Cuando
Mohamed al Guta, de 45 a�os, lleg� hasta su vivienda -colindante con la que hab�a sido destruida- se encontr� un enorme orificio en el muro de la cocina. La explosi�n hab�a agujereado varias paredes, arrancando puertas y ventanas."Me encontr� con restos humanos en la cocina. Hab�a una mano peque�ita amputada. Una mano de ni�o. Y dos dedos, tambi�n peque�os", relata junto a las ruinas de la residencia del clan Hussein.El misil aplast� literalmente la mitad de la vivienda de tres pisos. Entre los escombros se divisa un peque�o cami�n de juguete y una silla infantil. Alrededor de los cascotes y alambres que surgen del cemento roto se encuentran varias p�ginas de lo que semeja ser un libro de ense�anza para peque�os."�Qu� es lo que hace el oso polar? �Qu� es lo que hace el mono?", se lee en las hojas, escritas en �rabe. A pocos metros se aprecia un libro de franc�s b�sico, tambi�n para ni�os. "Un coche de carreras", se lee en el idioma galo junto a un dibujo de la F�rmula 1. Quiz�s estos eran los libros de texto de
Ghadi, que s�lo ten�a tres a�os. O de su vecina,
Gita Nabil Shams, que ten�a seis.
Ali Bueri, el hermano de
Alia, fue de los primeros en llegar al lugar del suceso el d�a 18. El avi�n hab�a bombardeado el habit�culo poco despu�s de las nueve de la noche. El ataque acab� con la vida de
Alia y su marido,
Mahdi. Tambi�n con la de su hijo, el peque�o
Ghadi, y con la de Gita. S�lo se salv� la otra hija de la pareja,
Karina. "Se est� recuperando en el hospital de las heridas", relata Ali, que se expresa con dificultad.Apenas puede contener las emociones. Cuando alguien le pregunta qu� vio al llegar, no puede explicarse. "No puedo decirles lo que vi", admite.
Mohamed al Guta hab�a explicado que los cuerpos estaban irreconocibles, en pedazos.La tr�gica suerte de la familia Hussein se ha repetido en el Valle de la Bekaa, donde la aviaci�n israel� ha superado el centenar de bombardeos en la �ltima semana, regi�n de origen de Hizbul�.Las cuatro v�ctimas del suceso del d�a 18 forman parte de una contabilidad que ya excede tambi�n los 100 muertos, incluidos dos decenas de ni�os, seg�n la estimaci�n del diario local Annahar. Una fracci�n de los 1.039 fallecidos en el L�bano durante el actual conflicto regional, entre los que ya figuran 118 ni�os, a tenor de las cifras que manejaba el Ministerio de Salud local este martes.La Bekaa siempre ha sido el coraz�n del activismo vinculado a Hizbul�. Aqu� se entrenaron los primeros cuadros del movimiento bajo la batuta de los Guardias de la Revoluci�n, a principios de la d�cada de los 80.Las carreteras de toda la zona est�n plagadas de retratos de militanes ca�dos en las �ltimas confrontaciones, de l�deres desaparecidos como Hasan Nasrala -cuyo enorme retrato adorna la entrada de Baalbeck-, pero tambi�n de los dirigentes de Ir�n, en un reflejo de la dependencia religiosa y pol�tica del grupo respecto a Teher�n."[El ayatol� Ali] Jamenei era nuestra l�nea roja. Durante meses nos estuvieron matando y nos mantuvimos callados. Eso se acab�. Aqu� naci� la resistencia y aqu� moriremos todos si es preciso", clama uno de los alguaciles de Baalbeck, Hasan Abbas.El espejo de GazaLos medios locales advierten que las Fuerzas A�reas israel�es parecen estar emulando en la Bekaa, aunque en menor escala, la t�ctica que ya usaron durante su ofensiva contra Gaza, cuando sus aviones eliminaban a familias enteras en brutales arremetidas que fueron calificadas de genocidio por una comisi�n independiente de investigaci�n de Naciones Unidas.En Baalbeck nadie sabe explicar la raz�n del ataque contra
