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No me llames 'foodie': los secretos de los críticos gastronómicos en la era de Instagram

El artículo explora el mundo de los críticos gastronómicos en la era de Instagram, donde millones de personas comparten contenido culinario. Sin embargo, pocos logran influir significativamente en sus seguidores.

Jacobo BergarecheEl MundoFiled 2026-03-26 · 21:43 GMTLean · Center-RightRead · 7 min
No me llames 'foodie': los secretos de los críticos gastronómicos en la era de Instagram
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El artículo explora el mundo de los críticos gastronómicos en la era de Instagram, donde millones de personas comparten contenido culinario. Sin embargo, pocos logran influir significativamente en sus seguidores. El texto destaca a Takefumi Hamada, un crítico japonés que lidera el ranking de OAD (Opinionated About Dining) y viaja constantemente para descubrir restaurantes. Hamada, quien no tiene hogar ni familia, prioriza la gastronomía y la música. El artículo plantea la pregunta de por qué se puede criticar una película o el fútbol, pero no un restaurante, resaltando la labor de los críticos gastronómicos serios en un panorama saturado de "influencers" de comida. La entrevista con Hamada revela su enfoque riguroso y selectivo hacia la comida.

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Article analysis

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Human Interest
Social Justice
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Hamada belongs to the 30% of orientals who lack the enzyme that metabolizes alcohol.

quoteTakefumi Hamada
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For the foodie, the food is an end in itself, and for the influencer the food is a means of personal promotion.

quoteTakefumi Hamada
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Hamada has traveled to 130 regions.

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Takefumi Hamada is number one in the ranking of reviewers of OAD (Opinionated About Dining).

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The hashtag #foodie appears in more than 250 million posts in the last year.

