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News/La encrucijada de Spotify, un liderazgo con muchos frentes a…
NSR-2026-0324-35159Analysis·ES·Economic Impact

La encrucijada de Spotify, un liderazgo con muchos frentes abiertos: "Quien quiera sobrevivir ahí dentro debe mimetizarse con lo que ya triunfa. Es un monopolio terrorífico y un sistema opaco"

Spotify, líder hegemónico del streaming musical con 751 millones de usuarios a nivel mundial, enfrenta crecientes tensiones culturales y económicas. La plataforma, que ha transformado la forma en que se escucha, lanza y compone música, es criticada por pagos bajos, algoritmos opacos y un sistema que prioriza la música que ya triunfa.

Raquel R. Incertis, Patricia BolinchesEl MundoFiled 2026-03-23 · 23:05 GMTLean · Center-RightRead · 11 min
La encrucijada de Spotify, un liderazgo con muchos frentes abiertos: "Quien quiera sobrevivir ahí dentro debe mimetizarse con lo que ya triunfa. Es un monopolio terrorífico y un sistema opaco"
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Spotify, líder hegemónico del streaming musical con 751 millones de usuarios a nivel mundial, enfrenta crecientes tensiones culturales y económicas. La plataforma, que ha transformado la forma en que se escucha, lanza y compone música, es criticada por pagos bajos, algoritmos opacos y un sistema que prioriza la música que ya triunfa. Artistas y la industria musical cuestionan las prácticas de Spotify, describiéndolo como un "monopolio terrorífico" que decide qué suena y quién sobrevive. A pesar de los debates sobre su impacto, Spotify continúa siendo la plataforma dominante, moldeando la industria musical global y consagrando a las estrellas más escuchadas. Más de 10 millones de creadores suben su música a la plataforma.

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More than 10 million creators upload music to Spotify.

statisticMelanie Parejo, Head of Music de Spotify
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Spotify controls 751 million users worldwide.

statisticIgnacio Gallego, investigador
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Spotify and other platforms have aggravated systemic imbalances in the music ecosystem.

quoteAinara LeGardon, artista y experta
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Spotify is the hegemonic leader in global streaming.

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Spotify is trying to impose its narrative on diversity, value creation for artists, and environmental impact.

