Noelia no puede más. Pide morir en paz para dejar de sufrir. Y quiere hacerlo “sola y guapa”. Si no hay sorpresas de última hora esta joven catalana, de 25 años, abandonará este mundo hoy a las seis de la tarde. Es la hora fijada –ella misma lo anuncia– para una eutanasia por la que
Noelia lleva dos años luchando. Una paraplejia la tiene postrada en una silla de ruedas tras arrojarse al vacío desde un quinto piso después de ser víctima de una agresión sexual en manada.
Noelia dice sentirse aliviada a solo 24 horas de esa muerte anunciada. “Por fin lo he conseguido, por fin podré descansar”, afirmaba ayer la joven en su única y última entrevista concedida a la periodista
Bea Osa del programa
Y ahora Sonsoles. “No tengo ganas de nada; ni de comer, ni de salir, duermo mal, me duelen la espalda y las piernas (…) y quiero dejar de sufrir, irme en paz”, relata
Noelia para justificar su decisión. Asegura que “no puede con su familia, con los dolores y con todo lo que me atormenta en mi cabeza”. Y añade que lo que percibe del mundo que le rodea y la sociedad que le ha tocado vivir “no me gusta nada”. Ante se panorama, “prefiero desaparecer”.“No tengo ganas de nada; ni de comer, ni de salir, duermo mal, me duelen la espalda y las piernas (…) y quiero dejar de sufrir, irme en paz”Recuerda que su vida no ha sido fácil para ella. “Desde siempre me he sentido sola, nunca han empatizado conmigo…”. Y confiesa que ha intentado suicidarse varias veces y que empezó a autolesionarse desde muy niña. Ese cuadro mental la ha llevado a pasar por varios centros psiquiátricos, donde nunca encontró el consuelo o la cura deseada.Al separarse sus padres pasó por varios centros de acogida. “Después me junté con malas compañías, consumí drogas y uno de mis primeros novios abusó de mí cuando estaba dormida”. Esas agresiones sexuales se repitieron con otros hombres, hasta que un día fue víctima de una violación grupal. “Fueron tres chicos, pero nunca denuncié porque al cabo de tres o cuatro días me tiré por la ventana”.“Mi padre me dijo que para él estaba muerta y que no pensaba pagar el entierro ni venir a la ceremonia”En esa entrevista que se augura póstuma
Noelia ha sido especialmente dura con su padre, que desde que supo sus intenciones ha intentado paralizar esa eutanasia. “Me decía: estás hueca por dentro, no tienes corazón, no piensas en el dolor de los demás...”. Y ella respondía: “Sé que yo me voy y vosotros os quedáis aquí con todo el dolor, pero ¿y lo que yo he sufrido?”.Declaraciones a la salida del juzgado del letrado de Abogados Cristianos, que han intentado parar esta eutanasia en nombre del padre de
Noelia Pep Herrero / Shooting / ColaboradoresPero lo que más le ha dolido en todo el proceso, confiesa, es que “diga que todo lo que cuento, cuando hablo de mi sufrimiento, es mentira”.
Noelia afirma que su padre “nunca ha querido escucharme, ni tampoco viene a verme”. Y añade que si alguna vez quería entablar una conversación, “él seguía viendo el fútbol, sin hacerme caso”. Llegó a decirle, revela
Noelia, que “para él estaba ya muerta”. Critica que nunca haya respetado su decisión, y también recuerda que “me respondió con gritos” cuando le comunicó su decisión. Ya le ha dicho también que “no piensa pagar mi entierro, ni acudir al mismo”.La joven relata una vida muy difícil con varias agresiones sexuales, intentos de suicidio y un padre muy ausenteLa madre de
Noelia -que aún espera un cambio de opinión de última hora de su hija- revelaba ayer en ese programa de televisión que lo último que le ha dicho su exmarido a su hija es: “Ya que tú has empezado todo esto, ahora lo acabas”.
Noelia no ha dejado pasar la oportunidad para relatar en esta entrevista cómo era su vida en el seno familiar antes de que sus padres se separaran. “Mi padre apenas estaba en casa; se iba a las siete de la mañana y volvía a las tres de la madrugada”. Con todos estos antecedentes,
Noelia no acaba de entender ahora la cruzada iniciada por este hombre para evitar esa muerte asistida de su hija.“Mi madre me dijo que ya que es la primera que vio cómo se abrían mis ojos, quería ser la última en ver como se cierran; pero no podrá ser”
Noelia y su madre tenían previsto ayer pasar su última noche juntas en la habitación del hospital donde está prevista la muerte asistida.
Noelia lo tenía todo preparado. Ha invitado estas últimas horas a visitarla “a todos aquellos que quieran despedirse de mí”. Pero cuando le pongan la inyección “quiero estar sola en la habitación, morir sola”. Se va a poner “el vestido más bonito que tenga” y también “quiero maquillarme, para estar guapa”. La madre de
Noelia le dijo que ya que ella “fue la primera en verla cuando abrió los ojos, quería estar ahí cuando los cerrara”. Eso no podrá ser, según ha decidido
Noelia. Asegura que más que nerviosa, a horas del final, se siente aliviada. Y avisa que cuando todo acabe “no quiero ser ejemplo de nada”.Si esa muerte no ha llegado antes no ha sido por los tribunales, que desde el primer día le han dado la razón al sentenciar que su caso se ajusta a lo exigido por la ley que contempla el derecho a una muerte digna. La batalla se ha alargado por la frontal oposición del padre de
Noelia, asesorado por la asociación Abogados Cristianos, a esa eutanasia. Ese hombre sostiene que su hija no está capacitada mentalmente para decidir sobre su futuro. Una batalla judicial que ha pasado por el Superior de Justícia, el Supremo, el Constitucional y EstrasburgoTodo lo contrario a lo recogido en el dictamen del Comisión de Garantía y Evaluación de Catalunya (CGAC), creada para garantizar el derecho a la eutanasia. Esos expertos informaron ya en abril de 2024 que
Noelia estaba plenamente capacitada para tomar esa decisión y que su derecho a una muerte asistida se ajusta a la ley: “Presenta una situación clínica no recuperable que le provoca una dependencia grave, dolor y un sufrimiento crónico e imposibilitante”.El final de esta dura historia, si llega esa deseada eutanasia por
Noelia, se escribirá después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) se haya aliado esta semana con las diferentes sentencias de la justicia española en apoyo a la petición de esa joven. Su padre intentó aún ayer in extremis detener el proceso con una “cautelarísima”. Pero el juzgado al que acudió se declaró incompetente para entrar, a estas alturas, en un proceso que antes de llegar a Europa ha pasado por un juzgado de Instrucción, el Superior de Justícia de Catalunya, el Tribunal Supremo y el ConstitucionalLicenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 2000. Fue corresponsal en LLeida y Pirineos. Actualmente adscrito a la sección Sociedad. Autor del libro 'Acoso escolar' (RD Editores)