Conocido por ser uno de los rostros más populares a raíz de la ficción televisiva
La que se avecina , donde da vida desde hace 16 temporadas a uno de sus personajes principales,
Nacho Guerreros (Calahorra, 1970) se define como un ciudadano más. Inquieto, polifacético y felizmente entregado a la interpretación en todas sus vertientes, siempre tuvo clara su vocación, aunque reconoce que un premio de lotería que ganó su padre hace más de veinte años impulsó definitivamente su carrera.“Yo no compré mi carrera de actor con ese proyecto, porque yo ya llevaba en
Madrid mucho tiempo y había estudiado en la escuela de cine”, explica el intérprete en conversación con
La Vanguardia, aunquereconoce que, gracias a aquel respaldo familiar, pudo hacer realidad su sueño y adquirir en 2005 los derechos de producción de la obra de teatro Bent .Por aquel trabajo fue nominado a Mejor Actor Protagonista por la
Unión de Actores y logró además captar la atención de
Elena Arnao, una de las directoras de casting más influyentes del país. Fue ella quien le abrió poco después las puertas de la televisión con
Aquí no hay quien viva , consolidando de forma definitiva su carrera en la pequeña pantalla con su longeva participación al año siguiente en
La que se avecina.
Nacho Guerreros en '
La que se avecina'MediasetDesde entonces, el intérprete ha elegido devolver el sentido a aquel golpe de suerte, dedicando íntegramente su vida al oficio sobre el que reivindica la cara menos conocida de éste. “Es muy difícil conciliar, pero la vocación es evidentemente superior. En mi caso, yo vivo por y para mi trabajo. Me apasiona”.“En circunstancias desesperadas siempre hay otras soluciones que no sea hacer daño al prójimo”Guerreros asegura que su mundo es “muy difícil y complejo, pues exige contar con muchos contactos”. Sin embargo, él siempre se ha considerado un “alma libre”, que se ha movido de forma independiente casi para todo. “Cuesta mucho no depender de un marido, de una mujer, de un hijo, de un hermano… Pero tengo la conciencia tan tranquila que lo volvería a repetir, aún con todas las dificultades que se me han puesto en el camino”.Sumergido con gusto en la algarabía que supone llevar varios proyectos a la vez, el actor compagina actualmente la producción de su propio podcast con la puesta en marcha de tres obras de teatro, además del reciente estreno en
Movistar de la serie Por cien millones , una comedia inspirada en un suceso que conmocionó a
España en 1981 cuando el jugador del F. C. Barcelona Enrique de Castro González, Quini, fue secuestrado a manos de tres mecánicos en paro quienes, pese a la gravedad de los hechos, nunca fueron acusados por la víctima.
Nacho Guerreros en 'Por cien millones'
Movistar“Creo que el perdón es bueno. Debe ser muy difícil vivir con rencor”, reflexiona el actor sobre aquel peculiar caso. “Sin embargo, creo que en circunstancias desesperadas siempre hay otras soluciones que no sea hacer daño al prójimo”, apunta.Más allá de su profesión, el intérprete de 55 años siempre ha mostrado una especial sensibilidad hacia los problemas que afectan a la ciudadanía. A muchos de ellos da visibilidad a través de sus redes sociales. Pese a la crudeza del momento actual, el artista se mantiene optimista.“En muchos sentidos estamos atravesando tiempos muy difíciles y sinceramente, creo que estamos demasiado calmados, porque la mayoría de la población no apoya los conflictos. A pesar del ruido que generan las redes sociales —y hay muchísimo—, en el día a día, con amigos, compañeros o incluso desconocidos, la gente evita los conflictos. Y eso me da cierta esperanza”.A su juicio, vivimos un proceso de transformación profunda “a todos los niveles: económico, cultural, social”, en el que resulta imprescindible reforzar la resiliencia. “Llevamos con una crisis desde 2007 de la que aún no hemos salido. En 20 años han sucedido muchas cosas que nos han afectado, sobre todo al bolsillo, pero esto afecta también a otros valores de la sociedad”. Frente a las dificultades, el actor admite, no obstante, que opinar en público se ha vuelto complicado, ya que las reacciones pueden ser inmediatas y, en ocasiones, agresivas, lo que lleva a muchos a optar por el silencio. “Yo puedo quejarme, pero no lo puedo solucionar. Ojalá estuviera en mis manos, pero no lo está”.Andaluza, afincada desde 2017 en Barcelona tras media vida en
Madrid. Licenciada en Periodismo (UCM) con un Máster en Periodismo en Radio y Televisión. Redactora de la sección Gente y Televisión de
La Vanguardia.