Hace 34 años, el cantautor cubano
Silvio Rodríguez escribió una canción que, entre otras cosas, decía:—Me vienen a convidar a arrepentirme. Me vienen a convidar a que no pierda. Me vienen a convidar a indefinirme. Me vienen a convidar a tanta mierda. Yo no sé lo que es el destino. Caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví.Era 1992, y ya habían pasado 33 años desde que, aquel 1 de enero de 1959, “se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar”. Si la canción que
Carlos Puebla compuso en 1965 glosaba la hazaña de aquellos barbudos –
Fidel Castro,
Ernesto Che Guevara,
Camilo Cienfuegos— que bajaron de Sierra Maestra para acabar con la dictadura de
Fulgencio Batista, la letra de
Silvio Rodríguez iba más allá. Era una renovación de los votos revolucionarios, una confirmación del compromiso y, sobre todo, una advertencia a aquellos que por las buenas —la invitación a arrepentirse— o por las malas –“dicen que me arrastrarán por sobre rocas / cuando la revolución se venga abajo / machacarán mis manos y mi boca / me arrancarán los ojos y el badajo”— intentaban que el cantautor cediera a la tentación.Año tras año, sin solución de continuidad, la ruina, el hambre y la desilusión se iban apoderando de las calles de
La Habana y de todo el país, pero Rodríguez seguía fiel a aquella canción que no por casualidad había titulado El necio.Tal vez hubo un momento, hace ahora justo 10 años, en el que se abrió una rendija a la esperanza. El día 20 de marzo de 2016,
Barack Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos que viajaba a
Cuba después de 88 años. El anterior fue
Calvin Coolidge en 1928, y tardó tres días a bordo del acorazado Texas. Obama solo necesitó tres horas de vuelo en el Air Force One.Durante meses, la embajada estadounidense preparó la visita con esmero. Lo más curioso fue que, después de casi seis décadas de abierta hostilidad entre los dos países, el presidente de Estados Unidos decidiera elegir al cómico más famoso de
Cuba,
Luis Silva, cuyo personaje es un anciano llamado Pánfilo, para anunciar que estaba a punto de visitar
La Habana. Y no solo eso, sino que, una vez en la isla, una de sus primeras visitas fuese al plató del programa de televisión –una recreación de la sala de estar de una vivienda típica de
La Habana Vieja–para jugar una partida de dominó con Pánfilo y dos de sus amigos. Un encuentro lleno de cordialidad en el que
Barack Obama se desenvolvió con soltura y hasta rio de buena gana con las bromas de doble sentido típicas del programa: “Nos quedamos bloqueados en el seis dos”, le explicó Pánfilo refiriéndose a la partida de dominó, pero también al año –1962– en que Estados Unidos endureció el embargo comercial a
Cuba. Obama pronunció un discurso inolvidable en el Gran Teatro de
La Habana. De entre todas las frases, una:—Vengo aquí a enterrar los últimos restos de la Guerra Fría.No pudo ser.De regreso a la actualidad, hay un tuit que rompe el hechizo. Es del 20 de marzo, justo el décimo aniversario de la llegada de Obama. El canal @cubainformación reproduce unas palabras de
Silvio Rodríguez: “Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”.Dicho y hecho. El cantautor ya tiene su fusil. Un reluciente kaláshnikov que le entregó el ministro de las Fuerzas Armadas en presencia del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. La imagen improbable de
Silvio Rodríguez, a sus 79 años, esperando en el Malecón, fusil de asalto en mano, el desembarco de los marines de Donald Trump es el final más triste del sueño revolucionario, pero un buen final para su canción.