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WED · 2026-03-25 · 04:30 GMTBRIEF NSR-2026-0325-34269
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NSR-2026-0325-34269Analysis·ES·Political Strategy

Los chiíes árabes del Golfo, ¿los otros 'proxies'?

El artículo analiza las especulaciones sobre el rol de las minorías étnicas y religiosas chiíes en el Golfo Pérsico como posibles "proxies" en un conflicto hipotético entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Tras el supuesto inicio de una agresión contra Irán, se considera la posibilidad de que milicias kurdas y baluches, con apoyo de inteligencia americana e israelí, desestabilicen internamente la República Islámica.

Autor GenericoLa VanguardiaFiled 2026-03-25 · 04:30 GMTLean · CenterRead · 11 min

                                                                                                                                               Los chiíes árabes del Golfo, ¿los otros 'proxies'?
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El artículo analiza las especulaciones sobre el rol de las minorías étnicas y religiosas chiíes en el Golfo Pérsico como posibles "proxies" en un conflicto hipotético entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Tras el supuesto inicio de una agresión contra Irán, se considera la posibilidad de que milicias kurdas y baluches, con apoyo de inteligencia americana e israelí, desestabilicen internamente la República Islámica. El autor critica la visión occidental, que considera simplista y eurocéntrica, sobre la relación entre cultura, política, religión e identidad en Oriente Medio, y cómo esta visión puede llevar a errores de cálculo en intervenciones militares. Se cuestiona la viabilidad de movilizar a estas minorías como una "quinta columna" para favorecer una operación liderada por Washington y Tel Aviv. El análisis se centra en las posibles consecuencias de aplicar modelos como los de Siria e Irak en el contexto iraní.

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Article analysis

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Political Strategy
National Security
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Key claims

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The article suggests that the US and Israel are using proxies to avoid direct military involvement.

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The US and Israel initiated an aggression against Iran.

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US leaders fantasized about a balkanized Iran after the operation.

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American and Israeli intelligence offered military support to Kurdish and Baluch groups to destabilize Iran.

