Raquel D�azMadrid Actualizado Jueves, 26 marzo 2026 - 19:25Hay cient�ficos que hablan del universo como si estuvieran describiendo una ecuaci�n. Jos� Eduardo M�ndez Delgado, en cambio, habla del cielo como quien recuerda un deslumbramiento. Quiz� por eso, y por una gran trayectoria a pesar de sus 31 a�os, ahora que acaba de recibir el
Premio Princesa de Girona Internacional 2026 en la categor�a de Investigaci�n, su figura encaja tan bien en algo m�s que una noticia de ciencia: tambi�n tiene madera de gran personaje. Porque detr�s del astrof�sico mexicano que ha trabajado con algunos de los telescopios y consorcios m�s ambiciosos de su campo hay un hombre que sigue explicando su vocaci�n con la emoci�n intacta.Se form� en la Universidad Nacional Aut�noma de M�xico (UNAM), curs� el m�ster y el doctorado en la
Universidad de La Laguna (Tenerife), y despu�s complet� una etapa posdoctoral en
Heidelberg (
Alemania), adem�s de consolidarse como especialista en nebulosas ionizadas y evoluci�n qu�mica del universo. La escena que mejor lo retrata no sucede en un observatorio ni en una ceremonia. Sucede, en realidad, en su manera de recordar el momento en que comprendi� que ese era su lugar. "Cuando empec� a estudiar a las nebulosas del universo fue un momento s�per decisivo en mi vida", cuenta. Para �l, aquellas nubes de gas no eran solo objetos de estudio: eran, antes que nada, belleza pura. "Son objetos bell�simos", resume el investigador de UNAM. "La nebulosa de Ori�n es como el primer amor: nunca se olvida", a�ade.Porque M�ndez no lleg� a la ciencia �nicamente por la l�gica o por la ambici�n, sino por una mezcla rara y poderosa entre intuici�n, sensibilidad y perseverancia. �l mismo lo explica con una claridad que desarma: "Lo m�s importante en todo esto fue haber encontrado ese camino cient�fico que combinara en lo que creo que soy bueno y lo que realmente me apasiona". Ese recorrido, sin embargo, no fue una l�nea recta ni c�moda.Su historia tambi�n habla de esfuerzo material, de becas decisivas y de una ciencia que muchas veces depende de oportunidades que no siempre llegan a todos por igual. Nacido en
Morelia, M�xico, y formado inicialmente en escuelas p�blicas, su trayectoria estuvo marcada por un salto fundamental: la beca de la Fundaci�n Carolina que le permiti� estudiar Astrof�sica en La Laguna, una puerta decisiva hacia grupos punteros y hacia el
Gran Telescopio Canarias, el mayor telescopio �ptico e infrarrojo del mundo.�l no maquilla esa parte. Recuerda que una de las barreras m�s duras aparece muy pronto, cuando el talento no basta y hacen falta recursos. "Conseguir una beca para poder hacer tus estudios es uno de los pasos m�s importantes", explica. Y a�ade algo que atraviesa muchas carreras cient�ficas, aunque pocas veces se verbalice con tanta honestidad: no todo el mundo puede costearse una dedicaci�n absoluta a la investigaci�n. "Hay que tener dedicaci�n de tiempo completo para una carrera cient�fica", dice. En su caso, ese apoyo no fue un complemento, sino un punto de inflexi�n.Aunque hoy se le reconozca como una de las voces j�venes m�s destacadas de la astrof�sica iberoamericana, en �l pesa mucho la conciencia de lo colectivo. Habla de mentores, de instituciones, de redes, de equipos. Y cuando se le pregunta por la dureza del camino, responde con una frase muy reveladora: "Algunas de estas dificultades me hicieron rodear un poco el camino, pero nunca abandonarlo". Son las palabras de alguien que aprendi� a seguir avanzando incluso cuando la ruta ideal no exist�a.Su ciencia, adem�s, tiene algo profundamente narrativo. Estudia la composici�n qu�mica de nebulosas ionizadas, un terreno que puede sonar lejano, pero que �l convierte en una historia sobre el origen de todo, incluso de nosotros mismos. Lo explica con una imagen que conecta de inmediato con cualquiera: para que exista ox�geno, tuvo que existir antes una estrella que vivi� y muri�. Para que existan los elementos de nuestro cuerpo, hubo antes una larga biograf�a c�smica. En sus palabras, esa vieja intuici�n adquiere densidad real: "Somos polvo de estrellas", cita, tal y como lo hizo Carl Sagan.Esa l�nea de trabajo no es menor. La Fundaci�n Princesa de Girona destaca precisamente que ha contribuido a resolver el hist�rico enigma de la discrepancia de abundancias qu�micas en nebulosas, un problema cl�sico de la astrof�sica cuya revisi�n se plasm� en un trabajo publicado en Nature. Tambi�n figura entre los perfiles j�venes iberoamericanos de mayor impacto en el �mbito cient�fico y participa en proyectos internacionales para mapear con detalle la V�a L�ctea y otras estructuras cercanas.A pesar de haber pasado por centros de primer nivel, su discurso vuelve una y otra vez a Am�rica Latina, a M�xico, a la necesidad de construir ciencia desde dentro, desde su pa�s. En un mundo acad�mico donde el prestigio suele medirse por la distancia recorrida, este joven reivindica tambi�n la idea de regreso como apuesta.Cuando piensa en el futuro, no habla primero de fama ni de una gran teor�a con su nombre. Habla de una regi�n donde la ciencia "se impregne en la sociedad" y donde el pensamiento cr�tico no se quede "restringido a las aulas". Es, en el fondo, una ambici�n mucho mayor que resolver un enigma astron�mico. Tiene que ver con cambiar el clima cultural de una �poca.