Marta Saliné ha dedicado horas, días, meses y años a contemplar, estudiar y analizar los mosaicos que revisten las obras de Gaudí. Porque también en esto el arquitecto fue pionero y rompedor. Un mosaico para cada espacio, un juego de colores y materiales que responden a dos reglas: belleza y economía. Saliné encuentra en uno solo de los plafones de la sala hipóstila del
Park Güell, cristales, restos de vajillas, tapones de botellas de licor, botellitas de perfume, espejos...fMarta Saliné es historiadora del arte y se ha especializado en el trencadís la técnica constructiva que Gaudí impulsó y que en el
Park Güell alcanza un esplendor máximo Nacho Vera / PropiasTodo comienza en los pabellones de portería de la
Finca Güell de
Pedralbes. “Allí la cerámica se empieza a trabajar según la técnica del alicatado hispanoárabe y luego se rompe para recubrir la cúpula, como si fuera una piel”, cuenta Saliné. “Gaudí piensa que el mosaico tradicional, por decirlo de algún modo, ocupa demasiado tiempo y necesita profesionales, así que para ahorrar en mano de obra traslada este trabajo a los operarios, que son quienes hacen el trencadís”. De la
Finca Güell al
Palau Güell, “donde empieza a experimentar con todos los materiales que tiene al alcance”. Y queda materializado en la azotea, en las populares chimeneas, “creo que las piensa una a una... y aquí el reciclaje sí empieza a ser una verdadera herramienta”. En una de las chimeneas utiliza fragmentos de platos de la
Casa Pickman de Sevilla, como el que sostiene Saliné en la imagen, o tazas de
Limoges. La especialista cita una información de agosto de 1890 de
La Vanguardia : “¿Puede darse cosa más original que aquel cúmulo de chimeneas fantásticas formadas de los desechos de la construcción? (...) fragmentos que combinados al azar, en formas ingeniosas y quiméricas componen un conjunto brillante, rico de color, con el cual se demuestra que un verdadero artista consigue hacer brotar la belleza de entre los mismos escombros”. Lee tambiénSi en la Casa Batlló experimenta con la aplicación del cristal y el color; en
La Pedrera se recrea con las tonalidades blancas –cientos de blancos– y en la
Torre Bellesguard, los mosaicos de piedra son protagonistas. “Gaudí crea un nuevo método del arte del trencadís antes de convertirlo en un elemento inseparable de su obra”. La culminación, con permiso de la Sagrada Família – “que al ser una obra dedicada a Dios, todo en ella es magnánimo”– es el
Park Güell, un catálogo vivo de trencadís en el que Jujol juega un papel determinante aumentando contrastes con colores y texturas. El trencadísEl cómo y el porqué de una técnica genuina: en libro y en exposiciónMarta Saliné y Mireia Freixa firman el libro Gaudí i el trencadís modernista (Triangle Books, 2020), un recorrido paso a paso, obra a obra, por el uso que Gaudí hizo de esta técnica constructiva que él mismo ideó. Todo sobre el trencadís, su evolución, sus antecedentes (el mosaico clásico y del mundo árabe) y el contexto histórico y cultural del arquitecto. Y todo magníficamente ilustrado por las fotografías de Pere Vivas y Ricard Pla. El libro da pie a la exposición ‘Gaudí i el trencadís’, comisariada por Saliné y Freixa, que ahora y hasta el 13 de septiembre (luego viajará a Zamora) puede verse en el Museo Casa Botines Gaudí, en León. Producida por World Monuments Fund, la muestra cuenta con la colaboración el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí” y presenta 50 piezas, entre originales y réplicas realizadas por Montse Agüero, que ilustran la evolución del trencadís en la obra del arquitecto.“Revisten la arquitectura para que sea coloreada, para que nos acerque a la naturaleza; consigue efectos que hacen que la obra de Gaudí esté viva, que cambie según la hora del día y la luz que la ilumina”. Cuando el trencadís, tras popularizarse sobremanera, deja de estar de moda en Catalunya, en los años veinte prolifera en Valencia y también en Francia.