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* El autor forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia De blitz nada: tres semanas han pasado ya desde el inicio de la agresión de EE.UU. e Israel contra Irán y, a medida que la guerra se extiende por la región, cada vez más actores de distinta naturaleza adquieren un rol potencial en el conflicto. Las especulaciones sobre el papel de los proxies potencialmente partidarios de la operación liderada por Washington y Tel Aviv en Irán parecieron tener un rol inminente que desempeñar tras el descabezamiento del régimen de la República Islámica. En los primeros días de la operación Furia Épica, pudimos ver a destacados líderes norteamericanos fantasear con la idea de un Irán balcanizado y repartido entre sus minorías étnicas o lingüísticas, cuyos restos serían regidos por la complaciente dinastía Pahlevi. Sin embargo, también son muchos los especialistas que señalan los importantes errores de cálculo cometidos por los artífices del ataque, especialmente en lo relativo a esta cuestión. Además de lo que tiene que ver con las deficiencias en la previsión de las capacidades y fortalezas del aparato estatal y militar Iraní, muchos de estos enfoques incorrectos o simplistas parecen provenir de una comprensión muy limitada de la relación y jerarquización entre las categorías de cultura, política, religión e identidad que se da en otras zonas del planeta, especialmente en Oriente Medio y su aplicación a los cálculos geopolíticos. Este es un fenómeno habitual en el debate público occidental, filtrado por un inevitable sesgo eurocéntrico, cuyas consecuencias pueden ser catastróficas cuando es aplicado nada más y nada menos que a la intervención militar en otro país. Mujeres chiítas Iraníes, entre ellas una cubierta con la bandera nacional Iraní, participan en las oraciones del Eid al-Fitr, que marcan el final del mes sagrado musulmán del Ramadán, en la Gran Mezquita de Mosalla en Teherán. STR / AFP Así, desde el pasado 28 de febrero, se han publicado numerosas teorías acerca de la posible movilización de las milicias kurdas y baluches (las minorías nacionales más numerosas y organizadas del enorme territorio Iraní) de cara a desestabilizar la República Islámica desde dentro y, a modo de Quinta Columna, contribuir a la victoria de la operación americano-Israelí en suelo persa. Siguiendo el modelo aplicado en Siria e Irak, la inteligencia americana y hebrea habría ofrecido tanto a sectores kurdos como a baluches Iraníes un apoyo militar clave que pudiera favorecer su avance, autonomía e incluso la independencia a cambio de contribuir a derribar al régimen Iraní en estos momentos cruciales. Tal modo de proceder evitaría el uso de tropas americanas o Israelíes sobre el terreno, delegando “el trabajo sucio del trabajo sucio” a unos agentes locales, con, teóricamente, mayor legitimidad y conocimiento del territorio, revistiendo además de un barniz “liberador” al conjunto de la operación. Si bien esta opción no parece muy inteligente para la dirigencia kurda habida cuenta del precedente sirio, -donde sus milicias han sido utilizadas y posteriormente abandonadas sin ningún disimulo por parte de EEUU- la diversidad de actores e intereses dentro las milicias nacionalistas y otros grupos opositores hace que la hipótesis no sea completamente descartable. Con todo, a estas alturas resulta obvio que tal fórmula no se podría aplicar con la misma “simplicidad” ni velocidad que en las anteriores operaciones militares en la región. Musulmanes llegan a la mezquita Imamzadeh Saleh para romper el ayuno de Ramadán, durante el cual los fieles se abstienen de comer y beber desde el amanecer hasta el anochecer, en Teherán. ATTA KENARE / AFP En general, como ya admiten -y advertían- asesores militares americanos e Israelíes, ni la “simplicidad” ni la inmediatez son elementos destacados de la operación militar actual contra Teherán. Irán no es el Irak de Saddam Hussein, ni tampoco la Siria devastada por años de guerra y sectarismo de hace unos años, ni por supuesto la agonizante franja de Gaza, y sobre todo, los equilibrios de poder en el mundo no son similares a los de 2003 y 2011. En este sentido, como afirma el especialista geopolítico estadounidense Robert Kaplan, Irán posee las características necesarias para ser considerado un “estado-civilización”: continuidad histórica milenaria, límites geográficos relativamente estables y avalados por fronteras naturales y una vocación imperial que se proyecta en su región de influencia, con referentes históricos precisos. Irán no es el Irak de Saddam Hussein, ni tampoco la Siria devastada por años de guerra y sectarismo de hace unos años, ni por supuesto la agonizante franja de GazaSe trata de un país, además, dirigido desde hace casi 50 años por un duro régimen que lleva décadas preparando a su población tanto en términos militares como ideológicos para una situación como la que estamos viviendo en las últimas semanas, hasta el punto de que la alerta y movilización constante frente a la amenaza imperialista y sionista es una de las razones de ser del sistema, ahora torpemente confirmada por sus enemigos. En este sentido, resultan obvios los límites en la comprensión integral de la situación por parte de la administración americana y cómo algunos de sus mandos parecen haber menospreciado la capacidad de respuesta y resistencia del Estado Iraní. Visitantes se toman una foto cerca del santuario de Massoumeh en la ciudad santa de Qom, a 130 kilómetros al sur de la capital, Teherán. AFP Como decíamos, el sentido de unidad del pueblo Iraní y