“Te exigen saber euskera hasta para cambiar una bombilla” no es una cita, señor
Echeverría de las
Nuevas Generaciones del PP en
Gipuzkoa, por la cual se tenga que sentir tan orgulloso como para que la cuelgue usted mismo en un tuit. La hipérbole lleva a menudo a la cima de lo absurdo y deviene ruido, y no verdad. No es una de esas frases que por brillante será falsamente atribuida a
Churchill o
Nietzsche. O a
Cruyff, que con bombilla también tiene un dicho: “Si se apaga un bombillo, pongo otro”.. Dani DuchA diferencia de su cita a cuenta del euskera como requisito o mérito para optar a la administración pública, señor
Echeverría, la de
Cruyff tiene todo el sentido. Primero de noviembre de 1993. Estaba cabreado porque dos días antes el
Atlético de Madrid le había remontado los tres goles de
Romário de la primera parte. Era necesario dejar las cosas claras. Quien no rinda, quien esté fundido, será sustituido. Bombillo suena ridículo en
España. Da risa. Pese a ello, las vacas sagradas y el resto de los jugadores le tomaron en serio. Aquella masculinización podría haberle traicionado. En cuanto a credibilidad. No fue así. La frase, aunque simple, transmitía una verdad pragmática sobre el rendimiento.Usted, en cambio, perdió todo el empuje. Podría haberse ganado la audiencia con un simple cambio de letra y decir bombilla a la vasca: bonbilla. Por desgracia, tampoco le habría funcionado: la frase seguiría siendo hiperbólica. También, es cierto, porque en una intervención oral como la suya, sustituir una m por una n es prácticamente imperceptible. Además, en una bonbilla en la Wikipedia vasca el filamento puede ser de tungsteno o wolframio; la Viqui en castellano dice que la bombilla solo es de tungsteno. El dilema estaría servido.Lee tambiénEn todo caso, el problema, como ya hemos señalado antes, no es tanto el uso de la hipérbole oralmente, sino recrearse en la palabra escrita.La exageración es un recurso habitual en los políticos. De todos los colores. Pero a base de experiencia casi todos han aprendido que por escrito, mejor no.Lo han aprendido con los años. Han madurado.
Aragonès dejó de decir “
España nos roba”; un joven
Pablo Iglesias quería “tomar los cielos por asalto, no por consenso”; a Abascal lo hemos visto sobre un caballo llamando a la Reconquista. Feijóo dejó dicho que “nadie puede negarnos que el pueblo gallego se remonta a la noche de los tiempos”.“Madurar no es eso -podría decir usted, señor
Echeverría-, sino llamar Dogstoievski a tu perro”. Que madurar es “darse cuenta de que la casa nunca está completamente limpia”. Es cierto con respecto a la cotidianidad. Pero en política es dejar de lado la hipérbole.Pero es que hay más, señor
Echeverría. La exageración para denunciar la exigencia del euskera en la administración pública le va a la contra también por su contenido. Porque la legislación permite esta exigencia: el artículo 56.2 de la ley del Estatuto Básico del Empleado Público (Trebep) votada en el Congreso, y el artículo 15 de la ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común, igualmente estatal.Las dos facultan a Catalunya, el País Vasco y Galicia a establecer el conocimiento del catalán, el euskera y el gallego como un requisito -además del castellano- o como un mérito en las administraciones públicas propias. Euskadi marcó que sea un requisito en algunos lugares y un mérito en otros, según funciones y política lingüística pública. Y para cambiar una bombilla... pues poca exigencia habrá. Además, la primera ley es un texto refundido del 2007 por el gobierno del PP, que no modificó ese artículo; la segunda fue impulsada por el mismo PP de Rajoy con su mayoría absoluta en el 2015.Y, mira por dónde, Feijóo se aferró a ambas cuando gobernaba Galicia para exigir el gallego en el acceso a la administración pública.Sea como fuere, con aquel “te exigen saber euskera hasta para cambiar una bombilla”, salta a la vista que la usa como escudo para no tener que dar datos reales. Y la madurez camina hacia la precisión. Con todo, su líder no le dirá nada ni lo relevará, porque aún hoy no es preciso. Y, sinceramente, no sería procedente que le pasara por la cabeza cambiar un bombillo por otro.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF