La prensa neoyorquina lo apod� 'The Hunt' ('El Cachas') en un combo de admiraci�n y cierta inquina por su linaje y apabullante atractivo f�sico. Abogado, aspirante a actor (dicen que esa era su verdadera vocaci�n frustrada), periodista, editor de la revista 'George' y heredero de la privilegiada gen�tica de su padre -el m�tico JKF- y de su madre -la ic�nica Jackie O.-, John F. Kennedy Jr. fue el gal�n universal por el que beb�a los vientos todo el planeta en aquellos a�os 90 de supermodelos y transici�n de la era anal�gica a la digital. Casi dos d�cadas despu�s del tr�gico accidente de avioneta en el que muri� junto a su esposa y su cu�ada, la serie 'Love Story: John F. Kennedy y
Carolyn Bessette', adem�s de traernos de vuelta el impecable minimalismo de las colecciones noventeras de
Calvin Klein y la nostalgia por un Nueva York en sus, presuntamente, a�os dorados, ha conseguido que el mundo se vuelva a enamorar del hermoso pr�ncipe de Am�rica que, a falta de corcel blanco, zigzagueaba a lomos de su bicicleta por las concurridas avenidas de
Manhattan. Siempre impecablemente vestido; siempre sin casco.Interpretado por
Paul Anthony Kelly en la ficci�n, que no solo guarda un asombroso parecido f�sico con el editor de 'George', sino que tambi�n recrea con una naturalidad pasmosa ese estilazo innato 'sin esfuerzo' del que hac�a gala JFK Jr. en cada una de sus apariciones p�blicas —ese 'effortless' que suele acompa�ar su nombre en medios y redes—, el actor canadiense reproduce con asombrosa similitud su forma de hablar e incluso su manera de correr.Quien estaba llamado a convertirse en heredero de 'Camelot' —el t�rmino metaf�rico con el que su madre bautiz� la ef�mera e idealista etapa durante la que su padre, segundo de los nueve hijos de
Joseph P. Kennedy y
Rose Fitzgerald, ocup� la presidencia de Estados Unidos— se distingui� siempre por una pasi�n por el deporte que le llev� a integrar la actividad f�sica como una parte esencial de su vida cotidiana.Socio del elitista gimnasio
Equinox -al que sol�a acudir junto a su esposa- desde su apertura a principios de la d�cada de los 90 del pasado siglo, antes de eso, JFK Jr fue un asiduo del 'Physical Culture Studio' de
Radu Teodorescu, conocido como el 'Entrenador de las Estrellas'. El propio Teodorescu, en cuya lista de pupilos figuraban celebridades de la talla de
Cindy Crawford (con quien grab� algunos de sus populares videos de rutinas de entrenamiento), Brooke Shields, Candice Bergen o Susan Sarandon y que fue el art�fice de la preparaci�n f�sica de Christopher Reeve para encarnar a Superman, era el que le planificaba unos entrenamientos orientados a objetivos deportivos concretos en bicicleta o kayak."Ten�a una determinaci�n enorme. Le pon�a a hacer ejercicios en las anillas, el trapecio, la barra fija y en la colchoneta. No entrenaba simplemente para verse bien en la foto, sino porque quer�a aprender a controlar su cuerpo. La naturaleza lo hab�a bendecido con buena apariencia y un f�sico fuerte, pero �l quer�a ir m�s all�; quer�a comprender c�mo funcionaba su cuerpo. Era arriesgado, pero no se embarcaba en actividades peligrosas sin antes prepararse adecuadamente", manfiest� Teodorescu tras el fallecimiento de Kennedy.Pero, m�s all� del entrenamiento reglado 'indoor', JFK jr. fue, ante todo, el mejor ap�stol de un fitness funcional que le llev�, de forma natural, a convertir la ciudad de Nueva York en el mejor y m�s espectacular gimnasio del mundo. A pesar del acoso constante de los paparazis, el ni�o bonito de Am�rica -al que hoy le est�n saliendo imitadores hasta de debajo de la alfombra- se sol�a desplazar por
Manhattan en bicicleta o patinando en l�nea en una jugada magistral tanto f�sica como de gesti�n del tiempo: entrenaba cardio a la vez que se libraba de los insufribles atascos de la 'Gran Manzana'.Escenario principal de sus cotizad�simas fotos a pechazo (�sin depilar!) descubierto, era habitual verle en Central Park haciendo calistenia o jugando al 'freesbee' con sus amigos de toda la vida, tal y como se refleja en la serie que narra su convulsa historia de amor con
Carolyn Bessette, cuyo tr�gico final sigue conmovi�ndonos a�n hoy.