Viajar a la Polinesia es sinónimo de lujosos apartamentos turísticos en lagunas tranquilas y poco profundas. Pero no siempre fue así. Los bungalós que inundan los complejos de lujo de Tahití o
Bora Bora son copias modernas de las cabañas tradicionales de los antiguos pescadores de estas islas.Antes de eso, sin embargo, existía un particular tipo de arquitectura hecha de coral. Y la aplicación de una técnica avanzada ha establecido la primera cronología precisa de la construcción de casas de este material en la Polinesia Francesa.Desarrollo arquitectónico desconocidoLos hallazgos de los investigadores de la Universidad de Sídney aplicando la datación uranio-torio (U-Th) revelan patrones hasta ahora desconocidos del desarrollo arquitectónico y la vida cultural en las sociedades del Pacífico, según explican en un artículo publicado en la revista Antiquity.El equipo dirigido por el profesor
James Flexner centró su investigación en
Mangareva (‘Montaña flotante’), la isla principal del archipiélago de las Gambier, en el Pacífico Sur, donde el coral era el material principal para las casas antes de que la madera se volviera dominante en la década de 1870.Rocas expuestas en la playa y corales cercanos a la costa en el islote de
Kouaku, en
Mangareva, donde los trabajadores recolectaron materiales de construcción para la misión católica Antiquity“Los habitantes de
Mangareva aprendieron las técnicas de construcción gracias a las enseñanzas de los misioneros católicos franceses que llegaron a las islas en la década de 1830 e iniciaron un gran programa de desarrollo”, afirma
James Flexner en un comunicado.“Construyeron catedrales, iglesias, escuelas, hornos de pan comunitarios, torres de vigilancia y pequeñas casas con coral de los arrecifes costeros cercanos, así como con corales de roca de playa procedentes de formaciones expuestas en tierra firme”, añade el experto.Lee tambiénLos europeos conservaron registros detallados de sus propias edificaciones, pero casi no escribieron nada sobre las viviendas cotidianas construidas por las familias locales de esta isla rodeada por una barrera de coral de 64 kilómetros de circunferencia y situada a 1.400km al sureste de Tahití.“Mediante el método de datación uranio-torio, podemos datar los materiales de construcción utilizados en los edificios con una precisión notable, lo que nos proporciona más pistas sobre la vida cultural y doméstica en el Pacífico y profundiza nuestra comprensión del legado colonial”, señala.Fachada orientada al norte de una casa en la isla de AkamaruJames Flexner / AntiquityEste nuevo método produce estimaciones de edad precisas sin necesidad de excavaciones extensas, lo que permite a los arqueólogos comprender mejor cómo los colonizadores europeos impactaron las culturas locales en diversos paisajes del mundo. “Escalas de tiempo más cortas pueden marcar una gran diferencia a la hora de interpretar el pasado”, dice.A diferencia de la datación por radiocarbono, que no es fiable para materiales de menos de 400 años, el sistema U-Th ofrece resultados con una precisión de pocos años. “Lo que nos sorprendió fue que varios bloques de coral arrojaron fechas anteriores a las esperadas”, declara el profesor de la Universidad de Sídney.Corales de ramas en una casa histórica en la isla de Akamaru
James Flexner / AntiquityAlgunas construcciones incluso datan de antes de la llegada de los europeos, lo que sugiere que los habitantes de la Polinesia habrían reutilizado coral antiguo extraído de yacimientos cercanos. Ninguno de los ejemplos mostró, sin embargo, diferencias de siglos, lo que contradice las teorías anteriores que sostenían que el coral de estructuras antiguas se reutilizaba ampliamente en edificios del siglo XIX.Algunas evidencias halladas dentro de las casas -como cristalería, ollas y cerámica- indicaban actividades como banquetes, mientras que otras señalaban cambios en los hábitos de la vida doméstica cotidiana, desde cómo una familia prepara y come junta, hasta cómo se mueven las personas por la casa, cómo rezan o cómo duermen.Vista aérea de la isla MangarevaWikipediaEstas cabañas son un “microcosmos de la vida misma” y representan una enorme fuente de información sobre las formas de ser sociales, culturales y cosmológicas de los pueblos del Pacífico. Por eso es importante, dicen los expertos, poder rastrear la evolución de la vida cotidiana tras el contacto con los europeos y para ver cómo en la actualidad sigue estando marcada por las influencias coloniales.El método de datación uranio-torio se usó originalmente en Polinesia para datar formaciones de coral y cuevas prehistóricas, incluyendo el descubrimiento inicial del archipiélago de Tonga, sitios sagrados hawaianos y bloques de coral de los marae, antiguos templos en Mo’orea.Una vista ligeramente alejada de los bloques de coral en la misma casa de la isla Akamaru
James Flexner / Antiquity“Ampliar el método U-Th para datar casas de coral, como hemos hecho en
Mangareva, podría revolucionar el estudio de la arquitectura y las poblaciones no documentadas en otros contextos preeuropeos y coloniales más allá de Oceanía, incluyendo África y el Caribe”, afirmó
James Flexner.La datación precisa de estas construcciones también podría ayudar a los investigadores a comprender las condiciones históricas de los arrecifes. “Hoy en día, la gente piensa en el coral principalmente en el contexto del cambio climático, pero cada bloque de coral utilizado para la construcción de estas casas conserva un registro químico del entorno en el que creció, ofreciendo un archivo histórico de los arrecifes de coral y los cambios ecológicos del pasado”, concluye.Periodista