K1, observada por el Hubble
NASA,
ESA,
Dennis Bodewits (AU);
Joseph DePasquale (STScI)
John Noonan, profesor en el Departamento de Física de la Universidad de Auburn en
Alabama (Estados Unidos) y coautor del hallazgo lo relata así: “Mientras analizaba los datos por primera vez, vi que había cuatro cometas en esas imágenes, cuando solo habíamos previsto observar uno. Así que supimos que se trataba de algo realmente especial”.Tras detectarse el fenómeno, varios telescopios terrestres apuntaron hacia el cometa. Pero mientras que desde la Tierra solo se veían manchas borrosas, el Hubble distinguió los fragmentos con claridad y permitió seguir su evolución día a día.El cometa se desintegró en al menos cuatro piezas, cada una de las cuales quedó rodeada por su propia nube de gas y polvo (un envoltorio que recibe el nombre de coma).Frágiles e impredeciblesLos cometas son cuerpos formados principalmente por roca y hielo —de agua y de otras sustancias— y a menudo se describen como “bolas de nieve sucia”. Cuando se aproximan al Sol, los gases congelados que los componen se calientan y se vaporizan, muchas veces de manera violenta, arrastrando con ellos gran cantidad de material que forma las llamativas colas de estos objetos.El
67P/Churyumov–Gerasimenko, fotografiado por la sonda espacial
Rosetta en 2015, muestra las emisiones de gas y polvo que son típicas de los cometas ESAPero si su órbita los acerca demasiado a nuestra estrella, el aumento de temperatura y las tensiones gravitatorias pueden llegar a romperlos en múltiples fragmentos. Sin embargo, es muy difícil poder prever el comportamiento preciso de un cometa, ya que son muchos los factores que intervienen, como por ejemplo su composición química, su porosidad interna o el número de veces que ha visitado el interior del sistema solar.Un nuevo visitanteEl cometa C/2025 K1 fue descubierto el 24 de mayo de 2025 por el programa de detección de asteroides ATLAS mientras se dirigía hacia la parte más interna de su órbita. Los científicos estiman que el objeto debía tener unos 8 kilómetros de diámetro.El 8 de octubre alcanzó su punto más cercano al Sol, el llamado perihelio, situándose a apenas un tercio de la distancia que nos separa de nuestra estrella, incluso más cerca que Mercurio. Y se cree que la desintegración de este objeto empezó unos ocho días antes de las afortunadas observaciones del Hubble.Esta ilustración muestra la trayectoria del cometa K1 y el lugar de su órbita en el que se fragmentó
NASA,
ESA, R. Crawford (STScI)Por dentroLos astrónomos consideran que los cometas son verdaderos fósiles cósmicos. Formados hace más de 4.500 millones de años, su estudio es especialmente interesante para poder mejorar el conocimiento que se tiene sobre la evolución primigenia de nuestro sistema solar.Sin embargo, las superficies de estos cuerpos han sufrido cambios constantes desde su creación, siendo alteradas por la radiación del espacio o por los cambios de temperatura que sufren a lo largo de sus órbitas. Por tanto, tal como señala
Dennis Bodewits, principal responsable del descubrimiento e investigador en el Departamento de Física de la Universidad de Auburn, “al observar la composición de un cometa, la pregunta que siempre nos hacemos es: ¿es esta una propiedad primitiva o se debe a la evolución?”.Este fragmento del cometa Wild 2 fue recogido, en 2004, por la nave Stardust
NASA/JPLAsí que la fragmentación de un cometa ofrece una oportunidad excepcional, ya que permite acceder a material interno que ha permanecido prácticamente inalterado desde su origen.De momento, los análisis preliminares indican que el K1 es inusualmente pobre en carbono. Y ahora los astrónomos esperan recibir los datos detallados del Hubble para determinar, con precisión, la composición química de sus gases.Por fortunaUna vez completado su paso por el interior del sistema solar, el cometa C/2025 K1 (ATLAS) se halla a unos 400 millones de kilómetros de nuestro planeta, alejándose rápidamente. Convertido ahora en un conjunto de fragmentos, es posible que sus restos lleguen a adoptar órbitas independientes. Pero, en cualquier caso, ninguno de los pedazos de K1 regresará jamás, ya que siguen una trayectoria de escape que les expulsará hacia el vacío interestelar.Que el Hubble apuntara al cometa por puro azar y lo captara justo al romperse es un golpe de suerte extraordinario. Pero también es un recordatorio de cómo avanza la ciencia: a veces, como destaca Noonan, “los mejores descubrimientos surgen por accidente”.