26/03/2026 19:55 Actualizado a 26/03/2026 21:35 Cuando
Pedro Sánchez llegó a la Moncloa a raíz de la moción de censura de 2018 designó a
Carmen Calvo vicepresidenta del Gobierno con un poder muy amplio. Abarcaba el ministerio de la Presidencia y las Relaciones con las Cortes, es decir, las negociaciones con el resto de los grupos parlamentarios, además de las políticas de Igualdad. Un esquema clásico en el que el entonces joven presidente depositaba su confianza en una dirigente con experiencia y bagaje. Pero ya en 2020 Sánchez cambió de esquema y optó por un segundo escalón muy coral debido a la entrada de
Unidas Podemos en el Ejecutivo, pero no solo por eso. Así, Calvo siguió como vicepresidenta primera, le seguía
Pablo Iglesias como vicepresidente tercero, con el mismo cargo pero en tercera posición
Nadia Calviño y la vicepresidencia cuarta fue para
Teresa Ribera.De esta forma, incorporó perfiles con solvencia contrastada en Europa, el de Calviño en materia económica, y el de Ribera en cuestiones energéticas. Sánchez quiso ganar así influencia en Bruselas en esos dos ámbitos, que intuyó que serían cruciales, como así sería más tarde. Cuando llegó la pandemia, España empujó para lograr los fondos Next Generation. Y con la guerra de Ucrania, fue determinante el papel de Ribera para que la UE aceptara la llamada “excepción ibérica”, que ahorró subidas de la electricidad considerables. Hay que recordar que tanto Calviño como Ribera no tenían peso orgánico en el
PSOE. Sánchez tampoco descuidó con ese plantel de números dos el mensaje feminista, al elegir a tres mujeres, al margen de Iglesias.Montero no quería regresar a Andalucía, pero su afinidad con Sánchez es totalEn 2021, cuando el presidente ya llevaba tres años en la Moncloa, prescindió de Calvo, la vicepresidenta socialista con el perfil más político del gabinete. Sánchez ya no necesitaba a ningún número dos para lanzar mensajes netamente políticos. Se bastaba él solo. Mantuvo a Calviño y Ribera, a las que se sumó
Yolanda Díaz en sustitución de
Pablo Iglesias. Desde el 2023 se viene produciendo un relevo del núcleo duro del presidente. No solo en su equipo más estrecho de colaboradores de la Moncloa, sino también en el Consejo de Ministros. Calviño se fue al
Banco Europeo de Inversiones y Ribera es la número dos de
Ursula von der Leyen en la
Comisión Europea. Ambas prosiguen carreras de prestigio. Varios ministros de la confianza de Sánchez han sido o serán candidatos a gobiernos autonómicos. El líder del
PSOE controlará así esos territorios, incluso aunque esos enviados no ganen de momento en sus respectivos territorios. Es el caso de María Jesús Montero, probablemente la persona de la que más le ha costado prescindir. Montero no quería regresar a Andalucía, pero su afinidad con Sánchez es total. Seguirá como su mano derecha en el
PSOE y con la misión de recuperar terreno en la comunidad más importante para que el partido recupere fuelle electoral en algún momento.
Pedro Sánchez en la tribuna del Congreso de los Diputados Dani Duch / PropiasCarlos Cuerpo, una persona señalada como sucesor por Calviño, será el vicepresidente primero. Es un perfil de alta cualificación técnica más que un político. Lo cierto es que mantiene el esquema Calviño (Economía)-Díaz (Sumar)-Ribera (Energía). Ahora serán Cuerpo (Economía)-Díaz (Sumar)-Sara Aagesen (Energía, colaboradora directa de Ribera). El objetivo sigue siendo también el mismo: moverse con solvencia en Bruselas en el ámbito económico y energético, que siguen siendo esenciales en un nuevo momento de crisis, ahora a raíz de la guerra de Irán.Los ministros Félix Bolaños y Óscar López siguen siendo puntales de Sánchez. El segundo tiene por delante la difícil tarea de medirse con Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid. Y Bolaños sigue siendo el principal colaborador de Sánchez para todos los líos domésticos. Como ministro de la Presidencia le toca coordinar al Gobierno. El presidente le entregó la cartera de Justicia para lidiar con uno de los frentes más hostiles al Gobierno, el de la judicatura. Y en los últimos tiempos ha visto reforzada su labor de relación con los grupos parlamentarios, desde Podemos a Junts, con la misión casi imposible de reforzar el que es el flanco más débil del Ejecutivo, su mayoría parlamentaria.A estas alturas, Sánchez deja claro que considera que su mejor vicepresidente político es él mismo.Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter 'Política', que se publica cada jueves, y de los libros 'El naufragio' y 'El muro', sobre el conflicto catalán