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GASTROGastroLas redes sociales est�n llenas de aspirantes a ‘influencers’ gastron�micos, pero muy pocos logran de verdad movilizar a sus seguidores por un plato. Nos sentamos a la mesa con algunos de los mejores. "�Por qu� puedes criticar una pel�cula o el f�tbol y no un restaurante?"El japon�s Takefumi Hamada, n�mero uno en el ranking de rese�adores de OAD.Actualizado Jueves, 26 marzo 2026 - 22:43Las redes sociales son cornucopias que rebosan contenidos culinarios. En el �ltimo a�o el hashtag #foodie aparece en m�s de 250 millones de posts. Cientos de miles de personas publican cada d�a una foto de su desayuno, de la �ltima smash burger premiada chorreando queso derretido o de su visita a un restaurante estrellado donde se dejaron la mitad de sus ahorros. Muchas de ellas aspiran a convertirse en influencers gastron�micos, pero son muy pocos los que de verdad consiguen movilizar a una base fiel de seguidores para que se aventuren a recorrer cientos de kil�metros en busca de un plato de lentejas a un pueblo deshabitado de Tierra de Campos o para tomarse una pizza en un barrio marginal. Son los aut�nticos foodies, aunque muchos repudian esa palabra y son capaces de hacer peregrinar a las masas o de hacer la lamprea deseable.Takefumi Hamada (Takarazuka, 1974) no se asusta cuando descubre en la taberna Verdejo qu� son los callos. Es dif�cil sorprender a este japon�s que jam�s come en casa. De hecho, no tiene una: vive en hoteles. No le interesan las cosas materiales, explica, solo la m�sica y la gastronom�a. Tampoco tiene pareja ni hijos: no podr�an soportar su irrenunciable estilo de vida. Pasa tres meses al a�o en Tokio y el resto lo dedica a descubrir o revisitar restaurantes. Ha viajado ya a 130 regiones y puntualiza que en t�rminos gastron�micos no tiene sentido hablar de pa�ses, sino de regiones con cocinas locales, y pone a Espa�a de ejemplo. Hamada lleva siete a�os en el n�mero uno del ranking de rese�adores de OAD (Opinionated About Dining), gu�a que muchos entendidos consideran m�s rigurosa y transparente que la c�lebre lista 50 Best -donde los chefs son juez y parte- o las estrellas Michelin, asignadas por cr�ticos an�nimos en un proceso opaco.A pesar de su afici�n, es delgado y no bebe. "Sencillamente porque pertenezco al 30% de los orientales que carecen de la enzima que metaboliza el alcohol", explica. Tambi�n sabe contenerse. "Solo salgo a comer si algo espec�fico me interesa desde un punto de vista creativo. Si no, ayuno". Para �l la comida es arte y trata de transmitirlo. Parece m�s un monje que un disfrut�n, y es una prueba viviente de que el t�rmino foodie desaf�a cualquier estereotipo. Su entrega religiosa a la gastronom�a le ha generado un trabajo como consultor de hosteler�a, presume de tener la suerte de que le paguen por comer. No se considera un influencer: "La diferencia es que para el foodie, la comida es un fin en s� mismo, y para el influencer la comida es un medio de promoci�n personal".Para saber m�sLuis Moreno Maldonado (Madrid, 1977) tambi�n vive la comida como fin y no como medio, pero al contrario que Hamada, �l transmite pasi�n en cada gesto. Abomina del t�rmino foodie: "A m� jam�s me llames foodie, soy gastr�nomo y me tomo la comida muy en serio". Tan en serio que cuando en el restaurante La Buena Vida le traen unas colmenillas al Pedro Xim�nez, acerca el plato lit�rgicamente a su nariz, retiene el olor con los ojos cerrados y lo posa en la mesa con una emoci�n profunda en su rostro. Despu�s saca un foco LED de su bolsillo y toma varias fotos. A�n habr� que esperar semanas para que esas colmenillas hagan salivar a sus seguidores en Instagram (@lmorenomaldonado). A este gastr�nomo madrile�o se le acumulan grouses, liebres y jereces por rese�ar. Cuando le preguntamos cu�ntos restaurantes visita al a�o asegura que uno al d�a. "Aunque hay d�as que he llegado a hacer cuatro reservas", matiza. "En Par�s recuerdo hacer dos comidas y dos cenas distintas el mismo d�a. Volv�a enfermo de esos viajes". Con cierto aire desali�ado y corpulento a lo Bud Spencer, sabe transferir su contagiosa voracidad a sus rese�as, pero asegura que la edad le ha tranquilizado. Confiesa que su pasi�n lo convierte en un acorde�n humano capaz de engordar 40 kilos al a�o que luego pierde mediante severos ayunos m�s parecidos a huelgas de hambre que a dietas. "No creo que deje nunca de ser as�. Con la madurez, quisiera que la oscilaci�n anual sea de 10 o 15 kilos".Luis Moreno Maldonado.Cuando le preguntan a Luis qui�n le acompa�a en sus bacanales, proclama que en el mundo solo hay una persona capaz de seguirle hasta el �ltimo bocado: Borja Beneyto (Madrid, 1977), su compa�ero de pupitre, m�s conocido en redes como Matoses. A �l no le parece mal el t�rmino foodie. "Es una palabra que surge con la democratizaci�n de la gastronom�a, ya no es una cosa exclusiva ni elitista". Est� claro que la sofisticaci�n de la gula ha perdido el acento franc�s que le dieron hace dos siglos Brillat-Savarin y Grimod de la