Mahdi Hussein. A poco m�s de 10 kil�metros, en Younine, tampoco. El mismo d�a 18, la fuerza a�rea de Tel Aviv arras� otro domicilio en esta peque�a localidad, matando a seis personas, incluidos cuatro ni�os. En este caso, Israel declar� a la BBC que hab�a atacado "una sede de Hizbul� mientras sus miembros se encontraban dentro". "Nuestras operaciones son contra Hizbul�, no contra los civiles del L�bano", a�adieron los uniformados.Para Ahmad Nammar, de 72 a�os, su primo Hussein Nammar era un "simple agricultor", que, seg�n su relato, se encontraba descansando en su casa tras el "iftar", la cena que pone fin al ayuno durante el mes de Ramad�n. "Esto es un barrio de civiles, aqu� no hay armas", asegura.Ahmad vive a pocas decenas de metros de la que fue residencia de Hussein Nammar. Tard� menos de un minuto en llegar a lo que quedaba de la estructura. Su relato es puro espanto. Como el de
Mohamed al Guta en Baalbeck."Hab�a cabezas cortadas. Todos los cuerpos estaban en pedazos. A uno de los ni�os, Mohamed, que ten�a un a�o y medio, le faltaba una pierna. Ten�a un trozo de metal que le atraves� la cabeza y le sali� por la cara", recuerda.Los residentes locales han colocado un cartel sobre los pocos pilares que restan erguido con im�genes de los seis fallecidos. All� se ve al peque�o Mohamed y a su hermana, Falak, que ten�a tres a�os. Tambi�n a su padre, Hussein, y su madre, Asma, y los hermanos del primero, Muhammad y Sara."Nos bombardean porque apoyamos al Partido [de Dios, Hizbul�]. Hay gente de aqu�, esp�as, que trabajan para ellos", refiere Ahmad.El ataque contra los Nammar se produjo a pocos cientos de metros del que hab�a sufrido la residencia de los Tahan el d�a 11. Aqu�, las bombas o cohetes pusieron fin a la vida de ocho personas de esta saga, incluidos tres ni�os. Abbas Tahan enumera sus nombres y edades. Han pasado varias jornadas, pero cuando lo hace todav�a se le empa�a la mirada. "Murieron mis dos hijos, Ali y Ahmed. Toda la familia de Ahmed desapareci�. Su esposa y sus tres ni�os: Yahia, de 14; Haura, de nueve; y Riskaiya, de cinco a�os", asegura.La zona de Younine ya fue golpeada de forma sistem�tica por la aviaci�n israel� durante la guerra de 2024. "Sufrimos 47 ataques", dice Ali Attar. "Tuvimos 110 m�rtires", le secunda Abbas Tahan.Los libaneses no saben especificar si en esa tr�gica contabilidad iban incluidos los 23 trabajadores sirios que fueron destrozados por otro bombardeo israel� en septiembre de ese a�o, en uno de los sucesos m�s sangrientos de aquella conflagraci�n, que gener� una notable controversia sobre la intencionalidad de las acciones de la fuerza a�rea del pa�s vecino.El padre de los desaparecidos vive a pocos metros del lugar del impacto, que presenta un gran boquete producido por el misil que redujo el domicilio a un c�mulo de despojos de cemento y metal. Los partidarios de Hizbul� -que acompa�an al grupo de periodistas- han colocado una bandera de la formaci�n sobre los restos.Seg�n su narraci�n, el suceso se produjo -como los otros descritos- justo despu�s del momento en el que los musulmanes rompen el ayuno, uando las familias se juntan a comer al caer la noche. "Todo se llen� de humo. No se pod�a ver nada. Me lloraban los ojos. Nos pusimos a rescatar los cuerpos. Uno de los ni�os, el hijo de Ali, Husein, estaba vivo, pero totalmente quemado. Est� en el hospital", aclara.Mohamed Baqqar, de 12 a�os, tambi�n pertenece a la misma estirpe. Sol�a jugar, rememora, con Yahia. "Mont�bamos en bicicleta. Era mi primo, pero era mucho m�s. Era mi mejor amigo. Nos conoc�amos desde chiquititos". El chiquillo ha conseguido recuperar un bal�n de baloncesto que pertenec�a a Yahia: "Lo he guardado como recuerdo".Los vecinos han acumulado junto a las ruinas otros enseres de los peque�os asesinados en el ataque: una peque�a zapatilla rosa con dos ojos dibujados sobre el material de pl�stico, una manta del mismo color, una diminuta cartera de colegio y un peluche."�Por qu� matan a ni�os?", inquiere Abbas Tahan a los visitantes.