la autoconciencia civilizatoria persa no son en absoluto incompatibles con sus diferencias culturales internas, que los técnicos americanos creen poder explotar en su beneficio como sí ha sucedido en otras latitudes y en entidades políticas menos consolidadas. En el caso Iraní, tales diferencias están milenariamente asimiladas y legalmente reconocidas, desde un prisma que vincula la pertenencia a la nación en base a estándares diferentes a los habituales en el proceso de construcción de la identidad política de los estados-nación europeos. En esta línea hay que señalar algo importante: Irán no se acaba en Irán. Su poder político, cultural y religioso se proyecta con potencia por varios países de la región, con ramificaciones menores en todo el planeta. En el plano exclusivamente militar, como es bien sabido, Teherán cuenta con una red de actores regionales directa o indirectamente vinculados a sus estructuras. Irán no se acaba en Irán. Su poder político, cultural y religioso se proyecta con potencia por varios países de la regiónEl más conocido de ellos es la organización libanesa Hezbollah (que está llevándose buena parte del castigo en el conflicto actual y tratando de responder militarmente a Israel), pero también existen el movimiento Ansarulá de Yemen (los conocidos como hutíes) o las distintas milicias chiíes iraquíes, pakistaníes y afganas, entre otras. Y hay algo más: el liderazgo del ayatolá Jameneí (tanto padre como hijo) no abarca sólo la esfera estatal en el territorio Iraní. Su autoridad espiritual y simbólica es central para millones de musulmanes chiíes en otros países del mundo. En el contexto actual, entre ellos cobran especial importancia los chiíes árabes oriundos de las costas orientales de la Península Arábiga, distribuidos entre los actuales estados de Kuwait, Bahrein, Arabia Saudí y, en menor medida, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Varias mujeres chiíes iraquíes peregrinan a la ciudad de Al Kazemiya, al norte de la capital, para conmemorar la muerte del séptimo imán de los chiíes, Musa al Kazem, que vivió en el siglo VIII. EFE Las comunidades chiíes, por lo general más estructuradas formalmente que las suníes, deben obedecer o al menos seguir el consejo de un referente espiritual y académico denominado marya´ e-taqlid (“referente de la tradición” en lengua persa) de cara a múltiples cuestiones, desde la religiosidad cotidiana a posiciones políticas o sociales en asuntos de actualidad. Además del Guía Iraní, hay varios ulemas con este rango en la esfera chií, como el iraquí Alí Sistani, el pakistaní Bashir al-Nayafi o el afgano Ishaq al-Fayyaz. Para quienes fueran seguidores o admiradores de Jameneí en otros países distintos a Irán, éste carecía de autoridad legal o política vinculante, pero sí representaba la cúspide de la estructura espiritual y comunitaria en la que se sentían insertos (en ocasiones con mayor fervor que a la nación), además de una referencia simbólica y emocional de enorme potencia. Para hacernos una idea, desde el punto de vista de los musulmanes chiíes, el asesinato de Jameneí ha supuesto un shock emocional similar al padecerían los católicos ante el asesinato a sangre fría del Papa de Roma a manos de una potencia extranjera. El asesinato de Jameneí ha supuesto un shock emocional similar al padecerían los católicos ante el asesinato del Papa de Roma a manos de una potencia extranjeraEstando así los ánimos, hay quien se pregunta qué clase de pensamientos estarán circulando entre las multitudinarias poblaciones chiíes de los estados árabes del Golfo, que ya de por sí cultivan un sentimiento histórico de afrenta por la hegemonía política sunní (y supeditada a EE.UU) en zonas árabes de arraigada tradición chií. Los chiíes son mayoritarios en la minúscula isla de Bahrein (80% de la población), donde protagonizaron importantes revueltas durante la Primavera Árabe, en un espacio que ha sido históricamente reivindicado por Irán como parte integrante de su territorio. En Arabia Saudí, los partidarios de Alí constituyen en torno al 15% de la población, la mayoría de ella concentrada en las áreas orientales del país, justo frente a las costas Iraníes. Milicianos chiíes en los alrededores de Baiyi. Propias Son mayoría en algunas ciudades, como Qatif, y en torno al 50% de la población total de la Provincia Oriental saudí, donde también han liderado intifadas en diversos momentos del siglo XX, la última de ellas en 2011 a raíz de la detención y asesinato del clérigo Nimr al-Nimr. En términos generales, los chiíes de lengua y cultura árabe son mayoría en todo el territorio de las costas occidentales del Golfo Pérsico, extendiéndose además por el suroeste del propio Irán, donde conviven con otras comunidades chiíes de etnia persa y grupos árabes suníes de nacionalidad Iraní. Este concepto es al que remite precisamente el sustantivo al-Bahrayn, que en árabe significa precisamente “las dos orillas”, denotando un pasado compartido entre ambas costas del Golfo, y una referencia geográfica común, marcada por la relación marítima, y que ha sido la base de proyectos políticos alternativos al orden imperante en la zona desde hace siglos, evocando la rebelión de los conocidos como “cármatas” en los albores del Islam. Como decimos, en todos lo momentos recientes de tensión y movilización en la región, desde el auge del panarabismo socialista en los años cincuenta y sesenta, pasando por la revolución Iraní de 1979 y hasta la llegada de la Primavera Árabe en 2011, el descontento de los árabes chiíes de la orilla izquierda del Golfo se ha manifestado de alguna manera, por