quoteIgnacio Gallego, investigador
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LA LECTURAReportajeEl gigante musical se enfrenta a un creciente n�mero de tensiones culturales y econ�micas mientras su hegemon�a no deja de crecerActualizado Martes, 24 marzo 2026 - 00:05Hubo un tiempo en que Spotify era la promesa cumplida de internet: toda la m�sica del mundo en el bolsillo por el precio de un par de caf�s al mes. Un milagro tecnol�gico que parec�a haber resuelto de golpe la pirater�a y la nostalgia derivada del MP3. Todo ello, simplemente, pulsando un logotipo negro con un c�rculo verde en la pantalla. Y, �pum! Se hac�a la magia. Pero los milagros digitales suelen tener letra peque�a. Cuando una empresa consigue convertirse en la mano invisible de c�mo y cu�nto escuchamos descubrimos que no solo distribuye canciones: tambi�n decide qu� suena y qui�n sobrevive.Quejarse de Spotify es ya hoy todo un leitmotiv en la industria musical. Hace una d�cada que se habla de pagos bajos, de algoritmos opacos, de listas de reproducci�n que convierten la m�sica en un hilo musical permanente. Pero la sensaci�n ahora es distinta. Una sucesi�n de fuegos amenazar�an con convertirse en incendio, situando al gigante sueco frente al extintor.Seamos claros desde el principio: Spotify contin�a siendo el l�der hegem�nico del streaming global y consagra como estrellas a los artistas m�s escuchados en la plataforma (los Quevedo, Aitana o Rosal�a, a nivel nacional). Ha moldeado c�mo escuchamos m�sica, c�mo se lanza un disco y hasta c�mo se compone. Pero ese liderazgo ya no es solo sin�nimo de �xito, tambi�n concentra tensiones culturales, econ�micas y pol�ticas. Son tan solo una peque�a parte de las llamadas guerras del streaming.�Spotify controla ahora mismo 751 millones de usuarios a nivel mundial. Es una empresa que suele ir por delante de los debates, tratando de imponer su relato sobre diversidad, creaci�n de valor para los artistas o impacto medioambiental. La situaci�n generada estos �ltimos meses es muy relevante, pero a�n no se puede apreciar en las cuentas de la compa��a�, afirma Ignacio Gallego, investigador y codirector del M�ster en Industria Musical y Estudios Sonoros de la Madrid" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="59324" data-entity-type="organization">Universidad Carlos III de Madrid.Para saber m�sNo solo el dato de usuarios es significativo, sino tambi�n el de los creadores que suben su m�sica a la plataforma, que superan ya los 10 millones: �Hace 20 a�os, la industria musical qued� pr�cticamente devastada por la pirater�a. Y cuando uno entraba en una tienda de discos, en el mejor de los casos encontraba entre 3.000 y 4.000 ced�s, lo que limitaba la visibilidad y las oportunidades de cualquier artista para ganarse la vida�, se�ala Melanie Parejo, Head of Music de Spotify en el sur y este de Europa. �Ahora, cualquier artista tiene la misma posibilidad de encontrar a su p�blico: puede autoproducirse y distribuir su m�sica con facilidad�.�El ecosistema musical es uno en el que operan desequilibrios sist�micos. Spotify y otras plataformas no han hecho m�s que agravarlos�, rebate Ainara LeGardon, artista y experta en propiedad intelectual. �Su uso est� tan extendido entre el p�blico general que lo �nico que verdaderamente pondr�a en jaque a Spotify ser�a una audiencia informada y cr�tica, algo imposible de conseguir dado el contexto general en el que operan y del que se nutren las plataformas�.El ensayo Mood Machine: The Rise of Spotify and the Costs of the Perfect Playlist (La m�quina del humor: el �xito de Spotify y los costes de la playlist perfecta, no editado de momento en espa�ol), de la periodista estadounidense Liz Pelly, funciona casi como acta notarial de esa controvertida realidad. Tras realizar un centenar de entrevistas a empleados, m�sicos y ejecutivos del sector, Pelly describe una industria cada vez m�s monopolizada, m�s automatizada y, en definitiva, m�s playlistizada. La tesis es inc�moda: el modelo no solo distribuye m�sica, tambi�n la reconfigura. Y lo hace en funci�n de la retenci�n y no del riesgo art�stico.