Reyni�re, quienes fundaron esta religi�n hedonista que confer�a a sus fieles el t�tulo de gourmand. Hoy, el conocimiento gastron�mico se adquiere por v�deos y fotos en redes sociales, un espacio dominado por el ingl�s, donde foodie ha reemplazado -e incluso vuelto pretencioso- el t�rmino gourmand.Matoses fotograf�a todo lo que come con un foco LED m�s voluminoso que el de Luis. Necesita mochila para transportarlo. Nos cita en la azotea del Four Seasons de Madrid, en la Dani Brasserie, para probar la que asegura es una de las mejores hamburguesas de la capital. Matoses solo muestra en sus redes lo que de verdad le emociona. Cada post mezcla celebraci�n con an�lisis, y dedica tiempo a describir elaboraciones y t�cnicas, contar la historia de los sitios que visita y el origen de los productos con erudici�n. Lo que empez� como notas sueltas y privadas ha acabado en una rigurosa labor divulgadora que se ha plasmado en un libro coescrito con el tambi�n gastr�nomo Carlos Mateos (@misterespeto), titulado Templos del producto (Planeta Gastro, 2018)."�Por qu� puedes criticar una pel�cula o el f�tbol y no un restaurante? Porque hay familias detr�s, dicen. �Y en una pel�cula, no?"Alberto de LunaEn esto se diferencia de Alberto de Luna (Xinzo de Limia, 1982), que ni evita las malas cr�ticas ni se prodiga escribiendo. Luna tiene un estilo directo, con jerga propia: "Si un plato es bueno es Dios; si es muy bueno, m�ximo Dios y si es sorprendente, le digo chip�, que lo saqu� de La Hora Chanante. No le meto m�s rollo porque la gente no conecta si haces eso". Luna ha creado su propio ranking de restaurantes, las lunas (de cero a 10), y da pegatinas que algunos locales colocan junto a las estrellas Michelin o los soles de Repsol. Lleva un par de meses sin hacer una mala cr�tica, dice, y sus seguidores a veces se lo piden por privado. "El pueblo pide sangre. Si ves el alcance de una cr�tica negativa alucinas. En cuanto la posteo la gente pide palomitas, espera que se meta a comentar el chef y se l�e... �Por qu� puedes criticar una pel�cula o el f�tbol y no un restaurante? Porque hay familias detr�s, dicen. �Y en una pel�cula, no?". Luna se sienta a la mesa con una lata de caviar y un borgo�a, en Bakko, un restaurante japon�s informal -"no como esos que parece que est�s en misa"- que acaba de abrir junto a sus socios. Como tantos otros foodies cuya afici�n a rese�ar les ha procurado una base de seguidores, �l ha terminado encontrando oportunidades de negocio en el mundo de la gastronom�a.Mar�a Paula Rodr�guez.Lo de Mar�a Paula Rodr�guez (Yopal, Colombia, 1996) con las rese�as no empez� como afici�n, sino como trastorno. Esta joven colombiana padec�a bulimia. "No pod�a dormir pensando en lo que iba a desayunar al d�a siguiente, y si no consegu�a comer tal cosa me echaba a llorar, y cuando lo com�a luego vomitaba para no engordar", cuenta mientras toma un c�ctel en Oda, un interesant�simo restaurante de Bogot� que se nutre de huertas urbanas. Mar�a Paula cuenta sus inicios sin autocompasi�n. "Lo que quer�a cuando empec� en esto era saciar mi adicci�n de manera gratuita", dice entre risas. Cuando lleg� a 5.000 usuarios perdi� completamente el control: hac�a hasta seis pedidos de comida al d�a y lo vomitaba todo para no engordar. Tuvo que decidir entre cerrar su perfil o seguir rese�ando platos sin vomitarlos despu�s. Eligi� lo segundo. "Parte de mi proceso fue entender que me van a llegar comentarios dici�ndome que hab�a engordado. Me paraba todos los d�as frente al espejo, para verme engordando y decir: no pasa nada. Esa fue mi terapia". Como tem�a, pronto empezaron a llegar comentarios sobre su f�sico -algo que a los hombres no les pasa- pero esa exposici�n tambi�n le dio confianza y le sirvi� para desarrollar un estilo desacomplejado que cautiva. Hoy @foodinbogota tiene medio mill�n de seguidores y se centra en establecimientos de la capital colombiana.Otro foodie con foco exclusivo en su ciudad es Lisandro Schamberger (Olavarr�a, Argentina, 1997). Llamarlo foodie puede que sea inexacto, pero precisamente por estar en el l�mite de la definici�n, es quien termin� de dar la amplitud del t�rmino. Al contrario que los dem�s entrevistados, Schamberger no muestra conductas exc�ntricas, es poco dado a excesos y no tiene pretensiones de sofisticaci�n culinaria. Nos cita en la pizzer�a El Cuartito de Buenos Aires, "la favorita de Maradona", un lugar cuyas paredes est�n cubiertas de fotos de futbolistas y cantantes de tango. Este joven banquero que en su d�a a d�a se dedica a combatir el lavado de dinero, solo aspira a retratar rincones idiosincr�ticos de la ciudad. Su cuenta, @Comentino, despeg� definitivamente cuando se propuso recorrer los 48 barrios de Buenos Aires para mostrar la identidad de cada uno a trav�s de un restaurante representativo. No busca grandes platos, ni novedades, solo aquello que le parece aut�ntico, que es quiz�s lo m�s dif�cil de definir y retratar, pero atrapar eso en la era digital acaso sea nuestro mayor anhelo.
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