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WED · 2026-03-25 · 17:10 GMTBRIEF NSR-2026-0325-35390
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Godon se aprovecha del caos y de la caída de Evenepoel en la Volta

Remco Evenepoel sufrió una caída en los últimos 500 metros de la etapa de la Volta a Catalunya en Mont-roig del Camp, frustrando su intento de victoria tras un ataque previo. El incidente ocurrió después de que Jonas Vingegaard le siguiera en su ataque, reacio a colaborar.

Jordi Quixano El PaisFiled 2026-03-25 · 17:10 GMTLean · Center-LeftRead · 4 min
Godon se aprovecha del caos y de la caída de Evenepoel en la Volta
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Remco Evenepoel sufrió una caída en los últimos 500 metros de la etapa de la Volta a Catalunya en Mont-roig del Camp, frustrando su intento de victoria tras un ataque previo. El incidente ocurrió después de que Jonas Vingegaard le siguiera en su ataque, reacio a colaborar. Dorian Godon, del equipo Ineos, aprovechó la situación para ganar la etapa, su segunda victoria en la presente edición de la Volta. Vingegaard no intentó disputar la victoria tras la caída de Evenepoel. La etapa atrajo a numerosos aficionados, incluyendo turistas y escolares, y rindió homenaje al exciclista local Xavier Florencio.

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Six riders attempted a breakaway.

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Patxi Vila conceded that Evenepoel didn't know what happened in the crash.

quotePatxi Vila
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Dorian Godon won the stage.

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Remco Evenepoel crashed with 500 meters to go.

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Vingegaard didn't want to take advantage of Evenepoel's crash.

quoteVingegaard
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De un cuento de hadas a la peor de las pesadillas. Así fueron los últimos 30 kilómetros de la etapa para Remco Evenepoel, que, después de que Bora, su equipo, partiera al pelotón en dos tras un abanico, arrancó frenético para enseñar la matrícula al pelotón. Tenía una cita con la gloria. O, al menos, eso pensaba porque su gozo, poco a poco, fue ennegreciéndose. Más que nada porque Vingegaard saltó tras él y le hizo de sombra, único en aguantar esas pedaladas de fuego, conforme con quedarse a rebufo porque sabe que su terreno es cuesta arriba por más que se defienda en las contrarrelojes, que si llegaban bien y si no también, que a él ya le valía con no perder tiempo, que su momento ya llegaría. De nada sirvieron los aspavientos de Remco, molesto porque no compartían objetivo y porque se complicaba su victoria de etapa. Y bien que se le enredó porque con 500 metros para la bandera a cuadros, en la última de las rotondas, parecieron chocar las ruedas de ambos y Evenepoel se dio de bruces con el suelo. “No sabe ni él lo que ha pasado”, concedió Patxi Vila, director deportivo de Bora. Sangre y rechistes, reniegos y torcida de gesto. Adiós a una victoria de galones. Por delante, Vingegaard se dejó ir —“no quería aprovecharme de una situación así”, confesó el danés en meta—, por lo que Dorian Godon, francés de Ineos, ganador de la primera etapa, volvió a demostrar que es el más rápido del pelotón, dos de tres posibles, toda una gesta.En Mont-roig del Camp, un pueblo costero que quizá no guarda la belleza de otros, rincón de buen comer en cualquier caso de la Costa Dorada, la pasión por la bicicleta es contagiosa, al punto de que en verano se ven muchas más que coches, también porque es tierra de campings y extranjeros, sobre todo ingleses y alemanes. Algunos de ellos, en vacaciones permanentes, ya estaban en las calles habilitadas para los autocares de los equipos ciclistas de la Volta, la gran mayoría arremolinada alrededor del Q36.5 para poder ver a Pidcock, que se llevó los aplausos cuando asomó la cabeza por la puerta del bus. Pero la mayor de las ovaciones fue para Xavier Florencio, exciclista y director deportivo del Bahrain, lugareño y de familia de rodadores, como su padre Josep, que fue campeón de Catalunya en varias ocasiones tanto en ciclocross, pista y carretera. Había también riadas de niños que por un día se saltaban la clase, de familias curiosas por ver las herramientas de los corredores, de aficionados ataviados con los maillots y en busca del botellín de turno. Globos, profesores explicando la mecánica de las carreras, codazos por los autógrafos y vítores para todos, fiesta mayor en la salida de la etapa que, horas después, acabaría en Vila-seca. Y, esta vez, con fallas, con sueños y dramas.En lo que ya es la tónica de la carrera, los equipos dejaron hacer de buenas a primeras a aquellos osados que retaron al pelotón, que pensaron que una fuga podría tener final feliz. Fueron seis los valientes y no faltó entre ellos Veistroffer (Lotto), que cuenta cada jornada por escapada, ocupado como está en retener el maillot de la montaña. Tras él, otros habituales como Uriarte (Kern Pharma) y Burnett (Burgos), además de Thompson (Lotto), Stewart (Modern Adventure) y Aguirre (Euskaltel). Pero las cumbres, por el momento y a la espera de las tres siguientes etapas de alta montaña, son suyas. Y con eso le vale porque el pelotón no está dispuesto a regalar triunfos de etapa, siempre con el ojo puesto a las diferencias —aunque casi le sale rana en la etapa anterior, cuando Lotto no logró la machada por un solo kilómetro—, mínimas este miércoles en la carretera. Aunque en esta ocasión había una sorpresa en forma de Bora.Si bien había tres puertos de camino a Vila-seca -La Mussara, Coll de Capafonts y Coll Roig-, en los meetings de los autocares no preocupaban las ascensiones sino los kilómetros finales alrededor de Reus y sus vendavales. Fue allí, con 30 kilómetros por cubrir, donde el pelotón absorbió a los fugados y donde Bora le llevó la contraria a la lógica y explicó que el atrevimiento y la sorpresa también tienen sitio en un ciclismo donde todo está medido al dedillo, los vatios, la comida, los esfuerzos y hasta el sueño, por descontado los trazados de las carreteras. Pero el equipo alemán, llegados al llano, situó a todos sus hombres en la punta de lanza para tirar con denuedo, para que Reus y su habitual viento —tierra donde las ráfagas hacen temblar las estructuras, donde las sillas acaban en las piscinas— hicieron el resto. Y, al estilo Arquímedes, gritaron ¡Eureka! Abanico y ruptura del pelotón, ataque de Remco Evenepoel con Vingegaard de sombra. Dos contra el mundo; los mejores contra todos. Y así fue, entre quejas y lamentos, entre pedaladas de acero, cómo Evenepoel —seguido de Vingegaard, claro— llegó a la última rotonda con unos pocos segundos de ventaja. La meta estaba a la vuelta de la esquina. Pero se cayó en mala hora y perdió la ocasión. “Está bien, no tiene gran cosa”, aclaraba Vila, que recordaba que este jueves empezará “la otra Volta”. La de la montaña y la de los favoritos, la que dictará sentencia.
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