�El streaming ofrece muchas oportunidades para la m�sica como arte y para las personas que la crean. Lo que ocurre es que se ha impuesto un modelo estricto, limitado y limitador�, sentencia Mark Kitcatt, director del sello Everlasting Records y presidente de WIN, la organizaci�n internacional que representa a las asociaciones de compa��as independientes de m�sica. �Adem�s del perjuicio econ�mico, las nuevas pol�ticas de remuneraci�n de Spotify tambi�n obstaculizan la diversidad cultural y geogr�fica�, agrega su CEO, Noem� Planas.Sobre el papel, Spotify habla de un �mercado bilateral�: oyentes que pagan con dinero y datos; m�sicos que aportan el contenido. Pero la plataforma no remunera en funci�n de lo que cada usuario escucha, sino seg�n la proporci�n global de reproducciones. Aunque alguien consuma exclusivamente artistas independientes, su cuota mensual acaba engordando tambi�n a Taylor Swift, Bad Bunny o Rosal�a, y por ende, a los grandes cat�logos de las majors. �Si quiere sobrevivir ah� dentro, el artista independiente debe mimetizarse con lo que ya triunfa. El oyente, si no se esfuerza activamente en romper la burbuja, ser� alimentado con los mismos productos prefiltrados, prefabricados y reciclados�, explica Frankie Piz�, periodista, divulgador cultural y creador de contenido. �Hoy el sistema premia volumen y retenci�n, y eso empuja a la sustituci�n del m�sico medio por contenidos cada vez m�s baratos y desechables�."El sistema premia volumen y retenci�n, y eso empuja a contenidos cada vez m�s baratos y desechables"Frankie Piz�, periodista, divulgador cultural y creador de contenido�Como creador no tienes acceso a ciertas ventajas si no alcanzas un n�mero de seguidores y oyentes mensuales. No puedes promocionar tus conciertos, ni anunciar un lanzamiento, ni pedir que preguarden las canciones antes de que salgan�, cuenta Gabriel Ca�estro, music�logo y artista independiente que comenz� a subir sus temas a Spotify en 2018.Aunque el pago establecido para los autores es de 0,003 c�ntimos por reproducci�n, desde 2024, las canciones que no superan el umbral de 1.000 escuchas anuales no generan ingresos. Para un m�sico emergente, esa cifra puede marcar la diferencia entre obtener una cantidad irrisoria o nada en absoluto. La medida se present� como una forma de combatir el fraude de las �grabaciones funcionales� -ruido blanco, sonidos de la naturaleza, ruidos de m�quinas, efectos de sonido, ASMR sin voz y silencios infinitos-, pero ha sido le�da por muchos creadores como un filtro que expulsa a�n m�s a la periferia. �La remuneraci�n total que recib� en 2025 no llegaba a los cinco euros.Pero el problema no se queda en los pocos beneficios que generas a trav�s de la plataforma, sino que hay un agujero negro con las distribuidoras, que son las que te posicionan en las listas. Y todo eso cuesta mucho dinero�, dice Ca�estro, que cuenta con una media de 125 oyentes mensuales. �Se ha convertido en una espiral de pay-to-win. Est�s m�s tiempo preocupado por promocionar tu m�sica que por escribirla�. Afirma Planas que Spotify no ha atendido muchas de las peticiones de WIN y que las nuevas tendencias son preocupantes: �La reasignaci�n de ingresos por regal�as est� creando un efecto Robin Hood inverso, con un mercado musical que canaliza los ingresos hacia los establecidos�.Desde Spotify, sin embargo, niegan que su sistema favorezca �nicamente a los artistas m�s famosos: �Queremos que todos los artistas se sientan c�modos, sea cual sea su �xito o notoriedad. Nuestros pagos en Espa�a han aumentado de forma constante a lo largo de los a�os, y m�s del 60% de nuestros ingresos se destinan a artistas y sellos independientes�, asegura Parejo. Se�ala tambi�n que el n�mero de artistas que generan royalties en los distintos umbrales se ha triplicado desde 2017, y que la cifra de autores espa�oles que generan entre 10.000 y 100.000 euros se duplic� entre 2019 y 2024: �Hace 10 a�os, el artista con mayores ingresos en Spotify produc�a algo m�s de cinco millones de d�lares. Hoy, m�s de 200 artistas han superado ese dato�.A la tensi�n estructural se suma la pol�mica sobre las playlists. Los testimonios recogidos por Liz Pelly apuntan a la inclusi�n de m�sica plagiada y de bajo coste en listas populares como Deep Focus o Chill Beats. En paralelo, proliferan canciones generadas con inteligencia artificial que inundan el fondo de cat�logo. Son los llamados �artistas fantasma�, quienes compiten en igualdad algor�tmica con creadores humanos. �Hay miles de usuarios respaldados por empresas opacas que generan toneladas de m�sica con IA a coste cero y luego contratan