lo general desvinculado de Irán, prevaleciendo por tanto el sentido de arabidad (al-´uruba) frente a la filiación religiosa. La República Islámica, por su parte, sí ha ejercido su papel de potencia regional en esta área, desplegando su influencia en todas estas poblaciones y tratando de intervenir en momentos de inestabilidad, con mayor o menor éxito según el caso. Milicianos chiíes en la ciudad de Beiji en el norte de Bagdad, Iraq. Propias En algunos momentos de especial confrontación, se ha llegado incluso a considerar la propuesta secesionista del “Gran Bahréin” (defendida entre otros por el clérigo Yasir al-Habib) como un nuevo estado independiente que unifique a los árabes chiíes de Kuwait, Bahréin y el este de Arabia Saudí dentro de unas nuevas fronteras nacionales. La viabilidad demográfica de esta opción y la falta de consolidación de los actuales contornos estatales en los modernos estados del Golfo, podría explicar en alguna medida la timidez de las respuestas de los estados del Golfo ante los ataques Iraníes a intereses norteamericanos en sus territorios, al tiempo que, sin embargo, se exacerba la represión interna. Por tanto, una posición árabe percibida como demasiado seguidista y sumisa a EE.UU. e Israel por parte de las petromonarquías del Golfo podría provocar una ola de reacciones en las poblaciones de sus países de efectos imprevisibles en la acelerada y “disruptiva” coyuntura actual. Como afirmamos, el potente vínculo confesional y comunitario entre estas zonas, anterior a la creación de los Estados nacionales, podría volver a aflorar convenientemente movilizado. Una posición árabe demasiado seguidista y sumisa a EE.UU. e Israel por parte de las petromonarquías del Golfo podría provocar una ola de reacciones en sus poblacionesDesde luego, incentivos no faltan: es precisamente en estas zonas orientales así como en el fondo submarino del Golfo Pérsico donde están la mayor parte de las reservas de hidrocarburos de la región. Manifestantes portan pancartas con la imagen del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro Israelí Benjamin Netanyahu durante una protesta. Jon Nazca / Reuters Por tanto, el sueño de Netanyahu de aprovechar la presidencia “no convencional” de Donald Trump para reconfigurar a su medida el mapa regional de Oriente Medio, en un escenario surrealista en el que se llega a plantear como aceptable la utopía sionista del Gran Israel, podría desencadenar otros efectos no previstos en las fronteras nacionales y los equilibrios de poder, habida cuenta de su escasa consolidación y cuya estabilidad depende de la eficacia de la combinación entre petrodólares, represión y protección occidental. El sueño de Netanyahu de aprovechar a Donald Trump para reconfigurar a su medida el mapa rde Oriente Medio, podría desencadenar otros efectos no previstosSi bien Irán es, como señalábamos, un estado-civilización de contornos estables, no podemos decir lo mismo de los estados del Golfo, creaciones diseñadas por el colonialismo en alianza con poderes locales, cuyas fronteras e identidad son artificiales en mayor medida o medida, y en todo caso con menos de un siglo de existencia formal. Pancarta en apoyo del presidente estadounidense Donald Trump y del primer ministro Israelí Benjamin Netanyahu. SAEED KHAN / AFP En esas condiciones, la capacidad de Irán de movilizar convenientemente a la “calle árabe” de la zona, especialmente a las poblaciones chiíes, en base a su liderazgo religioso, pero sobre todo evocando el sentimiento de empatía de las poblaciones árabes y/o musulmanas ante la agresión sionista y enfatizando la solidaridad con Palestina, podrían desencadenar una serie de cambios no previstos en la escena regional. El tiempo dirá en qué se concretan las consecuencias de las temerarias acciones de la Administración Trump y el episodio maníaco-belicista de Netanyahu en la región, pero ambos deben tener claro que no son sólo ellos quienes juegan al Risk en el tablero de Oriente Medio: sus rivales llevan tiempo acumulando cartas que podrían tratar de canjear por refuerzos. La inadecuada comprensión del funcionamiento de las identidades políticas, culturales y religiosas de la zona por parte de los atacantes juega a favor de Irán y sus aliados, al igual que la persistencia de la cuestión palestina, vida como una afrenta colectiva por parte de las poblaciones árabes. Así, veremos hasta qué punto la dimensión cultural del conflicto puede ser decisiva en su desenlace y qué conclusiones teóricas y prácticas se pueden extraer de ello. Una vez desatado el caos internacional, nadie puede afirmar con certeza que no se verá sorprendido por sus demoledoras consecuencias. * Darío Martín Hernández es profesor de Árabe Moderno Estándar e investigador en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos. Grado es en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad de Granada y Máster en Estudios Árabes Contemporáneos por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesionalmente, se ha dedicado a la intervención socioeducativa con personas refugiadas, a la investigación sobre Oriente Medio y el Magreb y, actualmente, a la enseñanza de lengua árabe en el sistema público andaluz. ■ ¿CÓMO PUEDO PARTICIPAR EN LA COMUNIDAD DE LA VANGUARDIA? ¡Participa! ¿Quieres compartir tus conocimientos?Si tienen interés en participar en Lectores Expertos pueden escribir un email a la dirección de correo de nuestra sección de Participación (participacion@lavanguardia.es) adjuntando sus datos biográficos y el texto que proponen para su publicación.
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