granjas de bots para empujar las reproducciones de ese material. Lo desleal aqu� no es la IA, son las ventajas que dejan la ausencia de regulaci�n y las herramientas tan d�biles contra la suplantaci�n que existen�, sostiene Piz�. El resultado de estas pr�cticas recientes es lo que cr�ticos como �l llaman �slop musical�: piezas planas dise�adas para acompa�ar estados de �nimo y convertirse �en simple atm�sfera optimizada�. Cuanto m�s neutra y reemplazable, m�s f�cil de programar, monetizar y automatizar."Nuestros pagos en Espa�a han aumentado de forma constante, y m�s del 60% de nuestros ingresos se destinan a artistas y sellos independientes" Melanie Parejo, Head of Music de Spotify en el sur y este de EuropaEn el plano de lo legal, la Mechanical Licensing Collective present� en 2024 una demanda contra Spotify por el c�lculo de regal�as en sus suscripciones premium tras la reclasificaci�n de ciertos planes como �bundles�, una estrategia de precios en la que se combinan varios productos y se ofrecen a un precio reducido. Algo as� como un pack ahorro del supermercado. Seg�n los demandantes, esa maniobra habr�a reducido de manera significativa los pagos a compositores y editores. Aunque Spotify se impuso y gan� el litigio, este se suma a un clima de creciente organizaci�n de m�sicos que reclaman un modelo de reparto m�s transparente y sostenible.Pero el malestar generado por el gigante verdinegro ha trascendido lo econ�mico y lo jur�dico. Las supuestas inversiones de su ex CEO, Daniel Ek, en compa��as vinculadas a la tecnolog�a militar israel� han provocado llamamientos al boicot en distintos pa�ses. Dichas inversiones no estar�an confirmadas, seg�n matizan los expertos. �No hay fuentes oficiales que corroboren la relaci�n directa de Spotify con el conflicto en Gaza. S� con la industria armament�stica o de tecnolog�as de defensa, como es el caso de Helsing, pero no con empresas de Israel�, puntualiza LeGardon.La emisi�n de anuncios de reclutamiento del ICE -el servicio de control de inmigraci�n estadounidense- en los planes gratuitos durante el pasado oto�o encendi� otra mecha. Tambi�n se cuestion� la participaci�n de Spotify en un evento previo a la investidura de Donald Trump y su contribuci�n financiera a la ceremonia oficial. Para una parte de los usuarios, la plataforma ha dejado de ser un simple intermediario cultural para convertirse en un actor pol�tico. Es la raz�n por la que, en Catalu�a, m�s de 70 artistas anunciaron su salida de la plataforma como protesta hace unas semanas. Entre ellos, Salvador Sobral y Clara Peya. �No quiero que mi m�sica contribuya a una masacre. Claro que temo que mi carrera sufra las consecuencias, pero prefiero vivir con ellas que con la muerte de alguien inocente, indirectamente relacionada con mi m�sica�, declara Sobral a EL MUNDO.�Helsing es una inversi�n personal de Daniel Ek y no tiene ninguna relaci�n con Spotify; se trata de una empresa totalmente independiente que opera en Europa, vinculada a la guerra en Ucrania y no de Israel, como se ha afirmado repetidamente�, remarca Parejo. Insiste en dejar claro que no respaldan ning�n tipo de violencia y que los anuncios sobre el ICE pertenec�an a una campa�a oficial de reclutamiento del Gobierno de Estados Unidos difundida en los principales medios y plataformas: �No era una campa�a propia y ya se ha retirado de Spotify. Nos aseguramos de que los usuarios puedan enviar comentarios y elegir qu� contenidos no desean ver en nuestra plataforma�."Estamos desarrollando una tolerancia a la mediocridad nunca vista. Los contenidos son artificiales y las propias obras humanas tienden a la homogeneizaci�n"Ainara LeGardon, artista y experta en propiedad intelectualPero el boicot no es solo un gesto simb�lico, sino que apunta a algo m�s profundo: la percepci�n de que Spotify no es sino una infraestructura cuyos valores, inversiones y decisiones editoriales impactan en la cultura. Para Sobral, principal promotor de la campa�a Boicot a Spotify, se trata de una cuesti�n de poder: �Los artistas no tienen voz ni voto en el proceso de venta del resultado de su trabajo, mientras que las grandes empresas quieren extraer beneficio como sea. Hay que recuperar estructuras de participaci�n y de control sobre la producci�n de la m�sica, y volver a centrarnos en la relaci�n entre el artista y su comunidad�. En la p�gina web de Boicot a Spotify presentan otros servicios alternativos de streaming �m�s artist friendly�. Animan a migrar toda la m�sica (la producida y la escuchada) a Qobuz, Mirlo o Faircamp y detallan, incluso, las instrucciones para hacerlo de forma f�cil y r�pida.�Por mucho exilio o boicot que se plantee, el volumen de usuarios siempre crecer� de una forma m�s r�pida y escalonada que la renuncia. Si algo tiene Spotify que lo diferencia de otras plataformas es el inmenso sentimiento de pertenencia que genera en los usuarios�, argumenta Piz�. �Muchos j�venes entienden Spotify como su puerta hacia la m�sica, ni siquiera piensan en ella como una plataforma con un sistema opaco y manipulado�.Mientras tanto, la compa��a atraviesa su propia metamorfosis. Cambios en la direcci�n ejecutiva y ajustes de plantilla, la inclusi�n de un chat en la aplicaci�n para convertirla en red social, experimentos con audiolibros y videoclips o la potencial subida de precio en los planes de suscripci�n dibujan un escenario de transici�n. El streaming musical, que durante a�os creci� casi sin fricci�n, se enfrenta ahora a un mercado m�s maduro e innovador.Spotify ha ampliado el acceso a la m�sica a una escala sin precedentes y ha reducido la pirater�a en muchos mercados. Parejo destaca que, en 2025, abonaron 11.000 millones de d�lares a la industria musical global, �el mayor pago realizado por un distribuidor en la historia�, seg�n se recoge en su �ltimo informe Loud & Clear. Pero el coste de esa eficiencia -en ingresos, en diversidad y en autonom�a creativa- est� siendo cada vez m�s discutido.�Como sociedad estamos desarrollando una tolerancia a la mediocridad nunca vista. No solo los contenidos son artificiales, sino las propias obras humanas, est�n tendiendo a la homogeneizaci�n. Nuestro gusto se est� aplanando y est� desapareciendo nuestra capacidad para apreciar lo complejo y para desear cualquier cosa fuera del promedio�, advierte LeGardon. �Antes, como usuario, pod�as descubrir a artistas nuevos con muy pocos oyentes, cosa que ahora no sucede con las listas prefabricadas�, recuerda Ca�estro. Sin embargo, no se plantea migrar de plataforma: �Como m�sico peque�o, eso ser�a un suicidio. Ya me cuesta bastante que se viralice un v�deo en TikTok y que, desde ah�, alguien pinche en el enlace que les lleva a mi perfil de Spotify, como para hacerlo en un entorno menos conocido para el gran p�blico. Estamos hablando de un monopolio terror�fico, pero te da, indudablemente, cierta visibilidad�."La creaci�n cultural no puede depender solo del mercado porque forma parte de un ecosistema mayor: desde cuestiones de clase hasta la visibilidad de las obras"Ignacio Gallego, codirector del M�ster en Industria Musical y Estudios Sonoros de la UC3MLo que est� en juego no es solo cu�nto paga una plataforma por stream o qu� ocurre cuando el algoritmo decide qu� merece ser escuchado y qu� se diluye en el fondo, sino hasta qu� punto los oyentes son conscientes de la arquitectura que organiza su experiencia diaria.Seg�n Gallego, la transformaci�n de las infraestructuras digitales es fundamental para �reducir nuestra dependencia de los grandes emporios tecnol�gicos� y de las empresas que controlan los derechos: �Ya hay ejemplos interesantes, como Subvert, pero en Europa debemos ir m�s all� y plantear c�mo integrar los servicios p�blicos de comunicaci�n en esta ecuaci�n�. Insiste el investigador de la UC3M en que la creaci�n cultural no puede depender solo del mercado ni de la subvenci�n: �Forma parte de un ecosistema mayor: desde cuestiones de clase, como el acceso a la vivienda y la supervivencia diaria, hasta la propia visibilidad de las obras�.�Para tener alguna posibilidad de mermar tal aparato cultural deber�amos convertir el hecho de no usar Spotify en algo aspiracional, en una moda que se contagiara. Pero estamos muy lejos de eso. La mayor�a de la audiencia es pasiva y conformista, y la mayor�a de creadores est�n entre la espada y la pared�, concluye Piz�.Sin duda, Spotify ha conseguido algo extraordinario: convertirse en sin�nimo de escuchar m�sica en el m�vil. El momento actual no parece el principio del fin, pero s� un punto de inflexi�n. La pregunta ya no es si el modelo funciona -porque lo hace-, sino para qui�n y a qu� precio.
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0.40
§ 07

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